Activo colaborador del sello PC Music que puso en circulación A. G Cook en 2013, Danny L. Harle es uno de los representantes más hábiles del llamado hyperpop. ¿Qué es este subgénero de la música electrónica? Es un término en el que cabría incluir muchas ideas postmodernas de entender el sonido dentro del zeitgeist de un mundo global sometido a las redes sociales, a las estéticas llamativas tipo kawaii, así como los ritmos chispeantes, capaces de saturar los sentidos a base de teclados que parecen pirotecnia sonora. Una narrativa en el que la realidad y la ilusión virtual se confunden, en donde el arte germinaría de entre las miles de bibliotecas de sonidos almacenados en los ordenadores de muchos nerds que hacían pop con software pirata.
Anque Harley ya debutó con su disco Harlecore en 2021 en el que jugaba con los avatares y los sonidos raveros, en las entrevistas de promocion el británico considera este Cerulean (XL Recordings,2026) como su álbum de debut ad hoc ya que con este artefacto ha conseguido concentrar todas las ideas que hasta ahora se mantenian dispersas y en donde daba cuenta de su habilidad para crear pop de rayos láser con ganchos melódicos irresistibles, con una paso en la vanguardia y otro en el kitsch.
Este joven compositor que acabó sus estudios universitarios de Música Clásica en la Goldsmiths de la Universidad de Londres, y que como trabajo final de carrera compuso una pieza musical en la que combinaba elementos de clásica con la de videojuegos, ahora se entrega, de nuevo, al baile hipersensorial, con un disco repleto de voces femeninas (excepto el aporte de MNEK) que, a su entender, son las que mejor encajan en este proyecto, porque en sí mismas son como instrumentos que él manipula a su antojo, pero sobretodo, tienen una impronta personal de primer orden.
El disco hibrida tonalidades clásicas con las inercias de fuuturo, como en el interludio inicial, “Noctilucence” que parece música renacentista mezclada con los láseres de una rave, o en “Laa” que hace uso de armonías del periodo renacentista coral. “Starlight” tiene el cameo de Pinkphanteress, y es una fanfarria de sonidos acelerados con la voz pasada de helio. Caroline Polacheck canta en la preciosa “Azimuth”, una melodía que juega con los contrastes: entre lo orgánico e inorgánico; entre el intrincado cableado de la banda ancha y la pulsión humana.
Harle está obsesionado con la onda de sierra, un tipo de onda utilizada para las producciones de música electrónica, y que permite al creador mucha versatilidad a la hora de arrojar múltiples armónicos y frecuencias de graves. Esta experiencia auditiva se nota en todo el disco. Temas ricos en texturas como “Raft In The Sea” con Julia Michaels a las voces, y que resuenan ecos del eurobeat; la fantasía Disney junto a Dua Lipa (la escribió mientras trabajaba en las sesiones de Future Nostalgia) en “Two Hearts”, un carrusel de sonidos en donde habitar en tu propia fábula de colores chillones; sus hijos pequeños ponen voces en “Island (da da da), un tema de trance con acordeón incluido (parecidos razonables con Sash! y el hit “Ecuador”), y el tema junto a Oklou y MNEK es otra pieza de contornos mutables en donde se dan cita el happy hardcore y el house de Chicago.













