Atípico concierto el de Orchestral Manoeuvres In The Dark (OMD) en Noches del Botánico, que tuvo que terminar antes de lo previsto por indisposición de un Andy McCluskey quien venía arrastrando tres días de molestias en su voz. Aún así la hora escasa y las catorce canciones que sonaron, sirvieron para reivindicar -una vez más y las que hagan falta- la vigencia de un catálogo que se niega a quedarse anclado en el pasado.
Los pioneros del synth-pop han tenido varias vidas, siendo la de su resurrección con el regreso de Paul Humphreys a principios de siglo, la que les ha traído a nuestros días dejando ya no solo memorables giras, sino la publicación de cuatro discos donde han brillado por encima de lo esperado. Como me contaba Andy en una entrevista en su última visita: «La única presión en estos días proviene de nosotros mismos. La nueva música debe ser lo suficientemente buena, ¡o nadie la escuchará!» y así es. Buena muestra de ello tuvimos desde el inicio del concierto con esa «Isotype» tankraftweriana con la que abrían The Punishment of Luxury (2017), y poco después en la ya clásica «History of Modern (Part I)» incluida en su regreso de 2010. Dos piezas que encajaron con total naturalidad en su catálogo clásico y que demuestran su vigencia.

Pero si hablamos de clásicos, todo son loas hacia canciones como esa «Messages» en la que tendieron el puente entre la vanguardia electrónica de finales de los setenta y la sofisticación pop que la banda perfeccionaría después; del tecnopop de «Tesla Girls» a la evocadora belleza de «(Forever) Live and Die» con Humphreys a la voz, sin olvidar «If You Leave», ese himno escrito para el film Pretty In Pink de John Hughes, que selló para siempre el matrimonio entre el synth-pop británico y el imaginario adolescente americano.
El momento mágico llegó con «Souvenir»; ese sintetizador ascendente y la voz etérea de Paul Humphreys convirtieron el recinto complutense en una cápsula del tiempo, recordando por qué esta pieza sigue considerada una de las cumbres absolutas del synth-pop británico. Todo parecía ir como la seda, pero fue poco antes de «Joan of Arc (Maid of Orleans)» -que sonó majestuosa- cuando McCluskey empezó a toser, intercalando canciones con largos tragos de agua y spray para la garganta. El interludio instrumental de «The rock drill» que dio paso a «Veruschka» dio cierto respiro antes de que «Talking Loud and Clear» pusiera al cantante contra las cuerdas en una continua gesticulación de dolor.

«Es la segunda vez que me pasa esto en 48 años», se disculpaba anunciando que acortarían el set y pidiendo a su compañero que pusiera la voz a una «Secret» que sonó distinta, pero igualmente brillante. La traca final con «Electricity» y «Enola Gay» recuperó la épica pese al desgaste evidente. El público respondió ya no solo con comprensión y cariño, sino dejándose la garganta para llevar las canciones donde merecían. McCluskey se despedía entre lágrimas abrazado por su compañero y arropado por sus fieles Martin Cooper y Stuart Kershaw, dejándonos sin algunas gemas que sonaron la noche anterior en València como «Dreaming», «Locomotion» o «So In Love». Fue un gesto de humanidad y honestidad que rara vez podemos ver sobre el escenario que nos dejó un concierto más corto de lo debido, pero que nos supo a mucho.
Abrieron Rinôçérôse, con esa personal fusión entre guitarras poderosas, líneas de bajo dub y esos ritmos deudores del house francés. Los de Montpellier quisieron reivindicar su french touch y su presente con gran presencia de su reciente Psychôanalysis (2024). Jean-Philippe Freu yPatou Carrié, estuvieron acompañados por tres músicos de apoyo y la voz de Jessie Chaton en piezas como «Addiction». El Botánico se transformó en una pista de baile con hits como esa «La Guitaristic House Organisation», que nos recordó la capacidad del combo para fundir con maestría lo electrónico con lo analógico.
Fotos OMD: Fer González (Noches del Botánico)





















