Antonio Vega ha fallecido hoy en Madrid a los 51 años de edad a causa de un cáncer de pulmón. El artista estaba ingresado en un hospital madrileño se encontraba grávemente enfermo y varios días atrás no dejaba de especularse sobre su salud, muy mermada a consecuencia de su deterioro.
La figura de Antonio Vega va a permanecer para siempre como una de las más delicadas y decisivas de la música española contemporánea, un creador cuya obra se sostuvo siempre en el filo entre la fragilidad íntima y una lucidez casi dolorosa. Nacido en Madrid en 1957, fue el alma compositiva de Nacha Pop junto a su primo Nacho García Vega; ambos líderes de un grupo esencial para entender la transición estética que acompañó a la Movida madrileña. Sin embargo, reducir su legado a aquel contexto sería insuficiente: Vega escribió canciones que trascienden su tiempo, ajenas a modas y blindadas contra el desgaste.
Tras la disolución de Nacha Pop, su trayectoria en solitario confirmó a un artista incapaz de repetirse y profundamente comprometido con su propia búsqueda. Discos como No me iré mañana u Océano de sol, revelaron a un compositor aún más introspectivo, dispuesto a explorar las grietas de la existencia.
Autor de piezas que forman parte del inconsciente colectivo, de “La chica de ayer” como vértice indiscutible a «Una décima de segundo», «Lucha de gigantes», «El sitio de mi recreo», «Se dejaba llevar» y decenas más, su escritura se distinguió por una economía expresiva engañosa, donde cada palabra parecía medida al milímetro y cargada de resonancias emocionales. En su universo, el amor, la pérdida y la memoria no eran temas, sino estados de ánimo en permanente mutación. Y esa voz, tenue pero firme, rehuyó toda grandilocuencia y convertía cada canción en una confesión a media luz.
Su último trabajo en solitario, 3000 noches con Marga, se publicó en 2005, dedicado a su compañera Margarita, fallecida un año antes.
Descanse en paz.

















