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Te cambiamos tu disco de OT por uno de verdad

El próximo 17 de Diciembre, en el Taboo (antiguo Elígeme) de Malasaña, en Madrid, se celebrará un curioso acto reivindicativo de PEMOC (Periodistas Especializados en Música, Ocio y Cultura), una asociación que defiende los derechos de los periodistas ante la avalancha de basura cultural de nuestro días.

Muzikalia, que viene apoyando las actividades de PEMOC desde antes de sus inicios, vuelve a hacerlo con esta iniciativa: «Te cambiamos tu disco de O.T. por uno de verdad».

Los discos que se le darán a la gente son de las colecciones particulares de los críticos de música y periodistas que forman PEMOC, entre los que están Diego A. Manrique, Fernando Martín, Fernando Ïñiguez, Maurilio de Miguel, Bruno Galindo, Pedro Calvo o Ricardo Aguilera, entre muchos otros.

PEMOC ha elaborado un manifiesto, que reproducimos a continuación:

MANIFIESTO ³OTRO TIMO NO²
Corren malos tiempos para la música. Cuando todos los ojos están puestos en el fenómeno de la piratería, parece que pocos han advertido la presencia de los tiburones. Como cualquier otra manifestación artística popular, la música se sostiene sobre dos columnas: el arte en sí mismo y el negocio. Ambas se necesitan. Sin el negocio, la música no llegaría hasta la gente, no habría industria del disco ni salas de conciertos ni nada. Sin música, sin músicos, sin compositores, sin intérpretes, sin talento, sin arte al fin y al cabo, el negocio no tendría nada que vender. Hoy, sin embargo, se está logrando la cuadratura del círculo.

Vamos de cabeza hacia un panorama en el que el negocio lo ocupa todo y la música ha sido hábilmente substituida por un sucedáneo que da el pego. Hace ya mucho tiempo que escuchamos la palabra ³producto² en boca de los ejecutivos de la industria pesada de la música. Tienen razón: La mayoría de lo que se publica es sólo eso, ³producto².

Ahora, a las abrumadoras campañas de marketing para lanzar artistas prefabricados, o al agobio de las cien mil canciones del verano, se ha venido a sumar un nuevo montaje sonoro de difícil digestión: Operación Triunfo. En su segundo año triunfal, este tinglado músico-televisivo amenaza con dar al traste con lo poco que quedaba del funcionamiento mínimamente sensato de la música en nuestro país.

Lo que hay es lo que se ve: Operación Triunfo no es más que un negocio puro y duro, un programa de televisión en el que se ventilan cientos de millones de la moneda que sea. Hasta ahí, todo normal. Lo perverso comienza cuando el programa trasciende de sus límites televisivos para entrar a saco en la industria del disco, cuando se monopoliza la presencia de la música en televisión, cuando se acapara el mercado de las galas…

Si la televisión pública se hubiera comprometido en una operación similar que afectara a cualquier otro tipo de industria substituyéndola con un sub-producto propio publicitado en términos de desleal competencia, y con la inevitable consecuencia de crisis en el sector y despidos generalizados -como ya está pasando- no habrían faltado las quejas de sindicatos y asociaciones de todo tipo. La música, sin embargo, calla.

Y más allá de las consecuencias económicas de esta operación de crematístico triunfo, está el daño enorme que se está haciendo a la música como arte. Por tanto, desde PEMOC DENUNCIAMOS:

PRIMERO: El desembarco del medio televisivo como herramienta omnipotente en la creación, promoción, distribución, comercialización y venta de la música. Esta maniobra orwelianamente dirigista va encaminada a cambiar radicalmente las estructuras de la industria en beneficio del negocio privado de unos pocos, aún a costa de destrozar definitivamente el necesario equilibrio entre arte y negocio en el ámbito de la música.

SEGUNDO: La utilización de los enormes medios de la televisión pública, aquella que pagamos entre todos con nuestros impuestos, para la promoción sin precedentes de un negocio estrictamente privado. También denunciamos la monopolización del ³prime time² para la comercialización de estos productos teledirigidos, quedando fuera de las horas ³buenas² de pantalla cualquier otra música.

TERCERO: La mutación del fenómeno musical a través de Operación Triunfo (sin olvidar sus clones: Popstars, etc), haciendo pasar como música de calidad lo que no son más que ejercicios de amateurs. Nuestras simpatías siempre estarán junto a los que comienzan en el azaroso mundo de la música, incluidos los concursante de Operación Triunfo y similares, pero nunca con los que orquestan negocios ventajistas con el telón de fondo de sus carreras.

CUARTO: El falseamiento de la mecánica real de una carrera artística, la censura deliberada de géneros musicales, el adoctrinamiento cultural y estético, y la valoración de un determinado tipo de ³triunfo² como concepto indiscutible y unidireccional.

QUINTO: Exigimos la consideración de la música como un bien cultural y no como un mero objeto de rentabilidad inmediata. De no reconducirse este sistema de explotación primaria del negocio de la música, dentro de poco el imperativo comercial habrá acabado con la veta de los artistas reales, y ya no habrá ni música ni negocio.

SEXTO: Lamentamos que personas antaño involucradas en la creación de una cultura popular se presten al más burdo tocomocho. Nos entristece comprobar que discográficas y artistas en ejercicio se apunten a dar credibilidad a una propuesta degradante por, respectivamente, vender lo que saben basura o arañar unos minutos en ³prime time²; su complicidad es un baldón del que terminarán arrepintiéndose. Las consecuencias inmediatas de estas maniobras comerciales apoyadas por la enorme fuerza de la televisión son de temer: desaparición de las músicas minoritarias, hundimiento de las pequeñas compañías discográficas, empobrecimiento de los catálogos de las ³majors², reducción de la oferta musical para el consumidor, etc.

SÉPTIMO: Hacemos un llamamiento a los medios de comunicación -prensa, radio, Internet y televisión- para que se recupere el sentido crítico ante éste tipo de fenómenos. La manida falacia de que ³es lo que el público demanda² puede acabar llevándonos por derroteros nada deseables. Es necesario fomentar el criterio para no sucumbir obligatoriamente ante el imperativo comercial.

Porque decir cuidado no es suficiente, PEMOC pasa a la acción.

Invitamos a los fans de Operación Triunfo a explorar otras opciones
musicales, y les hacemos una oferta cargada de futuro:

³TE CAMBIAMOS TU DISCO DE OPERACIÓN TRIUNFO POR UNO DE VERDAD²

Esperamos que entre los discos que ponemos a disposición del público, cada cual encuentre alguno que le interese. En cualquier caso, todos son discos hechos por artistas originales, músicas cuyo valor va más allá de las maniobras comerciales, del morbo del cotilleo o del efecto hipnótico de la pantalla del televisor.


¿Y tú que opinas? Abrimos un debate en nuestro foro y allí te esperamos.

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