En la historia del trash metal y el hardcore estatal hay pocas trayectorias tan orgánicas, como improbablemente masivas, como la de Soziedad Alkoholika. Antes de redes sociales, campañas de marketing digital y toda la era Internet, hubo una maqueta, Intoxikazión etílika(1990), que casi como un artefacto clandestino, marcó toda una época. Cintas copiadas una y otra vez, pasadas de mano en mano en gaztetxes, bares y locales de ensayo donde todavía olía a fotocopias de fanzine, hicieron lo imposible.
Aquellas canciones, entre ellas “Nos vimos en Berlín” o “S.H.A.K.T.A.L.E.”, ambas recuperadas anoche, se transmitieron por el boca a boca con la misma lógica viral con la que hoy se comparte un video de TikTok, solo que entonces había que rebobinar con un boli Bic. Durante los noventa, ver el logo de Soziedad Alkoholika estampado en camisetas negras era tan normal como ver el logo que Arturo Vega creó para los Ramones. Y es que ellos estuvieron a punto de convertirse en esos Ramones ibéricos que vendían más camisetas que discos (iconografía por encima de discografía) pero hubo un cambio importante: Ratas (1995), piedra angular de su catálogo, arrasó y alcanzó el Disco de Oro en España con más de 50.000 copias vendidas, una cifra totalmente inusual para una banda extrema, incómoda y al margen del circuito convencional. Ese equilibrio entre símbolo generacional y músculo discográfico explica por qué, más de tres décadas después, siguen llenando salas como La Riviera.

Lo que pasó en el concierto, ubicado dentro del ciclo Sound Isidro, no fue una reunión de veteranos para un revival de su juventud, sino una demostración de vigencia brutal. “Ace of Spades” de Motörhead como intro fue un guiño perfecto, Lemmy bendiciendo la ceremonia desde el Valhalla del volumen, además de sellar lo que iba a ser un concierto genuino de Soziedad Alkoholika.
El arranque con “Alienado”, funcionó como catalizador perfecto de lo que vendría a continuación. Le siguieron “Falsos dioses”, “Control de Masas”, e “Infiltrados” todas de su último disco, Confrontación (Maldito Records 2024), reafirmando los pilares ideológicos y sonoros del grupo: riffs monolíticos, precisión apabullante y una capacidad intacta para convertir la denuncia política en metralla coreable.

“Política del miedo”, rescatada de Mala sangre (Roadrunner 2008), sonó especialmente vigente en tiempos de sobresaturación mediática y guerras sin sentido (suponiendo que haya alguna con fundamento). S.A envejecen bien, pero es que, tristemente, el mundo insiste en darles la razón.
Hubo un inteligente equilibrio en el set para sacar a relucir todas sus etapas. De ¡No intente hacer esto en su casa! (Mil a gritos 1997) cayeron “Palomas y buitres”, “Peces mutantes” y “Cuando nada vale nada”, integradas con naturalidad en un repertorio en el que, las concesiones a la nostalgia pueden interpretarse como continuidad lógica de un discurso nunca interrumpido.

El bloque central fue directo a la yugular, “La aventura del saber”, “Enemigo a las puertas” y “Ratas” posiblemente comenzaron a levantar los momentos más feroces de la noche. Cuando arrancó “Ratas”, La Riviera se convirtió en un coro compacto, como si toda la sala hubiera memorizado la canción por ósmosis generacional. Es ahí donde se entiende la dimensión cultural de Soziedad Alkoholika, sus himnos además de sobrevivir se heredan.
Hay que hacer una parada en la generosa puesta en escena que gastan, juegos de luces efectivos a la par que imposibles, una espectacular pila de cajas de sonido personalizadas con el nombre de la banda, humo, mucho humo y cañones de CO2, para usarlos en algunos temas. Y todo eso no resta un ápice al equipo humano de encima del escenario, ni una parada (empalman casi todas las canciones) y todo perfectamente empaquetado para servir caliente a sus fans, con especial mención a Juan – vocalista de la banda desde sus comienzos en Vitoria – que no para de moverse, sin fallar en las voces.

Aunque para ese entonces ya se había disparado “S.H.A.K.T.A.L.E.”, (dedicada “cariñosamente” a Ayuso, por cierto) de su mencionada primera maqueta, “Nos vimos en Berlín” vino a cerrar un concierto, digamos, perfecto. Lo triste es la vigencia de la canción de cierre, con toda la sangría que está haciendo Israel, dejando zonas muertas a su alrededor sin que ningún país haga nada. Justo lo que predijo la canción allá por 1990.
Tocar estos temas hoy no son gestos de nostalgia, son reivindicaciones, tanto por la temática, como por sus orígenes, es imperioso recordar que todo esto empezó con unas canciones de unos entonces chavales, viajando en cintas TDK, antes de que existiera Spotify o siquiera la posibilidad de imaginar que una aplicación te iba a poder recomendar thrash metal/hardcore vasco.

A pesar de los años, de cambios de formación, de las vicisitudes de la vida y la carretera, Soziedad Alkoholika, siguen funcionando como siempre, entrando, golpeando y saliendo. Además, demuestran no vivir de su legado, actualizando los setlists de cada noche con una generosa lista de canciones de su último disco. Anoche en La Riviera no ofrecieron un revival, ofrecieron una prueba de resistencia y la volvieron a ganar.
Fotos Soziedad Alkoholika: Fernando del Río













