No Konforme

No Konforme: «El rock and roll sigue siendo un vehículo necesario para los cambios sociales»

No Konforme editaron a finales del año pasado Rayo ke no cesa, un disco directo y combativo desde Vallecas que, además de ser una continuación lógica a su trayectoria, nos muestra a una banda más madura y potente.

Casi dos décadas después de su nacimiento en el circuito de salas del barrio madrileño, como el propio Luis Luna (cantante y guitarrista) comenta a lo largo de la entrevista, No Konforme firman su trabajo más completo y directo; un ataque frontal de street punk/ska sin adornos, pensado para el directo y condicionado por la vida del barrio.

Entre colaboraciones soñadas y decisiones incómodas, como plantarse ante el Viña Rock, No Konforme reivindican la ilusión, el trabajo y la coherencia como herramientas para mantener viva una banda que sigue creyendo que el rock puede cambiar cosas.

Rayo ke no cesa es vuestro último trabajo. Puede sonar a tópico, pero me suena a continuidad lógica y también a una reafirmación como grupo, en el sentido de que se nota que os dedicáis más a esto en vuestras vidas, después de casi dos décadas de actividad.

Sí, casi dos décadas desde que empezamos y la verdad es que sí, es nuestro trabajo más completo.

«Se puede hacer una letra de muchas maneras, pero el mensaje puede estar ahí. Es importante no perder ese espíritu combativo y reivindicativo»

¿Tú sientes este disco como un nuevo punto de partida? Yo lo veo como más directo, menos arreglos, una producción más limpia y se os ve como una banda más compacta. Cuéntame cuál es tu parecer en este sentido.

Este disco lo consideramos, quizá, uno de los más, o el más, auto elaborado por nosotros a la hora de trabajar. Antes trabajábamos más desde casa con Pro Tools y las maquetas, ibas al local, montabas la canción y te tirabas horas dándote cabezazos con las herramientas y con los compañeros sobre esto o aquello.

Ahora hemos hecho algo similar, pero más ordenado, una primera parte compositiva en casa, más individual, y luego lo hemos puesto en común en el local de ensayo. El último paso ha sido trabajar con Kosta en la producción antes de entrar al estudio. Han sido unos pasos muy elaborados, aunque a la escucha parece un disco más liviano que el anterior, el que hicimos con Tony López, quizá porque tiene menos arreglos. Es un disco más pensado para el directo y queríamos que sonara así, más fresco. Estamos contentos con el resultado.

Es justo lo que te iba a comentar ahora. Rayo ke no cesa me parece un disco más directo, sin ornamentos innecesarios. Por lo que me cuentas, había una clara intención de huir de cualquier sofisticación y apostar por la urgencia y el golpe inmediato.

Sí, exactamente, es como un ataque aéreo en ese sentido. Hemos dejado que manden las canciones, que cobren vida propia y que ellas nos fueran diciendo la producción que requerían. Las grabábamos y nos dábamos cuenta de que tenía que ser así, sin rodeos y saliendo como un tiro.

Con el título y el concepto del disco volvéis a poner a Vallecas en el centro del relato. Desde vuestros inicios ha sido un poco así. ¿Cómo ha ido cambiando vuestra relación con Vallecas? ¿Sigue siendo un motor creativo o se ha convertido ya, además, en una seña de identidad que defendéis casi como un deber?

Hay varias lecturas ahí. Quisimos homenajear a Miguel Hernández y a su obra El rayo que no cesa; nosotros quitamos el artículo para hacer ese juego y hacer también un homenaje al barrio. Y, por supuesto, al Rayo Vallecano, que después de veinticinco años vuelve a Europa. También era una manera de decirnos a nosotros mismos que la música no cesa, que el espíritu sigue ahí y que tenemos ganas de seguir dando cera.

Nuestra relación con el barrio es muy cercana, de todos los días, porque seguimos muy activos en la vida vecinal, manifestaciones, conciertos solidarios como el que hemos hecho recientemente en La Tacita de Plata.

