En una reciente entrevista para este mismo medio hecha por Raul Julián, el batería de Gilla Band, Adam Faulkner, contestaba sobre la continua búsqueda de una evolución en el sonido de la banda lo siguiente: “Buscar nuevas formas sonoras es una excelente manera de abordar el asunto. El sentido del ritmo o el groove siempre son importantes. Se trata de usar esas herramientas para hacer algo que se perciba como nuevo […] Por lo general hay mucho ruido [en sus conciertos] y a mucha gente le gusta hacer pogos, pero el ambiente siempre ha sido bueno. Nadie intenta dañar a los demás ¡Ojalá nos veamos por allí!”.
La cultura de club o la rave es algo que me ha asaltado a la mente cuando lo leía, porque Pugnello (Rough Trade, 2026) tiene algo (o mucho) de espíritu ritualístico, de compartir las resonancias que produce el ruido una vez que se mete en nuestro cuerpo y lo hace desdoblarse. Ese zumbido protoindustrial viene marcado por el trabajo excelente de la batería, de la caja de ritmos P?RKONS HD-01, y de la voz casi en trance de Dara Kiely.
Si el anterior disco Most Normal ya sometía al oyente a una buena trepanación sonora, en este dan un paso más allá, y abordan el ruido desde una perspectiva más ¿arty?, pero no olvidando la fisicidad exploratoria de unos calambres electrónicos que espolean a unas canciones rabiosas y de alto voltaje emocional.
La forma de declamar de Kiely tiene en Mark E. Smith un referente de confianza, y el maremoto ravero en la inicial “The Angelus” es aplastante. Las texturas de “Placeholder” se deslizan hacia un funk maquinal, o imaginen a unos My Bloody Valentine poseídos por James Chance.
El halo industrial y de contornos oscuros se derrama por todo el disco esculpiendo espacios sonoros que en ningún momento suenan a impostura de hype. “Alogia” arranca como si fuera una canción de Regis, para luego virar hacia los Talking Heads; “Jocobsons” es un beat repetitivo que acompaña la performance de Kiely, y el recuerdo a Chris & Cosey se repliega en todo su esplendor; la potente proyección techno de “Computer Sadness” se acopla a los acordes atonales de guitarra en unas espirales incandescentes, y “Crisp Pop” juegan con las percusiones, las texturas mugrientas y el sampler. Un sonido muy poderoso para uno de los discos clave de este año.


















