A estas alturas, la militancia de Harry Styles en la boy band One Direction parece ya un recuerdo lejano y difuso. Disco a disco, el artista ha ido dejando (muy) atrás aquel traje artificial y preconcebido para el éxito y, aunque el fenómeno fan siga (y seguirá) acompañándole, la solidez y seriedad de su plano creativo ha ido cogiendo cada vez mayor cuerpo y solemnidad. Un trazado que, por el camino, también ha sacado a la luz esa inspiración que ya se antoja más bien tirando a evidente.
Si Harry Styles (Sony, 17) y Fine Line (Sony, 19) dejaron las primeras pistas acerca del nuevo enfoque del británico, Harry’s House (Sony, 22) confirmó el correcto reciclaje del autor, apostillado en firme sobre un cauce correcto que ahora se confirma con el que es su cuarto álbum de estudio. “Kiss All The Time. Disco, Occasionally” es un álbum más meditado –puede que incluso más maduro– que su antecesor, en el que (sorpresivamente) no tiene cabida un hit afilado e incontestable como “As It Was”. Y es que, a cambio, la referencia apuesta por ofertar un lote de doce canciones sin altibajos ni grandes aspavientos.
Una selección más que notable, que se mueve con soltura entre synth-pop, pop de masas, funky y electro-pop. Diferentes versiones del pop, por tanto, que, aunadas a su vez al amparo de una obra común, revalorizan el global. Styles matiza esos pasos en diferentes direcciones con distinción y una buena colección de adornos o experimentaciones. Desde las bonitas “The Waiting Game”, “Paint By Numbers” y “Coming Up Roses” hasta los ambiciosos sencillos “Aperture” y “American Girls”, pasando por otros brotes del tipo de “Dance No More” (con la sombra de Prince), ese manifiesto indisimulado que ha bautizado como “Pop” o la final “Carla’s Song” refrendando el buen sabor de boca.
Un título que debería convencer, sin demasiada dificultad, a seguidores de héroes del indie como The Postal Service, Two Door Cinema Club, Metronomy, Parcels o Phoenix. Kiss All The Time. Disco, Occasionally no es, en definitiva, sino un acertado homenaje al pop contemporáneo y con mayúsculas, materializado por un tipo bien parecido, de bonita voz y que, a sus treinta y dos años, parece lo suficientemente inquieto (y talentoso) como para seguir protagonizando una carrera de buen pulso.















