El madrileño Abel Cuevas es un apasionado del arte en sus diferentes dimensiones o aspectos, pero es además un gran observador de la cultura pop y sus aledaños. Su nombre está detrás de proyectos editoriales tan buenos como Papeles subterráneos: Fanzines musicales en España desde la transición hasta el siglo XXI (Libros Walden, 2021) -una selección de fanzines compilados junto a César Prieto y Manuel Moreno-, Todo era posible: Revistas underground y de contracultura en España, 1968-1983 (Libros Walden, 2020) -esta selección hecha con la colaboración, de nuevo, de Manuel Moreno-, y el estupendo fanzine El Otro Lado (Libros Walden, 2019). A parte de estas obras en donde se escarba en el pasado fanzinero patrio, y que intenta cartografiar una herencia que sigue conservando su valor histórico, Cuevas es diseñador gráfico, un melómano empedernido que intenta no vender su alma a la nostalgia a las primeras de cambio, y ya entrando en el asunto que nos toca, autor de una newsletter llamada como esta antología El Drugstore, y que de nuevo edita la editorial madrileña.
El nombre de la newsletter viene de un deseo expreso del autor, y cito literalmente, “Una mezcla de recomendaciones, de cosas que me gustan, de discos que escucho, películas que veo, libros que leo, incluso cosas que hago, dibujo o pienso”. En tiempos de homogeneización en más de un soporte cultural, qué mejor que dejarse recomendar por un hombre que tiene una insaciable necesidad de conocer cosas que, quizás, no estén en el radar de mucha gente, pero que sin ello sería todo un poco (o bastante) más aburrido.
Así que en estas paginas -muy bonita edición en donde se mezcla el blanco y negro con el color, así como numerosas forografias y obras del autor- se hallan pequeñas pildoras de las filias y fobias del autor. A saber: del amor incondicional hacia Robert Wyatt y las portadas de Alfreda Benge pasando por citas a Mark Fisher o Simon Reynolds; de curiosidades sobre el porqué del logo de Sunn))) a la tipografía de letra del logo que usaron antes que Public Enemy una publicación en Vancouver; de su amor por Sun Ra y toda la leyenda que lo rodea a los recuerdos de aquellos CD-singles que algunos comprábamos habida cuenta del escaso dinero que teníamos. Hablo en plural porque, debido a que pertenecemos casi a la misma generación, este bonito volumen me ha interpelado -y seguro que lo hará de igual manera a otros lectores-, y de qué manera. Sin falsas nostalgias, pero aquí se concentra una mirada inquieta de acercarse e interpretar el arte como un proceso, casi, de catarsis personal.
Puedes comprar el libro El Drugstore de Abel Cuevas Domenech (Libros Walden) en la web de su editorial.




