Siempre vamos a estar vinculados a Vallecas. Fue nuestra fuente de inspiración y, además, empezamos a andar como banda allí. Comenzamos a tocar en el Hebe, en Jimmy Jazz… ahí fueron las primeras actuaciones. Era un circuito de salas que no se parece en nada al de ahora. En el Hebe, por ejemplo, ibas a tocar y no necesitabas pagar alquiler de sala porque el local sabía que iban a ir todos tus colegas y a todos nos iba a compensar. Así crecimos como grupo.

Todo eso en el Madrid de hoy es prácticamente impensable; se ha perdido. Valoramos mucho esos tiempos: todo el rock and roll que ha sido Vallecas; y que en algunos puntos sigue siendo, toda una banda sonora con un tejido cultural vecinal, reivindicativo y obrero.

A colación de lo que cuentas, habláis en el disco de entender el rock como una forma de vida. La actitud en cuanto a letras sigue intacta, pero os habéis tenido que adaptar para sobrevivir como banda, casi profesionalizándoos, diría. ¿Cómo se vive esto y qué cambios implica?

Lo dices perfectamente. La banda va pasando etapas. Primero tienes una etapa en la que solo piensas en tocar a toda costa, por cuatro perras, por lo que sea, por esa necesidad de músico de estar en el local. No es que se pierda la ilusión, sino que vas creciendo y los conciertos se van profesionalizando; la banda se va profesionalizando cada vez más.

Es prácticamente muy difícil o imposible vivir de la música en este país, y más haciendo la música que hacemos nosotros. Pero lo importante es seguir adelante, seguir avanzando, seguir creyendo en lo que haces. Creo que con esos ingredientes una banda sigue viva.

Sobre todo, dándole gasolina, sacar material nuevo cada equis tiempo. Ahora vivimos momentos de consumo muy rápido, muy efímero: parece que, si no estás sacando canciones o singles todo el rato, no existes. Pero la música ha pasado y pasará por etapas. Parece que el rock no está de moda, pero siempre acaba siendo vanguardia.

Las letras siguen girando en torno al compromiso social. En un contexto donde muchas bandas suavizan su discurso, ¿sientes que la música combativa sigue siendo necesaria? ¿O piensas a veces que le cantáis a gente que ya está convencida y no vais a llegar a otro tipo de personas?

Lo importante es que tú seas fiel a tus ideales y tus sentimientos a la hora de escribir una canción. Ese es el primer paso: que a ti te emocione y te guste. Si pasa tu filtro, ya luego pasará a un segundo plano, porque no puedes transmitir algo en lo que no crees.

Es evidente que no puedes estar ciego al cien por cien a lo que tu público opina, siempre es importante sondear y ver qué pasa ahí. Es cierto lo que dices, la gente ahora huye bastante de un mensaje más comprometido, que en los noventa u ochenta era muy necesario.

Yo pertenezco a esa generación donde escuchabas bandas que te abrían la cabeza, te hacían pensar y te contaban problemáticas; te colocaban en un lado de la barricada desde el que querías defender causas sociales y cambiar el mundo.

Creo que el rock and roll sigue siendo un vehículo necesario para los cambios sociales. Se puede hacer una letra de muchas maneras, pero el mensaje puede estar ahí. Es importante no perder ese espíritu combativo y reivindicativo. No hace falta ser panfletario todo el rato ni usar palabras manidas; se puede hablar de muchas cosas sin recurrir siempre al sota, caballo y rey.

Lo importante es transmitir y seguir hablando de problemáticas, porque en una sociedad tenemos temas para aburrir.

Para cantarle a las flores siempre habrá tiempo. En el grupo también tenemos canciones que hablan de sentimientos y vivencias cotidianas, que son quizá las más comunes entre todos. Pero creo que el mensaje no lo podemos perder.

«Renunciar a actuar en festivales, como es el caso del Viña, es una decisión dura, sobre todo para una banda como nosotros, que no vivimos del todo de la música y a la que se le cierran ciertas puertas»

En este disco contáis con colaboraciones. ¿Cómo salió, por ejemplo, la colaboración con Cuchi Romero?

