Contaba en el especial que dedicamos a Interpol el pasado mes de junio, que su irrupción a comienzos de siglo supuso una pequeña sacudida que enfrió la escena alternativa anglosajona devolviéndola a la oscuridad heredada de Joy Division y el minimalismo tenso de Wire, sin sonar a fotocopia. Fueron responsables del volantazo tras unos noventas con tantas aristas y hoy, veinticinco años de su irrupción, la mayoría de nuevas bandas post-punk se miran más en ellos que los inventores del género.
Ahora, la banda más elegantemente sombría del siglo XXI está de vuelta con This Mirror Weighs a Ton, el trabajo más sólido que ha entregado en mucho tiempo. Una colección de canciones que, sin renunciar a esa esperada tensión entre oscuridad, sofisticación y contención, se permite explorar nuevos territorios. Hay aquí una voluntad de renovación que no pasa por romper con su pasado, sino por ensancharlo con nuevos matices e interesantes variaciones. Algo en lo que tiene mucho que ver el papel de Andrew Wyatt, productor que ha sabido revestir las virtudes de los neoyorquinos con sintes y precisos arreglos.
Tanto el tema titular de apertura, como esa «Sudden» que lo cierra entre pianos y texturas, ralentizan el tempo con aires cinematográficos y conforman una especie de círculo de contención que esconde un notable trabajo al que no le faltan las habituales piezas cortantes y angulosas como «See Out Loud», ese adelanto que nos llevó de regreso a tiempos de Antics (2004) y que encuentra en «Wings Of Fire» y «Wake Up”, buenas compañeras a disputarse el título de favoritas de sus próximas presentaciones en directo.
Pero, como decía, donde el disco realmente gana enteros es en su experimentación y en los nuevos caminos que emprende. Lo demuestra “Wounded Soldier”, una de las piezas más arriesgadas, que incorpora sutiles toques de dub y cuenta con un gran Brad Truax, quien por fin asume en el estudio el puesto que durante 15 años ocupó como bajista de directo en sustitución del añorado Carlos Dengler. La banda también se aventura a introducir una guitarra acústica en otro de los grandes logros del álbum, “So Rides The Reindeer”, una canción que conduce al grupo por territorios hasta ahora inexplorados. A todo ello se suman los hipnóticos desarrollos de “Bird and the Serpent”, cuyo tramo final parece quedar suspendido en el tiempo o una expansiva «Even the actor» plagada de recovecos por los que perderse.
Interpol han cuidado cada detalle para una octava entrega que reflexiona sobre la descomposición del mundo, doce canciones para refugiarnos mientras lo vemos caer.


















