«Toda la verdad sobre el rock and roll no debe contarse», afirma Jorge Martínez en una de las preguntas del libro de conversaciones que firma Carlos H. Vázquez y estos días edita Efe Eme. Bien es cierto que los últimos años los fans de Ilegales estamos asistiendo a la justa reivindicación de una larga trayectoria no solo en sus innumerables y cada vez más incendiarios conciertos, sino en sus dignas entregas discográficas o en el reciente documental Mi Vida Entre Las Hormigas (Chema Veiga y Juan Moya), testimonio visual de vivencias, grandes canciones, excesos y una inimitable actitud.
El conjunto se completa y amplifica gracias a este Jorge Martínez – Conversaciones Ilegales, en el que el artista nacido en Avilés en 1955 da rienda suelta a todas esas aventuras conocidas y no tan conocidas, que le han creado esa incuestionable fama de tipo, digamos, «peculiar». Uno que lleva siguiendo su carrera desde hace tres décadas y ha tenido la suerte de entrevistarle y charlar con él sin micrófonos delante un buen número de veces, conoce que no es tan fiero el lobo como lo pintan y aparte de ser un tipo entrañable, culto y leído, es un gran conversador. Esto ha facilitado las cosas a su autor, quien tan solo ha tenido que poner la pregunta adecuada delante, para que Jorge se lanzara en picado a lo que le echaran, desde revivir su infancia a esas historias de rock peligroso que han ido apareciendo en cada una de sus canciones, de los tiempos de Madson y Los Metálicos, a hoy. Poco más de doscientas páginas que se completan con las aportaciones de Jesús Ordovás, Igor Paskual, Edu Galán y Andrés Calamaro.
Ordenado de forma cronológica, el libro transita por cada uno de los discos de Ilegales y aborda desde la seriedad, el sarcasmo, la ironía o el humor, esperados pasajes de esos 40 largos años de rock químicamente puro. Ahí están sus éxitos y fracasos, las alegrías y decepciones, sus pasiones y las despedidas a seres queridos que se fueron antes de tiempo. Igualmente, conoceremos ciertos aspectos íntimos y personales de un Jorge que siempre sorprende, gracias a ese rico y cada vez menos desconocido mundo interior que posee y que lo mismo cita a Juvenal, Marcial o Quevedo, que te da una clase magistral de guitarras.













