Una caja de ritmos, un bajo, un clarinete, y mucho sentido del humor camp no exento de crítica social, estas son las variables que forman parte del discurso sonoro de Odor Eater, dúo formado por Harley Moore y Logan Devlin, con su campamento base instalado en Portland.
Con pocos elementos, pero bien fusionados, se puede llegar a crear música que, anclada en la new wave ochentera, sabe extraer buenos réditos de la nostalgia. Si uno ve el video que han sacado para el primer sencillo de este But For Who? (Feel It Records, 2026) titulado “Nightcaller”, los vemos a los dos en coloridos decorados de cartón-piedra, que recuerda a Pee-wee Herman, a la estética VHS, al glam ochentero y al gimmick más primitivo. En la letra hacen hincapié en los miedos encapsulados en una sociedad que, curiosamente, está más conectada que nunca, pero que la habitan personas cada vez más pusilánimes. Una canción que juega sin remilgos con sus influencias de Depeche Mode y si la cantante fuera Lene Lovich. Mucha diversión y espíritu gamberro.
Sin pretensiones de nada, el disco avanza por esos derroteros con una seguridad aplastante. “Boa Constrictor” tiene unas bases, de nuevo, muy Depeche Mode de la época de Vince Clark, y unos efectos de sonido que parecen salir de una película de serie B de ciencia ficción. La deudas con Devo quedan resueltas en temas tan pizpiretos como “85 Decibels” o “Frost Bite”, mientras que en otros momentos como en “Hotwired” uno se acuerda de Gary Numan o de Patrick Cowley pasados por los latigazos punk de Joy Division.
El clarinete de Moore es una buena alternativa para crear contrastes, y en “Defunct” llegan a unas sonoridades muy deudoras de The Human League; “Pinocchio” se construye sobre un patrón rítmico repetitivo de caja y el sintetizador que crea siluetas lisérgicas teniendo en mente a Kraftwerk; la cold wave de “Subterranean” es uno de los puntos álgidos del elepé y, de nuevo, Harley Moore, declama a medio camino entre la parodia y el acento sensual; y llegados al final, “Ishmael” hay ecos a sellos como Dark Entries -no sería extraño que fueran seguidores de la escudería de Josh Cheon– con alambicadas cenefas analógicas que invitan al oyente a menear la cabeza de un lado para otro.













