Si hay algo que hace especial a la música de Javiera Mena es la dualidad con la que la chilena se abre al mundo tanto a nivel musical como lírico. Alternando el pop electrónico más sinuoso e intimista con la música dance más bailable y expansiva, la temática de sus letras oscila entre los sentimientos más sutiles y declamaciones con una carga sensual y sexual que de manera explícita hablan sobre el deseo femenino desde un punto de vista pocas veces visto en la escena latina independiente.
Por eso había mucha curiosidad por ver cómo afrontaba la anunciada recuperación de Esquemas juveniles, su álbum de debut, con motivo de la celebración de su 20º aniversario. Aquella obra iniciática era el manifiesto sentimental de una joven idealista e inocente que todavía no había logrado proyectar una verdadera personalidad que no tardaría en salir a la luz. Podríamos decir que ese álbum, siendo importantísimo en su carrera y en la educación sentimental de quienes lo descubrimos en su momento, quedó rápidamente superado por sus siguientes referencias, donde ya se muestra esa Javiera empoderada que todos conocemos a día de hoy.
Aun incluyendo algunas de sus canciones más populares, es un disco que no suele tener mucha representación en sus conciertos porque no termina de mezclar con su repertorio posterior. Por eso había tantas ganas de escuchar en directo estas canciones que tan importantes han sido en la vida de algunos, algunas de las cuales llevaban sin ser interpretadas casi dos décadas, y más aún en una sala de tamaño medio, alejada del formato festival que suele acoger sus visitas a España. Una pena que el formato elegido fuera el de la cantante actuando en solitario sobre las tablas, sin más ayudas que sus sintetizadores y alguna colaboración puntual. Si bien es cierto que la energía de Javiera basta para llenar un escenario y salir victoriosa, el hecho de tener prácticamente todo pregrabado restaba un poco de pegada escénica al espectáculo.
Respecto al repertorio, habría tenido sentido que, como suele ser habitual en este tipo de recuperaciones puntuales, hubiera un primer set con el grueso del disco dando paso a una selección de hits, pero no fue el caso, diseminando los numerosos temas elegidos de “Esquemas juveniles” -sonó algo más de medio disco- entre el resto de su repertorio habitual, encajando sus piezas más antiguas con nuevos arreglos y estructurando el concierto en tres bloques bien diferenciados. La velada empezó con un pequeño retraso e incluso una salida nula por problemas técnicos. En este lapso, el público se arrancó de manera espontánea a corear y jalear a la artista, poniendo sobre la mesa las ganas de fiesta que había y confirmando la nutrida presencia de público del cono sur, siempre dispuesto a ejercer de barras bravas en cuanto hay la más mínima ocasión -y qué gusto que así sea-.
Una vez solventado el problema, Javiera saltó a las tablas con atuendo y movimientos de boxeadora, jaleando a los presentes entre carreras y puños al aire antes de atacar “Al siguiente nivel”, apertura de “Esquemas juveniles”, que sonó rotunda y puso las cartas sobre la mesa: el intimismo del primer álbum saldría a cuentagotas siendo el electro-pop el eje principal del concierto. En este primer tramo destacaron “La joya”, “La carretera” y especialmente “Mar de coral”, donde la leyenda local Christina Rosenvinge se unió a la chilena sobre el escenario ante el delirio general. Tras una melancólica e intimista “Sol de invierno” con la chilena al piano, la pegadiza “Sincronía Pegaso” hizo de transición hacia un segundo tramo en el que convirtió la sala Changó en una pequeña rave.
Con cambio de vestuario incluido -vestida de fiesta se baila mejor-, este segundo segmento más dance, más techno, más radical, se sirvió de unos juegos de láser y luces más inmersivos que los audiovisuales que acompañaban desde el fondo del escenario para ponernos a botar con “Sombra”, “Corazón astral”, el hitazo que es “Espejo” o esa “Diva” que interpretó junto a su cómplice habitual la Prohibida. Mención especial para uno de esos momentos comunales que justifican el pago de la entrada de un concierto, con una “Luz de piedra de luna” que sigue brillando como su mejor composición de siempre.
Tras una primera despedida, volvió pronto a escena acompaña de tres “coristas juveniles” junto a quienes acometió el tramo más introspectivo del show. “Esquemas juveniles” fue una fantasía en este formato, seguida de la también emocionante “Cámara lenta” y “Un audífono tú, un audífono yo” que cerró el concierto en clave new wave antes del bis. Para la recta final dos temas fuera de carta que se celebraron por todo lo alto. Tanto “Otra era” como “Yo no te pido la luna” nos dejaron con una sonrisa en la boca y las endorfinas por todo lo alto tras una hora y media que, aunque pudo ser más redonda en algunos sentidos, se sintió como un día para el recuerdo entre los fans de largo recorrido de la polifacética artista chilena.
Foto Javiera Mena: Edu Cornejo.



















