Sin prisa pero sin pausa, el Visor Fest se ha ido consolidando como una sólida propuesta entre las innumerables que podemos encontrar en nuestro país, con una intención clara: primar la calidad y el disfrute de la música antes que cualquier otra circunstancia más lucrativa.
Para empezar, su target es claro: principalmente ese público que se educó musicalmente en los festis de primeros noventa, -curiosamente tanto Ride como Gene formaban parte de ese histórico FIB 1995 en el que muchos fijamos como el inicio de muchas cosas que vinieron después- pero sobre todo, amantes de la música más que “buscadores de plan” o de ese reel que justifique el estar viendo al artista de moda. Aquí más que modas, se celebran trayectorias.

Lo hacen a base de confeccionar carteles muy medidos y pensados con gusto. Por eso en pasadas ediciones, sobre todo desde que el festival pasó de celebrarse en Benidorm o Murcia a residir en la Marina de Valencia, el éxito ha sido rotundo dejándonos conciertos memorables grabados en la retina Visor, como fueron los de Suede, James, OMD, The Jesus and Mary Chain, The Flaming Lips, The Waterboys o Peter Hook & The Light. Y todo ello, además, desde una premisa clara: eliminar los solapamientos, centrando todo en un solo escenario, dando a cada actuación el tiempo necesario que tendría en una gira regular.
Partiendo de esa base y con un listón ya bien alto, la edición de 2026 ha supuesto un claro empujón al creciente prestigio del certamen. Ocho bandas repartidas en dos días y a cada cual mejor. Uno de sus carteles más compensados, con artistas resucitados como Gene o unos The Wannadies que demostraron ser mucho más que un one hit wonder en la que ha sido su primera visita a nuestro país; pero también teníamos a gigantes del rock de las antípodas como Hoodoo Gurus; titanes del post punk ochentero como New Model Army; pioneros indiscutibles del punk y el rock como The Damned; grandes popes del shoegaze como Ride o, claro, el gran nombre alt-rock que han sido y siempre serán Manic Street Preachers.
Un cartel al que pocas pegas pueden ponerse, aunque este año faltara alguna banda local de las que siempre encajan divinamente. La organización, aunque el primer día se formaron las inevitables colas al sol, fue de sobresaliente. El festival se desarrolla en un sitio cómodo, accesible, bien comunicado, bien abastecido a nivel gastronómico y con la única pega de tener no pocos locales nocturnos con reggaetón sonando a troche y moche, pero así como en otros conciertos celebrados en la misma localización eso sí ha sido un problema, aquí no se hizo notar merced a un sonido bien calibrado y con un volumen aceptable, a la altura de las circunstancias.
Visor Fest – viernes 25 de septiembre
Así las cosas todo empezó más que bien, con unos Hoodoo Gurus que, eso sí, tuvieron que hacer frente dadas las horas (18.30h) a un sol de justicia, acompañado de un calor nada propio de finales del mes de septiembre que al pobre Dave Falkner, ataviado con una a todas luces achicharrante camisa de lamé azul, y a sus secuaces (excepto el batería Mark Kingsmill, que al parecer era el único que había consultado Aemet e iba en camiseta y con gorro), que al poco de arrancar comenzaron a sudar a chorros.

Pero esto a unas leyendas del rock and roll -lo del calificativo power pop no les gusta demasiado, creo- de las antípodas como son ellos, con más de cuarenta años de carrera a sus espaldas, no les amedrenta ni mucho menos. Tiraron de profesionalidad y actitud desgranando un repertorio como sólo ellos lo pueden hacer. Canciones infalibles como “Tojo”, “Bittersweet”, “What’s my scene”, “Come anytime”, “My girl” o “I want you back” sonaron con todo el brío que requieren y la efervescencia de su actuación se contagió de inmediato a un público al que, aunque aún le quedaba mucho por ver, recordó su actuación como una de las mejores del fin de semana.
Juanjo Frontera
Pasó en la edición de 2022 y volvió a pasar en esta. New Model Army demostraron por qué son toda una institución en base a una trayectoria que trasciende modas y tendencias. Ellos tomaron la fiereza y conciencia de clase del punk de The Clash, le añadieron la oscuridad del post-punk de Killing Joke, la crudeza del rock norteamericano de Neil Young y, finalmente, los elementos del folk inglés. Una amalgama que define su épica propuesta, y que siempre crece en directo.

