Dentro del sistema ultra capitalista actual y más en la picadora de gente, que se ha convertido la industria musical, seis años de silencio es algo imperdonable para un artista, quien quiera que sea. A no ser, claro, que hablemos de unos irreductibles canadienses que llevan pilotando una nave, ajenos a modas o imposiciones, desde 2004.
Hablamos de Holy Fuck que, gracias al ciclo musical Sound Isidro y a Houston Party, los tuvimos el pasado viernes en la sala El Sol. Sold out desde hacía días y una expectación lógica, si tenemos en cuenta que los de Toronto llevaban aproximadamente sin visitarnos el mismo tiempo que sin sacar nuevos temas. Viendo la respuesta del público, había hambre acumulada, tanto que el sudor se acabó convirtiendo en un elemento imprescindible del show.

Nada más entrar en El Sol aquello ya imponía; el escenario era una maraña deliciosa de cables, pedales, grabadoras de cinta vintage, sintetizadores analógicos y mil “cacharros” más que te hacían dudar si eran atrezo o iban a usar todo. Spoiler: todo sobre el escenario juega un papel importante.
En tiempos donde media escena dispara bases y sonidos desde un MacBook y parece que están revisando el correo, ver semejante despliegue físico es un acto revolucionario. A la izquierda, Brian Borcherdt comandaba la nave, alternando sintes analógicos, guitarra, voces y cacharrería vintage con naturalidad y pasándolo bien. En el centro, Matt Schulz ejercía de motor humano con una batería absolutamente demoledora, mientras a la derecha Matt “Punchy” McQuaid y Graham Walsh (con fundador con Brian de la banda) operaban en semicircular sincronía entre bajos, secuenciadores y sintetizadores como dos científicos locos encerrados en un aquelarre krautrock.

Y todo funcionó y lo que no lo hacía pues se suplía con otra cosa y a seguir la fiesta, como cuando Brian tuvo problemas con su guitarra y un pedal en el tema “Elevate” y tranquilamente esbozó una amplia sonrisa, tomó un cuchillo y se puso a machacar las teclas de un sinte parecido a un Stylophone, hasta que la guitarra, como si tuviera vida propia (y seguramente sea así) comenzó a sonar.
El set se construyó sobre buena parte de Event Beat (Satellite Records) ese magnífico regreso publicado este mismo marzo tras seis años de silencio discográfico, y que, en directo gana enteros, tal y como quedó certificado. Desde el comienzo con “Evie”, dejaron claro que no iban a tirar de nostalgia, venían a reafirmarse. El groove post punk del tema entró de forma inmediata convirtiendo El Sol en un club sudoroso y algo desquiciado.

A partir de ahí una hora y cuarenta minutos de demostración musculosa y festiva de sonidos de otro planeta. “Deleters”, “Luxe” o “Czar” fueron tejiendo una tensión entre repetición hipnótica y explosión rítmica, jugando continuamente con esa herencia directa de NEU! que siempre ha sobrevolado su sonido.
Pero no faltemos a la verdad, Holy Fuck no son una banda revivalista al uso, tienen sus innegables fuentes de las que beben, pero donde otros replican, ellos destruyen para construir un nuevo muro de sonido en el que caben: noise, techno industrial, kraut, baile y punk.

También hubo espacio para algo de arqueología dentro de su cancionero, como con: “Lovely Allen” que provocó uno de los grandes momentos de trance de la noche, imposible no rendirse ante esa melodía espacial que sigue sonando igual de futurista que hace casi dos décadas. Los amigos de Fallo de sistema de Radio 3 bien lo saben.
“Super Inuit” también otro de sus primeros temas convirtió la sala en una ceremonia pasada por “cacharraje” analógico, dejando la sensación de estar viendo a cuatro tipos empujando máquinas al borde de un abismo. “Caught Up” seguía sonando en nuestras cabezas cuando enfilamos la escalera de caracol de El Sol, como si esa canción se hubiera quedado en sus peldaños y nos fuera arropando en cada uno de nuestros pasos hacía la noche.

En plena era del algoritmo, los sets sincronizados y las pantallas omnipresentes, Holy Fuck siguen defendiendo, como lo hicieran ya hace veintidós años, el ruido, el error, los cables y la fricción humana. Y el pasado viernes en Madrid demostraron seguir siendo una de las experiencias en directo más salvajes del circuito de la música electrónica.
Fotos Holy Fuck: Fernando del Río















