«Fantaseo con morir en el escenario; aunque traumático para el público, sería un final perfecto» nos contaba Norman Cook aka Fatboy Slim en una breve pero divertida entrevista que manteníamos con él hace algunas semanas. Y es que el DJ y productor británico ha hecho prácticamente de todo en las cuatro décadas que bien ilustra y narra el libro Esto no acaba… hasta que Fatboy cante (Banizu Nizuke) y solo le faltaría terminar así cuando cumpla otras cuatro más.
Muchos le conocerán por ser parte muy importante de ese Big Beat que revolucionó los 90, pero lo suyo va más allá, mucho más allá. Cook creció en la Gran Bretaña de los 70, influenciado por el glam y poco después fue golpeado por el punk. The Clash eran su banda favorita ya no solo por su música, sino por sus ideas antifascistas con las que siempre se ha sentido identificado.

Estudiando en el Reigate Sixth From College conoció a un joven mod llamado Paul Heaton con quien conectó de inmediato por compartir ideas y el gusto por la música. Ambos tocaban en distintas bandas hasta que formaron su primer proyecto conjunto de adolescentes. La universidad les separó, pero años más tarde Heaton le invitó a tocar en bajo en su nuevo grupo, The Housemartins, sustituyendo a Ted Key. Entre 1985 y 1988 escribieron una de las páginas más memorables del pop británico, dejando dos joyas como London 0 Hull 4 (1986) y The People Who Grinned Themselves to Death (1987).
La separación de esa anomalía de jangle pop con ideales marxistas que se codeaba con The Smiths, dejó a Cook pista libre para volver a los platos, en épocas universitarias ya había iniciado su faceta de DJ, y pronto encontró las compañías adecuadas para seguir desarrollando su inquietud; primero con Beats Internacional, junto a Linda Layton, Lester Noel, MC Wildski y Andy Boucher, donde mezclaban con influencias del dub, el funk y la música disco consiguiendo algún que otro éxito; después con los marcianos Freak Power, proyecto compartido con Ashley Slater y Jesse Graham, con quienes se acercaba más al funk y el acid-jazz.
Los noventa explotaban y el bueno de Norman no paraba de reinventarse generando hits para la pista de baile, pinchando y remezclando, tiempo en el que adoptó diferentes encarnaciones, de Pizzaman a The Mighty Dub Katz pasando por un montón de nombres más hasta llegar a Fatboy Slim, para el que se inspiró en la tradición y los apodos de los antiguos músicos de blues estadounidense.
A partir de ahí, pues ya lo saben, una carrera que le colocó como uno de los totems de la electrónica noventera, con exitosos discos como Better Living Through Chemistry (1996), You’ve Come a Long Way, Baby (1998) y Halfway Between the Gutter and the Stars (2000); con remezclas memorables para artistas como Cornershop, Beastie Boys, Underworld o The Rolling Stones. Todo ello además de discos compartidos con David Byrne, colaboraciones con Iggy Pop, Martha Wainwright, Jamie T, Conan Mockasin… y miles de fiestas sesiones para el recuerdo.
Todo ello se recopila en este divertido volumen con fotografías, folletos, obras de arte originales y varias historias de toda su trayectoria que sirve de testimonio a cuarenta años que valen por cien.
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