Arrancar con «White Light» y «Echo November» puso sobre aviso del tono de urgencia tensión que despliegan sobre el escenario, algo que mantuvieron durante hora y media. Sonaron muchos de sus clásicos (quizá echamos en falta “Stupid Question” o “I Love the World”), pero también quisieron reivindicar su presente con la inclusión de «First Summer After» y «Do You Really Want to Go There?», de su más reciente disco Unbroken. Temas que encajaron con naturalidad junto clásicos como «51st State», «Before I Get Old» o «The Hunt». La recta final, con cimas como «Vagabonds» o «Purity» dejó claro por qué 45 años después de su debut, siguen siendo una de las formaciones más especiales y peculiares de su especie.
Manuel Pinazo
The Damned saben perfectamente que esto de compartir cartel en un festival es duro. Tienes que emplearte a fondo si quieres destacar, sobre todo cuando el resto de bandas son más jóvenes. Ellos manejan, por supuesto, un legado histórico que pocos pueden esgrimir: sin ir más lejos, el considerado primer single de punk, “New rose”, es suyo, pero eso no lo es todo. Hay que reconquistar al público cada noche. Y ellos, aunque alguien pudiera pensar que la edad ha hecho mella en su entusiasmo, se emplean totalmente a fondo.

Dave Vanian sigue siendo el imposible frontman vampírico que a poco que mueva una mano despierta pasiones y el Capitán Sensible ese guitarrista tan entrañable como hiriente, cuando se trata de hacer ruido, que gobiernan uno de los actos de directo más demoledores que uno puede contemplar. Hits, desde luego, no les faltan, y de todos los colores: desde el misticismo gótico de “The shadow of love” o “I just can’t be happy today”, al arrojo punk casi-hard core de “Ignite” o “Love song”, al clasicismo punk de “Fan club” y “Neat neat neat” o la psicodelia recuperada a través de perfectas versiones de “Makin’ Time” (Creation), “White rabbit” (Jefferson Airplane) o, claro, ese «Eloise» que ellos piensan de su autor, Barry Ryan, pero en España todos cantamos en castellano, vía Tino Casal.

Imposible, por tanto, no rendirse a una apisonadora que fue realmente extraño que constituyera el colofón de la primera noche, pero claro, Ocean Colour Scene eran la gran sensación, el gran regreso que a buen seguro convenció a mucha gente para comprar la entrada.
Juanjo Frontera
¿Y merecía la pena tanta expectación? Pues, sinceramente, sí y no. Parece que muchas y muchos se llevaron un bonito souvenir a cargo de una de las bandas de su juventud. Unos mods reciclados que sabían mezclar rock, soul y bonita psicodelia pop en unos himnos emocionalmente arrebatadores y lograron hacer dos o tres álbumes brillantes. Tanto que, en menor medida, les ha pasado como a sus camaradas Oasis: la gente no sólo no les ha olvidado, sino que en cierto modo su leyenda se ha acrecentado con los años. Así las cosas, pese a que su presencia en el Visor no fue, que digamos, un dechado de actitud (el cantante, Simon Fowler, directamente parecía que había bajado a tirar la basura tras ver el partido del Birmingham City en su casa).

Pero eso daba igual, como también daba igual que su repertorio fuera una por momentos bostezante sucesión de medios tiempos, algunos de ellos rozando la sensiblería. Todo eso es de importancia relativa cuando se da a la gente lo que quiere: recuperar el tiempo perdido. De esta forma, y eso sí, con un sonido más que correcto, las viejas canciones de Moseley Shoals y Marchin’ Already, entre otros, cobraron vigencia a través, sobre todo, del amor que les dedicó un público entregado y que coreaba “The circle”, “One for the road”, “July”, “Get away” o la emocionante “Better day” como si fueran la última canción antes del fin de los días.

