León Benavente (Teatro Cervantes) Málaga 10/10/22

Un año más, la música en vivo mostró su lado más solidario gracias a esa valiosa alianza entre Brisa Festival, marca de garantía en la escena malagueña siempre atenta y dispuesta a acercarnos la mejor música, y la Fundación Cruz Roja, admirable ejemplo de institución comprometida capaz de resistir a las adversidades, para llevar a cabo un concierto destinado a reforzar esa simbiosis y a colaborar con su incansable labor para combatir la pobreza y las desigualdades sociales, entre otras muchas cosas.

El Teatro Cervantes se vistió de gala para recibir a uno de los grupos nacionales más sólidos y fiables que hoy en día podemos ver sobre las tablas, y que nunca nos cansaremos de recibir. Se presentaron León Benavente tras rodar por multitud de festivales de verano, con un directo en su momento más álgido de brillantez y compenetración, logrando trasladar sus incendiarias composiciones a un terreno más bailable que adquiere una dimensión del todo vibrante gracias a unos juegos de luces demoledores. Empezar la semana con tamaña descarga, alimentada por letras sustanciosas dignas de reflexión y ritmos vibrantes y directos a la médula, debería ser una práctica más extendida.  A día de hoy, son una máquina de extraordinaria precisión que es capaz de armar un setlist sin altibajos, combinando las nuevas miras presentadas en ERA (Warner Music, 2022), más contemporáneas abrazando con naturalidad y sin excesos el colchón electrónico sin abandonar su esencia, con los grandes singles de sus anteriores entregas, redondeando una secuencia ganadora que huye de la mediocridad para impactar en cada latigazo de rock que incita al movimiento engrandeciendo el papel de la música como vehículo de agitación cultural y como vía de transmisión para el inconformismo que nace de la mediocridad y la mezquindad política y el consecuente y corrosivo modo de ejercer el poder que le acompaña.

Una tras otra, “Líbrame Del Mar”, “Di No A La Nostalgia” y “Persona” dieron el pistoletazo a un primer tramo vertiginoso que llenaría de revoluciones cada recoveco de tan magno escenario, con el cuarteto ejecutando su visceral descarga ante una audiencia rendida en el patio de butacas y jugando con las perspectivas desde en esos palcos refugiados entre lienzos de sinuosas formas, configurando una escena de hermoso carácter pictórico. No faltaron saltos al pasado conjugados con gramática del todo presente  (“La Ribera”, “Gloria”, “Estado Provisional”, “Tipo D”), celebradas paradas en Vamos A Volvernos Locos (Warner Music, 2019), probablemente su trabajo más completo hasta la fecha (“Como La Piedra Que Flota”, “Amo”, “La Canción Del Daño”, “Disparando A Los Caballos”), y suculentos mordiscos a su último y todavía vigente largo (“Canciones Para No Dormir”, “Mítico” y su reinvención de final apoteósico a lo LCD Soundsytem,  “La Gran Muralla”, “Viejos Rockeros Viejos”), antes de atacar un brillante tramo final donde rescatamos nuestras ya mermadas energías para verterlas en “Ser Brigada” primero, y en “Ayer Salí” después, capaces siempre de restallar en nuestras entrañas para hacernos agitar como autómatas entregados a una bacanal de lujuria y desenfreno, con Abraham Boba retándonos cara a cara. Incitándonos a abandonar nuestros cuerpos, a reducirnos a escombros sin importar el mañana. Así son ellos: sudor y carne. Y así nos hacen sentir tras asistir a sus épicos conciertos: salvajemente encendidos.

Fotos León Benavente: José Megía

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