La formación irlandesa Gilla Band regresa a escena con un disco como Pugnello (Rough Trade, 26), de nuevo receptor final de toda la mala baba del combo, así como resultado de aquella experimentación ruidosa que continúa guiando su carrera.
Hace unos años que el grupo irlandés decidió cambiar su nombre de Girl Band al definitivo Gilla Band, justo antes de publicar Most Normal (Rough Trade, 22). La banda regresa ahora con Pugnello (Rough Trade, 26), un álbum que se grabó nada menos que entre 2022 y 2026 en tres estudios diferentes, alargando de este modo su propia gestación en el tiempo.
El batería Adam Faulkner, encargado de contestar a nuestras preguntas, aclara los motivos. «Somos bastante lentos a la hora de componer música nueva y, además, descartamos muchas de las ideas iniciales. También puede resultar difícil coincidir, ya que cada uno de nosotros tiene otros trabajos».
Preguntado acerca de la principal novedad de esta nueva entrega con respecto a la obra previa de Gilla Band, el percusionista tiene clara su respuesta. «En este álbum hemos incluido cajas de ritmos». El resultado es un disco como Pugnello, una especie de exorcismo o un lugar en donde colocar demonios internos y rabia; puede que quizá incluso funcione como algún tipo de terapia.
«Definitivamente no es un exorcismo. Quizás sí una terapia. No somos personas agresivas ni que se enfaden fácilmente; simplemente este tipo de música nos sale de forma natural. Cuando se formó la banda cada uno de nosotros venía de influencias musicales distintas —y algunas de esas bandas eran más cañeras que otras—, pero todas ellas tenían esa querencia por el ruido y contaban con vocalistas que no temían pegar gritos».
Precede investigar, entonces, de dónde ha venido la inspiración para componer este nuevo conjunto de canciones. «La inspiración surge de todo: nuevos descubrimientos musicales, nuevas experiencias, nuevos instrumentos, cosas que suceden en la vida. Hay mucho en de lírica que no sabría explicar, pero en esta obra el duelo ha sido un tema importante para el vocalista Dara Kiely». Quizá sea más fácil hacer canciones tan enrabietadas como las que practican los dublineses siendo que, en la actualidad, vivimos en entorno socio-político-económico altamente caótico y complejo.
«Creo que hoy en día hay una mayor aceptación de música con esos sonidos «pesados» o más agresivos. El hip hop y gran parte del nuevo pop están creando muchos sonidos que se considerarían «agresivos» si la parte vocal no fuera tan pegadiza. No sabría decir si esto está relacionado con el entorno sociopolítico y económico o si se trata, simplemente, de una evolución musical. Sea como sea, está dando lugar a mucha buena música». Un ejemplo sería “The Angelus”, la arrasadora canción que abre el disco y podría considerarse casi una especie de manifiesto acerca del propio LP.
«Fue la última canción que compusimos. Surgió muy rápido y tuvo un impacto inmediato. Siempre nos tomamos muy en serio la elección del tema de apertura de un álbum y también la del primer sencillo, ya que marca el tono o la atmósfera de lo que está por venir. «The Angelus» hace referencia a una campana que suena en toda Irlanda a través de la radio y la televisión nacionales dos veces al día —a las 12:00 del mediodía y a las 6:00 p. m.—, marcando un minuto de reflexión. Elegimos este título porque una parte de la canción evocaba esa sensación, aunque no incluía campanas».
Pugnello también incluye favoritas del tipo de “Giraffe”, curiosamente en el extremo opuesto en cuanto a gestación. «Esta es la canción más antigua en cuanto a su concepción. Surgió al experimentar con dos cajas de ritmos diferentes y procesar los bucles grabados hasta obtener el sonido que escuchas. Fue muy divertido». Suele ser recurrente que a Gilla Band se la catalogue en los medios como una banda ampliamente vanguardista, algo con lo que el entrevistado no parece del todo convenido… ni tampoco disgustado.
«No es un término que se nos hubiera ocurrido. Siempre resulta muy halagador cuando nos hacen esos cumplidos. Nosotros simplemente seguimos a lo nuestro, haciendo las cosas tal y como nos salen y de forma natural. Yo diría que, en nuestras canciones, el ritmo es innegociable. El arte puede ser muchas cosas. Personalmente, creo que debe provocarte algo. Puede ser simplemente una sonrisa». El cuarteto se mueve entre post-punk y noise rock, pero quizá la más obsesiva búsqueda de la experimentación es el auténtico género que se practica en el seno de Gilla Band, siendo la búsqueda de nuevas formas sonoras el principal argumento del combo.
«Buscar nuevas formas sonoras es una excelente manera de abordar el asunto. El sentido del ritmo o el groove siempre son importantes. Se trata de usar esas herramientas para hacer algo que se perciba como nuevo”. Unas peculiaridades, en cualquier caso, que invitan a presuponer que los protagonistas, al contacto con el escenario, presumirán de un ardoroso directo. “Por lo general hay mucho ruido y a mucha gente le gusta hacer pogos, pero el ambiente siempre ha sido bueno. Nadie intenta dañar a los demás ¡Ojalá nos veamos por allí!», concluye.

















