Tras un periodo de tiempo alejado de los focos por decisión propia, Ángel Stanich se presentaba en una repleta Sala La Trinchera malagueña (en lo que supuso su debut en dicho emplazamiento), para desplegar las bondades de su nuevo disco y repasar un cancionero de por sí amplio y consistente.
Por La Hierba (Calaverita Records, 2026) nos acerca a una versión actualizada y ambiciosa del músico santanderino, habitada por sus recurrentes pasajes cargados de un surrealismo pleno de ironía y personajes llevados al límite. Con una puesta en escena sobria y una banda siempre eficaz y aplicada, a pesar de que muchos echamos de menos la imponente presencia de Víctor L. Pescador a las seis cuerdas, Stanich fue recorriendo las sendas que transitan por lo más granado del folk-rock lisérgico y de fuerte carga onírica, mientras desgranaba clásicos de su repertorio y dejaba caer el peso del set en los temas de su reciente álbum.
En tiempos de prisa y urgencia atropellada, sus desarrollos se toman su tiempo para calar, dando la espalda a las coyunturas y abrazando una personalidad que se proyecta como uno de sus más preciados tesoros. A las primeras de cambio, “Os Traigo Amor” dispara ya certera, con una de sus melodías más redondas en primer plano. Entrados en faena, “La Casa Negra” y “Súper Gris” continúan ahondando en la frescura de su nuevo material, capaz de llegar por la vía directa o buscar caminos menos obvios pero igualmente seductores.
Primera parada en sus hits de siempre: “Un Día Épico”, fervor popular, y recuerdos a un pasado de resplandeciente vigencia. La sensación de que la realidad se le queda corta revolotea alrededor de “He Ido Más Allá”, capaz de cartografiar un imaginario inquieto y audaz como el suyo. El mantra hipnótico de “Carretera o Trueno” supuso un punto de inflexión, una puerta de entrada a esas historias que tan bien radiografían el absurdo a través de unas letras que no dejan títere con cabeza. No, no salió Anni B Sweet a dotarla de ese encanto flúor que tanto hace crecer la versión en estudio, pero resultó igualmente convincente.
“Rey Idiota” dio paso a un tramo victorioso de singles, con “Poquita Fe”, “Hula- Hula” y “Carbura!” jugando sobre seguro sobre esos ritmos hedonistas tan proclives al contoneo, antes de abrazar la calma con “Por La Hierba”, logrado medio tiempo con aroma a pastos y pradera. El tour de forcé final con “Nazario”, “Escupe Fuego” y la infalible “Mátame Camión” sirvió como epílogo para una noche que acabó con fiesta sobre el escenario al ritmo de “Dancing In The Dark” de Bruce Springsteen.
Una vez más, el extraño magnetismo de Stanich se las ingenió para cautivar sin necesidad de alardes o imposturas, haciéndose fuerte a base de carisma y savoir faire. Tras una parada de avituallamiento emocional puertas adentro, su regreso es, sin duda, motivo de reconfortante celebración.
Foto Ángel Stanich: José Megía




















