La barcelonesa Camila Cañeque tuvo una vida por desgracia breve pero intensa. Murió demasiado joven, como suelen decir, aunque dejó un legado artístico subversivo a través de performances de resistencia radical ante una sociedad de consumo que nos degrada. Tras vestir de sevillana a través de diferentes regiones de Estados Unidos durante veintisiete días para poner en cuestión la souvenirización de las identidades nacionales, pasando por la “censura” -parece ser que no tenía todos permisos en regla para su performance– en ARCO en donde, de nuevo, vestida de flamenca se tumbó boca abajo encima de fragmentos del Romancero Gitano de Lorca después de un largo ayuno, o su pieza The End en donde pronosticaba el fin de España.
Una mujer con un talento excepcional que, también tuvo tiempo para dejar escritas dos obras literarias que se mantienen en ese estado liminal entre la ficción, la literatura que hibrida estilos a su antojo, y la experimentación formal que podríamos buscar sus fuentes en la escritura automática o en el Oulipo francés. Son dos obras publicadas tras su muerte: La Última Frase ( La Uña Rota, 2024), una reflexión sobre el final de las cosas a través de frases que daban por acabadas algunas novelas escogidas por la autora -más alguna de cosecha propia-, con las que Cañeque jugaba con ellas poniéndolas en diferentes lugares de su narración, para experimentar con el significado de cada una y, también, poder crear finales alternativos o reflexiones. Una obra excelente que tuvo una notable acogida crítica.
En esta Anuncios (La Uña Rota, 2026) la autora vuelve a la disidencia: el objetivo es observar el día a día de un músico de origen lituano que conoció ella en una estancia en Nueva York. Una autora que es algo así como una voz en off -breves interludios que analizan los gestos del artista- observa a Don, este músico de jazz fracasado y que encuentra en la bebida un estímulo a sus días grises, y va escribiendo lo que ve. Es como si estuviéramos en una performance más de la autora, en donde su mirada cauteriza toda la desazón de unos personajes que se encuentran en los bares, y que la autora catalana registra en su diario a través de una escritura fría, distante, no jerárquica, pero no exenta de misterio.
La vida de Don es la de un tipo que no encuentra el lugar en el que echar raíces; que se emociona escuchando a Miles Davis y a Albert Ayler; que es asiduo a un bar y se reposta en la barra mientras otros actantes van entrando y saliendo de la escena. Es literatura que podría ser un guión de una película de Robert Bresson o de Aki Kaurismäki: son dos miradas que se interrogan, se buscan, y hay vacío, desilusión, páginas en blanco que no quieren ser escritas. De nuevo, un libro lleno de matices y con una narrativa que invita a la reflexión sobre el papel del ser humano en el turbocapitalismo que fagocita todo a su paso. Hasta las miradas.
Puedes comprar el libro: Anuncios de Camila Cañeque (La Uña Rota) en la web de su editorial.




















