María José Llergo continúa en El Juego con su viaje de marcado por la ambición artística de explorar territorios alejados de los márgenes de lo que podría haber declarado en aquel ya lejano Sanación (Sony Music, 2020) y que fue abandonando en ULTRABELLEZA (Sony Music, 2023).
Si en su debut todavía era plausible un punto vinculado a la tradición, en este nuevo álbum culminan varias de las líneas de búsqueda que la artista había venido insinuando últimamente con un trabajo que reafirma una apuesta estética concreta y en la que percibimos algo más de seguridad en su creencia musical.
Vertebrando esa situación está presente el remanente electrónico, pero, sobre todo, la integración de géneros y sonoridades latinoamericanas, apuestas a boleros, cumbias y bachatas que se integran desde lo contemporáneo para contribuir tanto a esas dinámicas de la música urbana como a certificar un conocimiento cultural musical que le sirve para su propósito. Por eso, este trabajo no se presenta como ruptura con su identidad, sino más bien todo lo contrario: la ampliación de lenguajes parece perfilar, todavía más, la Llergo que Llergo quiere ser.
Se atisba presente esa conexión en la interpretación vocal y en lo emocional de algunos cortes. La figura de su abuelo, recurrente en su imaginario personal y creativo, brilla como símbolo de memoria y legado. Incluso aspectos recurrentes, como una producción elaborada o una sensación de exceso ornamental, parecen responder a una actuación consciente.
El Juego transita entre la exploración sin olvidar el pasado para posicionarse en un campo intermedio y, precisamente por ser un trabajo de una hipotética transición hacia esa culminación, la asociación plena al estilo de sus inicios y la inmersión total en la innovación no pueden certificarse como absolutos.





















