Ey, si no sabes de dónde soy, no me ronquen. Quien haya tenido la inmensa fortuna de haber pisado Puerto Rico y haberse interesado mínimamente por su historia entenderá con muchísimas menos palabras que las que se propone en P FKN R de qué va el tema. Como lo normal es no haberse impregnado de nada boricua más allá de la superficie, tampoco está de más este trabajo de corte académico de Vanessa Díaz y Petra R. Rivera-Rideau. “El problema es la colonia” es una pintada recurrente en las localidades de la isla y sería un buen punto de partida para entender la idiosincrasia de una isla rectangular que ha dado un sinfín de músicos de calibre y que ahora corona con la omnipresencia de Bad Bunny.
La realidad social y política de Puerto Rico es el eje central de este ensayo que arroja una premisa clara: Benito Martínez Ocasio es un producto real y arquetípico fruto de un entorno atravesado por ese colonialismo, pero también por las crisis económicas, los huracanes y las dudas identitarias. Todas estas afloran en una nación que ni es estado, ni es país, ni es colonia, pero lo es todo. Por eso, P FKN R tiene una virtud que pocos podrían atisbar, y es encontrar una línea de estudio para con la aparente y falsa trivialidad que proyecta el artista.
Hay que ir al hecho social, a la capacidad de señalar un camino que resuelva esos nudos gordianos del día a día boricua, para entender la necesidad de este libro. La de Benito no es una experiencia muy distinta a la de varias generaciones de puertorriqueños que se han hecho a sí mismos al mismo tiempo que construían una cultura que proyecta resistencia. Aquí no se entra a valorar si el autotune o su voz son suficientes para considerarlo música. No. Los cánones debatidos en este ensayo transitan más por la descripción real de un hecho que, hay también que decirlo, ha sido presa de sí mismo.
Que la cultura popular puede ser instrumental en la resistencia es un hecho. Más claro lo es si actúa como amplificador sobre todos esos temas que agotan la cotidianeidad de la isla. Otra cuestión bien diferenciada es si el modelo de herramienta funciona fuera de su entorno y su comprensión local. La resistencia se hace evidente y se muestra orgullosa en los sombreros jíbaros, en la famosa casita o en puntos comunes de esa triple cultura puertorriqueño que aglutina lo africano, lo español y lo estadounidense, independientemente de que fuera nadie conecte de la manera que se hace allí.
Si la casita es una excusa fuera de contexto para exhibir cómo se mueve el bullarengue o para incrementar el ego de quien proyecta el vacío de esta sociedad es algo que va por fuera. Aprovecharse de la estulticia del y de la mediocre para exponer al mundo la criba que sufre Puerto Rico puede ser válido, pero también es susceptible de exponerse a una crítica sobre cómo esa tensión con el mercado estadounidense y la fagocitación que realiza se producen. Si esto se ha convertido en un obstáculo para lograr el objetivo que defienden Díaz y Rivera-Rideau se analizará con el tiempo. Por ahora, visto lo visto, esta lectura es casi obligatoria para concebir la aproximación al fenómeno social (que no musical) de Bad Bunny. Lástima que lo que se propague desde otras mil casitas de bits sea justo lo contrario.
Puedes leer el libro: P FKN R Bad Bunny y la música como un acto de resistencia de Vanessa Díaz y Petra R. Rivera-Rideau (Libros Cúpula) en la web de su editorial.




