La colaboración con Cuchi, de Marea, salió muy natural. Es un tío que se enrolla muchísimo con todas las bandas. Teníamos una canción rápida y poética que hablaba de muchas cosas y queríamos “ponerle la cresta al Cuchi”, por decirlo así.

Le pegamos el toque y respondió enseguida. Es un amor de persona; para él, un saludo desde aquí, igual que para los Kaótico, que también se apuntaron a otro tema del disco.

Las colaboraciones en nuestro caso, y supongo que en el de mucha gente, vienen precedidas de la ilusión por esos grupos o personas que en su momento te marcaron cuando escuchabas música. Tener luego la posibilidad de darle la vuelta a la tortilla; montar tu grupo, hacer tus canciones y que esas personas acaben formando parte de tu historia es algo muy bonito.

Eso es algo que hemos mantenido en todos los discos, en mayor o menor medida, y que siempre será marca de la casa.

Y la producción la tenéis con Kosta, de Boikot, como me has comentado antes. ¿Qué ha aportado él? Me comentabas antes que la concepción del disco ha sido un poco desde vuestras casas, luego el local y, finalmente, estudio con Kosta.

En nuestro caso, Kosta es como el quinto Beatle. Llevamos trabajando con él desde el primer disco, en 2011. Luego tuvimos una etapa con Toni López porque nos gustaba también la idea de cambiar de productor.

Ahora hemos vuelto con Kosta y nos entendemos a la perfección, nos conoce muy bien, sabe lo que necesita cada canción, sabe dejar respirar los temas.

Al final es uno más a la hora de trabajar un disco y para nosotros su participación es importante. Estamos muy agradecidos, tanto a él como a Toni y a todas las personas que han trabajado en cada disco de No Konforme, porque esos discos son lo que son también gracias a ellos.

Para nosotros es un placer y un aprendizaje. Cuando tú ya no llegas a visualizar qué necesita una canción, tener la figura de una persona que sí sabe ver más allá, que ofrece recursos musicales que tú ya tienes muy manidos, es clave. Es una visión externa musical, y eso siempre es importante.

Habéis tocado en todo tipo de sitios, y en los últimos tiempos no eres ajeno a la polémica en torno a algunos festivales, entre ellos Viña Rock, por su vinculación con un fondo de inversión israelí. No sé si os han propuesto tocar allí o, si os lo hubieran propuesto, cómo habríais actuado. ¿Cuál es vuestra visión de este tema?

Nosotros fuimos de las primeras bandas en posicionarnos en contra de esta situación. Hicimos un comunicado en mayo, cuando se destapó todo a raíz de un artículo, y nuestra reacción fue rápida, no dudamos en ningún momento de que había que decir algo. Llevamos un mensaje con Palestina desde hace muchos años; en el nuevo álbum hemos hecho además una canción sobre el tema.

Era también una manera de decir: “Oye, chicos, tal y como está la cosa, hay que decir algo”. Buscábamos concienciar al resto de bandas y era una olla a presión. Creo que en el Viña venían pasando cosas y quizá esto ha sido la gota que colma el vaso. Hemos tocado cuatro o cinco veces allí, siempre muy agradecidos porque ha sido y es casa del rock desde hace muchos años, y nos apena que se haya convertido en un circo. Ojalá en algún momento pueda volver a ser lo que fue. Por nuestra parte, estamos convencidos de nuestra decisión y orgullosos de que muchos compañeros se hayan unido.

No es un boicot, realmente, es una huelga: una manera de decir “debéis escuchar al público y a las bandas”. Es un gesto importante y creo que entre pequeños gestos se consiguen grandes victorias, sobre todo en un lugar donde las bandas que han ido al Viña durante treinta años llevaban un mensaje reivindicativo y combativo, con una posición clara contra un genocidio.

Entiendo lo que dices, más siendo prácticamente una “banda de la casa”. Tiene que ser duro, por una parte, decir “no” a conciertos que os pueden reportar beneficios tanto económicos, como personales.

