Ángel Stanich cierra su gira en Madrid y Barcelona

En poco más de tres años desde su ya emblemático debut como artista inclasificable (Camino Ácido -2014), aquel desconocido Ángel Stanich de voz extraña, barba y cabellera hirsuta, se ha convertido en una de las referencias de renovación musical más vigorosas y aclamadas por músicos, medios y público. Una frenética actividad de incontables conciertos y festivales que sin concesiones promocionales ni entrevistas, sorprende a todos con una insólita personalidad salpicada de imágenes cinéfilas, ingenio surrealista e ironía. Una travesía  apuntalada por sutiles himnos generacionales como Carbura ! (Cuatro Truenos Cayeron, 2015), christmas envenenados (Jesús Levitante) y, ya al filo del verano del 2017, Siboney, un exuberante EP que clausura ciclo y abre la puerta a nuevas e insospechadas aventuras, al deslumbrante universo de su nuevo álbum,  Antigua Y Barbuda. 

Antigua Y Barbuda es un safari emocional por 10 maravillosas historias (11 en CD),  donde esa extraña e inconfundible voz nos guía a través de expediciones  literarias  en el tiempo y sonidos cambiantes que te dejan boquiabierto. De la acidez romántica que destila la preciosa oda de fragilidad “americana” que abre el disco (Escupe Fuego),  a la malévola ironía bailable de Hula Hula, ingenioso homenaje a la indietrónica nacional de los 90’s (de La Casa Azul al Bowie/Chic).  Del sublime escalofrío que recorre esa imposible odisea de crónica negra que es Galicia Calidade (entre Grateful Dead y los mejores Wilco),  a la hondura emocional de esa enorme epopeya existencial, Casa Dios, con sentencias definitivas como “soy un náufrago convencido”;  o la insólita recreación historicista (Camaradas)  de un romance de izquierdas en la hoy ¿denostada? Transición del ‘78, en la que él ni siquiera había nacido.

Metáforas ciclistas sobre “la soledad del corredor de fondo” (Le Tour 95 -el último de Indurain-). Road-movies ferroviarias de fuga y búsqueda (Mas Se Perdió En Cuba) salpicadas de detalles imaginativos y seductoras travesías de piano y guitarras con el Cortés menos killer. Confesiones privadas entre bruma envolvente (Rio Lobos). Demoledores trallazos como el sorprendente guiño a esa cumbre del surrealismo fílmico nacional, Amanece Que No Es Poco de Jose Luis Cuerda, en forma de brutal canción suicida: Mátame Camión. O el subyugante misterio de esa llamada de atención cósmica  que es Cosecha, una fantasía sonora de cellos y audaces arreglos por la que flota el espíritu arcano del cine de Shyamalan, el Bowie de Space Oddity o el Astral Week  de Van Morrison,  como desconcertante epílogo.

Te recordamos las fechas de Ángel Stanich:

22 de noviembre – MADRID Sala La Riviera

24 de noviembre – BARCELONA – Sala Apolo

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