A veces procrastinar tiene sus cosas. Por ejemplo, haber leído la crónica del concierto del día siguiente con carácter previo a hacer la tuya del evento que tuvo lugar un día antes en tu ciudad. Leyendo las crónicas -entre ellas, la de Muzikalia– del desafortunado concierto de OMD en Las Noches del Botánico de Madrid, en la cual el pobre Andy Cluskey, bajista y vocalista principal de la banda, tuvo que abandonar el escenario tras una severa crisis de afonía, uno se da cuenta de cuánto pueden cambiar las cosas de un día para otro. Y es que en València, dentro del certamen FAR 2026, las cosas fueron totalmente diferentes. Les cuento.
Si se trata de recuperar el sonido de los ochenta, València siempre ha sido una plaza fuerte. Qué digo plaza fuerte, la puta Meca. Ya saben, la ruta y todo eso ha generado un arraigo de ese sonido que ya podría decirse que forma parte de la cultura de la “terreta”, como se la conoce aquí. Y OMD son una de las bandas que sonó con fuerza en las discotecas y garitos tanto de la capital como de toda la contornada. Pero no nos equivoquemos: aunque podríamos considerarles un grupo de singles nostálgicos (a ver quien tiene un recopilatorio tan inmenso como aquél The Best Of OMD de 1988), ni son únicamente los sencillos lo interesante en ellos, ni son pura nostalgia. Todo lo contrario, es una banda plenamente vigente y digna de escarbar bien hondo en su obra.

Así las cosas, entenderán que la actuación en este certámen llamado FAR, localizado en la Marina de Valencia, que ya se está consolidando como una de las apuestas fuertes de ocio en la misma durante el mes de julio, tenía trazas de acontecimiento para muchos. Por eso se concentraban allí el pasado viernes la nada despreciable cifra de 2.500 almas, teniendo en cuenta tanto el calor SOFOCANTE que hacía ese día, como las limitaciones acústicas que el muy Excmo. Ayuntamiento de la ciudad está imponiendo a los eventos musicales al aire libre.
Esto último, además, en este caso, agravado por el hecho de que estas limitaciones se están imponiendo a los espectáculos musicales (dígase conciertos) y no a los locales de ocio (dígase garitos reguetoneros) que hay, por ejemplo, en la Marina. De este modo, si uno se sitúa más o menos alejado de lo que es la más inmediata proximidad al escenario, corre el riesgo de escuchar lo que están tocando mezclado con algo de perreo. Y despidámonos, claro, de cualquier manifestación musical sutil de las que requieren silencio y atención, claro.
Pero aún así, la entrada era considerable y la expectación máxima en una velada que se abría con la no menos legendaria banda francesa Rinôçérôse. Los de Montpellier son los encargados de abrir para el dúo de Liverpool en esta gira de grandes éxitos y eso, más que ejercer de teloneros, puede perfectamente considerarse como un estupendo doble cartel. Así lo demostraron: la banda capitaneada por el guitarrista Jean-Philippe Freu y la bajista Patrice «Patou» Carrié hizo lo que mejor sabe hacer, montar una buena fiesta a base de temazos que fusionan el hard y el glam setentero con el disco y el house. Un cóctel para el que contaron con la presencia del vocalista Jessie Chaton (de la banda Fancy), el cual intervino en hits tan efervescentes como “Bitch” o “Addiction”, manteniendo al público sin parar de bailar, pese al riesgo de lipotimia que imponía el calor.
Rinôçérôse aguantaron hasta que las últimas luces de la tarde se apagaron y la noche dio paso a la preparación del escenario para Orchestral Manoeuvres In The Dark, una de las bandas totémicas en aquello del Synth Pop que, como adelantamos al principio, han llegado en plena forma a nuestros días con discos tan buenos como Bauhaus Staircase (2023) o el estupendo directo Atmospherics & Greatest Hits (Live at The Royal Albert Hall, 2022).

Menos atmosféricos y más greatest hits, de acuerdo con lo anunciado, Andy Cluskey, Paul Humpreys y sus compañeros de armas Marin Cooper y Stuart Kershaw, salieron a por todas y vestidos con sobria elegancia en una noche valenciana que no era la más propicia para llevar camisa de manga larga. Pronto descubrirían, sobre todo Cluskey -el que más se movía-, que la humedad de esta tierra no es moco de pavo. Es más que posible que la tremenda sudada que dejó en un baño al vocalista y el tener que forzar una voz que al parecer ya llevaba cascada de antes algo más de la cuenta fueran en parte causantes de que al día siguiente en Madrid tuviera que abandonar consternado el escenario al no poder cantar.
Pero así son las cosas. Hay días y días, por más profesional que uno sea. Y nadie le puede culpar. En el caso de Valencia, las cosas fueron muy distintas a como se desarrollaron en Madrid: la banda salió -y se mantuvo durante todo el espectáculo- absolutamente pletórica. Defienden, al fin y al cabo, uno de los repertorios de pop más infalibles que se pueden tener. De este modo, al comienzo algo sintético de “Isotype” le siguió una ristra absolutamente incontestable de hits.

A ver quién supera una secuencia como la que forman “Messages”, “Tesla girls” o “Forever live and die”. A ver quién se resiste al ataque blitzkrieg de maravillas como “If you leave”, “Souvenir” o esa dupla magistral sobre Juana de Arco que forman “Joan of Arc” y “Maid of Orleans”. Y aunque aprovecharon para dar aire a algún tema más reciente, como “Veruschka”, aquí habíamos venido a lo que habíamos venido, de modo que no hubo tregua: “Talking loud and clear”, “So in love”, “Locomotion”, “Sailing of the of the seven seas” o, por supuesto, “Enola Gay”.
Con su mayor hit alcanzaron pico de un setlist que, como el resto de hits escogidos, mostró a una banda perfectamente cohesionada, entusiasta y de una profesionalidad a prueba de calor sofocante que no paró ni un segundo de proporcionar un espectáculo tan musical como visual (con bonitas, en su mayoría, proyecciones tras ellos) que dejó un gran sabor de boca al respetable. Sobre todo, cuando tras una pequeña “pausa de hidratación”, salieron y remataron la faena con “Secrets”, “Pandora’s box” o su primer single, un “Electricity” que haciendo honor a su nombre dejó totalmente electrocutado al personal y cinceló definitivamente su repaso a un legado tan imperecedero como vigente, que es una pena que no pudiera mostrarse igual de pletórico ante la audiencia de la capital.

Son gajes del oficio, pero eso no les quita ni un ápice de grandeza a una banda que se lo merece todo. Absolutamente todo.
Fotos OMD: Susana Godoy



