Renunciar a actuar en festivales es una decisión dura, sobre todo para una banda como nosotros, que no vivimos del todo de la música y a la que se le cierran ciertas puertas. El Viña es un escaparate potente, renunciar a él es renunciar a un bolo más y a mucha gente, pero creemos que no admite dudas.

Por un concierto no… Creo que es un símbolo, una manera de posicionarte. Por nuestra parte, orgullosos de haberlo dicho y hecho. Ojalá cambie de manos, aunque ahora mismo vemos una huida hacia adelante y lo miramos con cierta tristeza.

La banda sueca Refused, tocó el año pasado en muchos festivales. Se hicieron un circuito por toda Europa y en la península actuaron en seis o siete festivales. Dos de estos, precisamente, vinculados al fondo israelí de marras. En una entrevista los preguntaban por eso, ya que es una banda muy reivindicativa; y se despacharon comentando que lo sabían: pero que para ellos era mejor actuar allí para propagar el mensaje desde dentro. ¿Qué opinas de esa respuesta y esa, digamos, “solución”?

No, evidentemente eso no iría con No Konforme, porque al final estás participando de ello, formas parte de ese engranaje. No creo que se cambien las cosas desde dentro en este caso: no está en tu mano. Tu posición es ir a tocar o no ir. Hay artistas que están ganando miles de euros y tienen montones de conciertos, y por uno se emperran en que “es su trabajo”. Pero si tus compañeros se están yendo a la huelga, tú al final estás siendo un esquirol.

Es especialmente sangrante que estén haciendo contrapeso bandas que no viven de la música, que tienen más que perder que tú. A mí me daría vergüenza, siendo músico profesional. Entiendo que hay muchos contratos e intereses y que mucha gente no quiere perder dinero. Pero cada cual con su conciencia; lo que se puede hacer desde tu mano, hazlo.

Con todo lo vivido, cambios de formación, giras largas, alguna pausa necesaria ¿qué es hoy lo más difícil de mantener en una banda como No Konforme: la coherencia ideológica, la energía creativa o la vida personal fuera del grupo?

Al final todo es un equilibrio. Tienes una relación con muchas personas dentro del grupo que tienen que ir todas a una. Para que una banda dure y tenga continuidad tiene que haber un proyecto común, una misma dirección y unas pautas de trabajo. No todo el mundo pasa por los mismos momentos vitales y mucha gente se queda en el camino, más cuando no vives de la música; es complicado. Creo que la ilusión es lo más importante, la ilusión de seguir haciendo música y de seguir subiéndote a un escenario.

Compaginarlo con la vida cotidiana se hace difícil. Necesitas estar bien rodeado, de gente que te apoye y te comprenda, y tú también poner de tu parte para que ese equilibrio no se rompa. Y luego: la creación es importante, porque siempre que hacemos un disco queremos estar convencidos de que lo que tenemos entre manos es un material interesante y que el reto es superar lo anterior. Luego lo consigues o no; el tiempo y el público lo dirán. Pero ilusión, trabajo y constancia son clave.

No todo el mundo tiene la misma capacidad de trabajo y de constancia durante tantos años; el reto es que la banda esté lo más equilibrada posible para que la gente que está dentro tenga esas facultades que hacen que esto siga adelante.

Para terminar: ¿qué puede esperar del disco alguien que nunca os haya escuchado?

Cuando hacemos discos, lo que deseas como músico es que te escuche cuanta más gente mejor. A mí la alegría me la da ver gente nueva en los conciertos, caras nuevas, porque la vieja guardia pretoriana va creciendo, cambiando y es normal. Para que un grupo sobreviva, una de las claves es que tu público se vaya renovando, que vaya cambiando y creciendo.

Creo que quien se acerque al disco se va a encontrar canciones con las que se va a sentir identificado en muchos casos, melodías muy potentes y letras de verdad, hechas con el corazón.

Va a encontrar un trabajo maduro, serio, en el que creemos mucho. Estamos convencidos de que le va a gustar.

Puedes escuchar el nuevo disco de No Konforme a continuación:

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