La banda, en opinión del que esto escribe, desacertadamente, dejó para el final lo más rockero de su repertorio y claro, ahí sí que subió la adrenalina: a ver quién se resiste a la sucesión formada por “Travelers tune”, “Hundred mile high city”, “Robin Hood” (con algún trocito del “Live forever” de los Gallagher), “Riverboat song” y “The day we caught the train”. Eso hace olvidar cualquier actitud ramplona y, seas un fan rendido o no, te pone la necesaria sonrisa en lo que, al fin y al cabo, fue un gran colofón a un gran día.
Juanjo Frontera
Visor Fest – sábado 26 de septiembre
Tendrán que pasar algunos años para que el sábado de Visor Fest 2026 adquiera esa mitología de día grabado en muchas memorias, porque realmente lo mereció. La tarde se abría con la primera visita a nuestro país de The Wannadies, quizá el grupo menos popular del cartel, a quienes les bastaron pocos minutos para llamar la atención con su actitud y con ese power pop encantador que se gastan. Los suecos estuvieron largo tiempo fuera del foco y muchos les teníamos fuera del radar más allá de esa joyita llamada «You & Me Song», pero lo cierto es que su capacidad para facturar bonitas canciones de pop de tres minutos es innegable según vimos a los pocos minutos.

En Visor Fest nos recordaron que su repertorio también cuenta con reivindicables piezas a las que conviene asomarse como «Might Be Stars», «Love in June», «New World Record» o «Friends», un perfecto calentamiento para lo que nos depararía la noche.
Manuel Pinazo
La vuelta de Gene ha sido un regalo inesperado para quienes les descubrimos en los 90. Aprendimos a llenar ese enorme vacío dejado por The Smiths con los primeros discos de Belle and Sebastian (hola, próximos Visor Fest) y desde los primeros sencillos de los de Martin Rossiter, quedamos prendados de unas canciones que se bañaban en ese dramatismo y un romanticismo ampuloso del que hoy beben nuevos émulos como Brigitte Calls Me Baby.

Con su actuación, Gene no solo demostraron tener una colección de canciones incontestable, sino que su directo supera en intensidad y emoción lo que algunos esperábamos. Un Rossiter tan teatral como magnético, se comía el escenario mientras los enormes ganchos de guitarra del infravalorado Steve Mason hacían el resto. No quiero olvidarme de la base rítmica que forman Matt James y Kevin Miles, ni de la suerte que tuvimos al contar como teclista de apoyo con una leyenda como Mick Talbot, mitad de The Style Council junto a Paul Weller. Palabras mayores.

En su repertorio no faltó nada de lo que esperábamos. Ellos llegaron en épocas del Britpop, pero poco tenían que ver con ello, preferían cautivarnos con esos épicos himnos y baladas devastadoras. En su paso por el Visor no faltó de nada, de la poderosa «Be My Light, Be My Guide» al bis con el «Don’t Let Me Down» de The Beatles, pasaron por todos sus discos, con especial parada en esa maravilla llamada Olympian (1995) y su sucesor Drawn to the Deep End (1997). Fue maravilloso volver a «Haunted By You», «Sleep Well Tonight», «London, Can You Wait?», «Truth, Rest Your Head», «Where Are They Now?», «As Good As It Gets», «We Could Be Kings» y la propia «Olympian». Al terminar solo nos quedó una pregunta: ¿por qué no graban nueva música?
Manuel Pinazo
Ride repetían en el Visor tras formar parte de su primera edición. Más allá de ser padres del shoegaze, de haber pasado a la historia por levantar poderosísimos muros de ruido y combinarlos con armonías vocales muy dream-pop, su fórmula que les ha permitido evolucionar sin perder su esencia. Buena prueba de ello es su más que digna resurrección hace una década, desde la que han entregado Weather Diaries (2017), This Is Not a Safe Place (2019) e Interplay (2024).

