Johnny B. Zero – Birds (Hall of Fame Records)

Hablar un rato largo con Juanma Pastor, el ideólogo de Johnny B. Zero junto a su escudero y perfecto complemento Julio Fuertes, es darse cuenta de que uno está ante un tipo inteligente y con las ideas muy claras. Hacerlo además paseando entre discos de vinilo, echando un vistazo a las portadas, a la imagen que quiere transmitir el artista (o su discográfica) y relacionándola con el contenido ofrecido, criticando o alabando esto y aquello, es constatar que estamos ante un tipo con una cultura musical fuera de lo normal, y que además la lleva en la sangre. Y se le escapa, a borbotones, y a veces mancha a quien tiene al lado. Como en este disco, Birds (Hall of Fame, 2017), que deja una huella sucia e imborrable en las manos de quien se atreva a desprecintarlo, a ponerlo en el reproductor y escucharlo.

No diré que Juanma toca la guitarra como Jimi Hendrix, aunque se trata de un guitarrista excepcional y muy personal, pero sí que hay mucho del genial zurdo en este Birds. Está esa mirada hacia las raíces sin perder de vista la modernidad, el fervor por los clásicos conviviendo con el deseo de matar al padre que arde en las entrañas, los riffs que acaban cobrando vida propia… Están también Zappa, y Beefheart, y cualquiera que haya echado la bilis ante la típica canción pop diseñada en un laboratorio para divertir a las masas. No, aunque “Insane” tenga potencial para sonar incluso en las radiofórmulas, no parece que la intención de Johnny B. Zero sea precisamente la de divertir. Lo suyo es más bien subvertir. Desgajar la canción, romperla y volverla a construir. Deconstruir. Jugar a ser Sun Ra haciendo canciones de Blur. Ver qué pasa si aquí, justamente aquí, donde no le pega ni con cola, metemos un violín, o un saxo. Y darle caña al sintetizador, pero que no suene a tecno pop sino a The Doors desbarrando o a Nick Cave aullando. Me los imagino en el estudio jugando con las Oblique Strategies de Brian Eno y luego mandando a la mierda los resultados y haciendo lo que les dé la gana.

Letras sobre pecado sin voluntad de redención, sobre el fuego que bulle bajo una canción, sobre hacer camino al andar, se agitan y mezclan con blues casi canónico (“Honey Brown”), irónicas miradas a los Beatles más folk (“Badlands”), rock setentero y algo que suena como si los Arctic Monkeys hubiesen sido la banda de acompañamiento de Prince, o los Allman Brothers la de Stevie Wonder. No, no es un disco fácil. Juanma es un tipo muy inteligente, y lo sabe. También sabe por qué no hace discos fáciles: simplemente, no le interesa el oyente catatónico. En “Canon Blues” lo cuenta todo, de hecho. Solo hay que saber escuchar, y ese es el oyente que le interesa.

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