Nevermind no es una biografía de Nirvana, ni lo es de Kurt Cobain. O, por lo menos, en el sentido estricto de lo que se entiende como tal. La novela gráfica del malogrado Tuono Pettinato es más bien un homenaje, muy personal, a la figura del Kurt en formación constante. Su mirada se dirige al entorno familiar, a su crecimiento rodeado de dudosos beneficios y a su mayor descubrimiento: la música como catalizador de todo, de la frustración y también de la hiperactividad.
Las páginas inciden bien en ese periplo, aunque quizá al fanático de la banda o del icono generacional se le quede corta, incluso totalmente desviada. La rendición al perfil psicológico y la introducción casi incesante de referencias sin apenas dar respiro puede reflejar esa intensidad que comparte la obra con el sujeto de la misma. Existe una parte musical, claro, esa misma que inunda todo desde la ruptura de la inocencia infantil y que, contra viento y marea, siempre intentará retenerla para sobrevivir.
Existe también algo de celeridad, casi de conexión a salto de caballo, entre el Kurt niño, el Kurt músico, el Kurt drogodependiente y el Kurt suicida. En un mundo en el que todo tiene que darse mascado, no es mala opción, aunque Pettinato quizá hubiera querido algo más de reposo que permitiese esa conexión inicial con el Cobain frágil. Al final, se trata del homenaje del italiano al germen de la figura, a la trastienda de un escaparate que, siendo certeros, jamás se alejó de esa sombra sempiterna que bien puede calcar cada una de las viñetas.
Puedes comprar el cómic: Nevermind, de Tuono Pettinato (Altamarea) en la web de su editorial.



