Pero su paso por nuestro país, que tendrá continuidad a principios de 2027 hasta que Andy Bell vuelva a acompañar a Oasis como bajista, fue todo un viaje en el tiempo ya no solo a sus dos primeros álbumes Nowhere (1990) y Leave Them All Behind (1992), sino a esos maravillosos EPs de la época. Así, tras abrir con la reciente “Monaco“, nos sorprendieron recuperando distintas delicias de antaño no tan habituales como “Like a Daydream”, “Sennen“ o “Taste”. Fue una actuación portentosa y poderosa, un festín de lisergia y psicodelia con hitos como “Dreams Burn Down“ y “Seagull”, que convivieron con el dream-pop de «Chrome Waves» o «OX4»; donde tampoco faltaron hits como “Twisterella”, “Vapour Trail”, “Leave Them All Behind“ o «Chelsea Girl». Histórico.
Manuel Pinazo
Y ya con todo el pescado vendido y, sobre todo, tras esa apisonadora sónica -¿lo mejor del festival?- que fue Ride, les tocaba rematar la faena de dos días de excelencia musical a una de esas bandas que siempre se han dicho infalibles a la hora de cumplir el cometido de excitar a una audiencia, sea cual sea la situación. Por eso, con todo lo difícil que lo tenían tras el poso dejado por Andy Bell, Mark Gardener y compañía, no cabe duda de que Manic Street Preachers fueron la elección acertada para cerrar el Visor Fest. Nunca han dejado de ser un acto cuya honestidad se ha construido a prueba de bombas. A lo largo de una carrera con muy poco altibajo han demostrado siempre una actitud guerrillera que, además, han sabido compatibilizar con las listas de éxitos. Tienen temazos famosos para aburrir. Y encima, temazos con un mensaje importante y nada impostado.

Antes de su salida a escena ya iban apareciendo proyecciones en la pantalla gigante del escenario con mensajes desplegados para despertar conciencias y ellos, consecuentemente, empezaron jugando fuerte: “Motorcycle emptiness” inauguró un idilio de hora y pico con un público que no dejó de corear, sudar y gritar con el puño en alto himnos de la talla de “Ocean spray”, “Everything must go” o “You stole the sun from my heart”. A partir de eso, hubo momentos para todos los gustos, en un manejo del ritmo soberbio que no dejó resquicio para el cansancio. Los covers de “Bring on the Dancing Horses”, de Echo & The Bunnymen, con el bajista Nicky Wire a la voz, que la enlazó con “Hiding in Plain Sight”, de su reciente Critical Thinking (2025), https://muzikalia.com/manic-street-preachers-critical-thinking-sony/, o de “Union City Blue”, de Blondie, con dedicatoria a su batería Clem Burke, se mezclaron la interpretación acústica de “The Everlasting” a cargo de James Dean Bradfield en solitario y con magníficas representaciones de sus últimos álbumes que, por ser menos conocidas que sus viejos hits, no desmerecen en absoluto un repertorio infalible.

Este se completó, por supuesto, con una ristra de salvas por la que cualquier banda vendería su alma: «A Design for Life», «Your Love Alone Is Not Enough» , “From Despair to Where” o “You Love Us” dieron paso a ese necesario final que brindó «If You Tolerate This Your Children Will Be Next». Una de esas canciones tan demoledoras musicalmente como líricamente (no es de extrañar que se dejaran ver algunas banderas palestinas entre la audiencia) que demuestran que esta banda es algo más. Nadie como ellos podía aunar fiesta y mensaje, diversión y conciencia. Y en los tiempos que corren, me parece muy bien pensado algo así como cierre. Como decía Krahe, no todo va a ser follar. Un cierre irrevocable a dos días de música igualmente sin tacha Viva el Visor Fest, caray. Por más años así.
Juanjo Frontera
Fotos Visor Fest: Luis Pérez Contreras


















