La noche del pasado viernes en la Sala Mon tenía una mezcla generacional que solo algunos conciertos están capacitados para convocar, desde chavales con camisetas de la banda, hasta veteranos que seguramente vieron a My Bloody Valentine en VHS. Todo auspiciado bajo el paraguas del ciclo de conciertos de Sound Isidro.
Sin llegar a colgar el cartel de “sold out”, la entrada fue más que digna, lo suficiente para dotar a la sala de calor humano, que convirtió al Shoegaze (un género que en disco es mayormente introspectivo) en una experiencia nada fría y muy física.

Y es que había expectación por ver defender los nuevos temas del belga Joachim Liebensal frente de sus The Haunted Youth, que sacan su nuevo álbum el próximo ocho de mayo. Arrancaron con “In My Head”, como una declaración de intenciones, capas de guitarra flotando sobre una poderosa base rítmica y un sintetizador muy presente, mientras Liebens se movía entre la fragilidad esa pose de frotman que no quiere serlo. Esa mezcla, lejos de parecer indecisión a la hora de afrontar un concierto, es precisamente marca de la casa en directo, “escondiéndose” también el resto de la banda entre humo, un escenario monocromático y prácticamente a oscuras en casi toda la actuación.
El setlist, mayoritariamente sustentado en el mencionado nuevo trabajo, de título Boys Cry Too (AntiPop Records) avanzó sin concesiones a las paradas, dando la sensación en todo momento de ser un viaje perfectamente articulado a través de sus canciones.

“Castlevania” y “Deathwish” consolidaron el muro de sonido, con una banda cada vez más cómoda sobre el escenario, mientras que “Emo Song” y su hit indiscutible “Teen Rebel” conectaron con el público más conocedor, que las coreó animadamente.
A partir de ahí el concierto se situó entre la melancolía de “I Feel Like Shit and I Wanna Die”, la psicodelia narcótica de “Into You” y “Broken”, hasta llegar a abandonar el Shoegaze esgrimido en toda la actuación, para enganchar con la melódica y guitarrera “Forget Me”.

Fue después de esta cuando Joachim abandonó la guitarra para hacer más de frontman, abandonado el escenario en beneficio de un pogo con los de primeras filas.
El tramo final con “I Hear Voices” y “Coming Home”, funcionó como epilogo perfecto, dejando la sensación de que estamos ante una gran banda en directo. Lo autentico de The Haunted Youth no está tanto en reinventar un género de los 90s, más bien es convertirlo en una suerte de diario emocional muy de los tiempos que corren: ansiedad, alienación y saber encontrar la belleza en el desastre.

Su crecimiento no es casual, puede que les falté ese golpe definitivo para jugar en una liga mayor, pero tienen canciones, actitud y una identidad en directo muy definida. Al salir de la sala cualquiera podría tener la sensación de haber estado flotando algo más de una hora, que en estos tiempos no es poca cosa.
Fotos The Haunted Youth: Fernando del Río















