Pokey Lafarge – Rock Bottom Rhapsody (New West Records)

Tocar fondo. Eso significa la expresión rock bottom, que tan frecuentemente se ha usado por los letristas del rock and roll para hacer referencia a situaciones que se han repetido una y otra vez a lo largo de su historia. No es difícil que cuando uno experimenta el éxito por el que ha trabajado tanto se deje embriagar por el mismo. Las malas decisiones suelen venir de la mano.

El músico de Illinois Pokey Lafarge no es que fuera el amo del mundo en 2018, pero desde luego había conseguido sus objetivos: su recuperación de ambientaciones más antiguas que el rock en un momento en que el mundo quería bailar exactamente eso, le había permitido vivir de su música, comprar una casa, comida, bebida (y lo que no es bebida), mujeres… tanto, que su residencia en St. Louis se le quedó pequeña y sintió la necesidad de buscar algo más grande. Los Angeles parecía la elección perfecta, ahí se juntaría con músicos talentosos y encontraría nuevas vías de inspiración. Pero, ay, la inspiración suele ser caprichosa y lo que él pretendía que fuera trabajo se tornó en vida disipada. Tanto, que casi rozó el infierno.

Ya sabemos todos cómo son los americanos. A toda macro-juerga le tiene que seguir un arrepentimiento místico. Algo parecido le pasó a él, volvió al redil cabizbajo tras su desfase y buscó la redención en una música que llegó a pensar que sería lo último que haría en este mundo. Así nació Rock Bottom Rhapsody, un disco que nos lo presenta, ya desde la portada, bailando con la muerte. Una especie de álbum conceptual sobre eso de llegar al límite, a modo de radiografía de quién era Pokey Lafarge en el momento concreto que describen estas canciones y que ya no existirá nunca más, o eso al menos espera él…

Tras el cambio estilístico que supuso Manic Revelations (2017), que le presentaba abrazando sonidos más cercanos al rock y al soul que el blues y country vintage que practicaba en trabajos anteriores (los que le dieron la fama), el de Illinois decide aquí seguir por esa senda, con los mismos músicos -luminarias como Chris Seefried y el mismísimo Jimmy Sutton– y en el mismo estudio de Chicago, aunque de una manera algo más reposada, a tono con el halo redentor que tiene todo el disco.

Una apertura de clasicismo romántico que puede llegar a chocar si uno conoce los anteriores trabajos de Lafarge da breve pistoletazo de salida al que es por derecho propio uno de sus trabajos más inspirados y sin duda alguna, su disco de madurez. Madurez bien entendida, no es que se nos haya vuelto aburrido el hombre. Inmediatamente tras ese fragmento de rapsodia que abre y se repetirá más veces, a forma de hilo conductor, la historia comienza con “End of my rope”, uno de esos singles claros necesarios para que el oyente se meta de lleno en el argumento. La canción lo consigue de pleno a base de una infalible mezcla de rockabilly y country contemporáneos que le emparentan con luminarias como J.D. McPherson y hace que resulte completamente irresistible continuar escuchando.

Sigue un blues de título tan claro como “Fuck me up”, que sirvió como single de presentación del disco y que mantiene perfectamente un ritmo que la frenética “Bluebird” sigue levantando. Semejante primera andanada requiere algo de relajación, que viene prestada por una balada tan bella y decadente como “Lucky sometimes”, a la que siguen dos medios tiempos luminosos y seductores, “Carry on y “Just the same”, que parece que representan el punto álgido de la historia que este álbum nos quiere contar, antes del descenso a los infiernos, que da comienzo con el ritmo martilleante de “Fallen angel”, que inicia el camino de salida al que también conducen las trazas doo wop de “Storm-a-comin’” o el tributo velado a Sam Cooke que es “Ain’t comin’ home”, hasta desembocar en los aires latinos de “Lost in the crowd”, que junto a la coda clásica final dan el cierre a esta historia de perdición que no obstante, produce sensaciones de lo más placenteras. Lafarge sigue siendo ese músico que ha sabido reinventarse constantemente sin perder un ápice de encanto. No podemos decir que sea su disco más acertado, porque la verdad es que todos, desde aquél homónimo de 2013 lo han venido siendo, todo lo que podemos decir es que sigue manteniendo un listón que ya tenía bien alto. Bendito rock bottom, pues!

Escucha Pokey Lafarge – Rock Bottom Rhapsody

 

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