Ya desde el título, el tercer disco de Olivia Rodrigo nos resume sus intenciones. Si SOUR (2021) documentaba el despecho adolescente y GUTS (2023) lo tamizaba con su energía punk noventera, You Seem Pretty Sad for a Girl So in Love propone algo diferente, mostrarnos la crónica de una relación contada desde dentro. No para hablarnos sobre la ruptura, sino sobre la imposibilidad de separar el amor de esa sospecha de llevar ya escrita su fecha de caducidad.
You Seem Pretty Sad for a Girl So in Love desplaza el centro de gravedad del pop-punk de sus dos álbumes anteriores hacia una paleta de new wave y post-punk ochentero, con guitarras cristalinas, bajos contundentes y sintetizadores. Se cita la obvia influencia de The Cure desde la cita textual a «Just Like Heaven» en «Drop Dead» hasta canciones como la propia «The Cure» o esa deudura «Maggots for Brains», que nos recuerdan a la banda británica. Una banda presente en la figura del propio Robert Smith como voz invitada en «What’s Wrong With Me», cuya sombra se acaba proyectando sobre esa nueva generación de oyentes que difícilmente se hubieran acercado a la música del autor de Disintegration (1989).
Pero como digo, aquí venimos a hablar de amor desde la visión de una chavala de 23 años, que desarrolla todo en dos partes diferenciadas: Girl So In Love y You Seem Pretty Sad, que documentan el ascenso hacia el enamoramiento y su posterior derrumbe.
Lo vemos desde la antes mencionada «Drop Dead», que abre como un luminoso estallido de euforia para establecer el punto más alto de una caída que vendrá más adelante. El disco continúa avanzando en esa ingenua felicidad («Stupid song», «Honeybee»…) hasta que algo parece torcerse en «Less», balada de piano desnudo que abandona toda metáfora para hablar del fin. A través del post-punk bailable de «Expectations» se busca esa autosuperación que uno se repite tras una ruptura y así hasta llegar al cierre, «Cigarette Smoke», que representa ese agotamiento sin posible solución.
Olivia Rodrigo sigue creciendo queriendo deshacerse de la etiqueta de fenómeno generacional y busca reclamar un espacio como artesana de la canción pop de autor. De momento vaa por el buen camino.


















