Cycle – Sleepwalkers (Subterfuge)

 Los aclamadísimos Cycle regresan, cuatro años después, con el lanzamiento de Sleepwalkers – un disco producido y escrito en su mayoría por el inquieto David Kano. Kano, esa figura-remiendo en que se aglutinan ecos y reverberaciones de al menos una docena de estilos estético-musicales: industrial, techno, psychobilly, punk & cyberpunk, rock gótico, electroclash, ese tipo de cosas. La verdad es que para cualquier amante del negro el resultado de tan espesa y oscura mezcla, de tan agitado alquitrán musical, debería parecer, a priori, interesante. Y en efecto el resultado es algo con cara y ojos, definido, personal. Diferente. Llamativo. Por desgracia, también muy malo.

La idea principal de Sleepwalkers vuelve a ser la contundencia techno-punk que ya recordábamos de Weak on the Rocks (2005), con momentos de himno de club (a destacar la limpieza del riff trancero de “You talk too much”, o la bailable “Let me down”) y otros más cercanos al rock industrial de los ochenta (como en “Survival of the fittest”). En suma, nada nuevo bajo el sol, lo cual de por sí no es malo cuando uno se desenvuelve en el estilo en que trabajan los Cycle. Aquí, lo importante es la contundencia, la provocación, y dar un sonido lo más pesado y arrollador posible. Y en ese sentido, cabe dar crédito a Cycle: su música es mucho más sólida y estructurada de lo que se suele oír de este lado de los Pirineos. Sus bases, su fraseo, su manera de moverse entre riffs pegadizos y coros sugerentes no tiene nada que envidiar a ninguno de sus contemporáneos europeos o americanos. No obstante, hay tres o cuatro cosas que sí son motivo para la preocupación y/o la huida.

Uno: aquí y allá, signos claros de que se están copiando a sí mismos. Esencialmente destructivo para cualquier grupo, si es mínimamente consciente de la importancia de explorar nuevos territorios – por aquello de no dar la impresión de que se está intentando sacar petróleo de una única buena idea que se tuvo una vez. Vamos a dar como único ejemplo “Survival of the fittest”, que puede recordar un pelín demasiado a su propio gran éxito “Confusion”. El disco en general está trufado de paralelismos del estilo, cuya localización puede resultar un entretenido pasatiempos para los fans del grupo.

Dos: si ya lo hicieron los Sisters of Mercy hace más de veinte años, ¿para qué repetirlo a estas alturas? “Forbidden Fruit”, por ejemplo, es una buena canción, no tiene sentido negarlo, pero es puro Sisters sin conservantes ni colorantes. Nuevamente, surge la misma queja: ¿se podría pedir algo más de originalidad? Existe una clara diferencia entre inspirarse en alguien y copiarlo como un crío en un examen que no ha estudiado bien.

Tres: la total homogeneidad de las canciones. No sólo a nivel de sonido: también las letras de todas ellas orbitan irremediablemente alrededor de los mismos temas. Épicamente personales o crípticamente oscuras, siempre repitiendo lugares comunes, son letras cuyo significado tácito es que están escritas por alguien con poco  que decir pero con un sentido claro de que tienen que ser en inglés y han de emplearse las palabras clave habituales: break/broken, body/soul, everything, wanna tell, etcétera. Vacío, vacío, vacío. Pero incluso aceptando que no se le ha dado demasiada importancia a la letra, y sí al sonido, el mismo problema  asoma. La misma canción, una y otra vez, más o menos rápida, con más o menos estrofas, más o menos mala. La monotonía se agudiza canción tras canción y, al rato de escucharlo, sobreviene un tremendo tedio que puede desembocar en episodios agudos de narcolepsia; por tanto, no se recomienda escuchar Sleepwalkers mientras se conduce o maneja maquinaria pesada.

Cuatro: las letras pueden ser buenas o malas, pero hay pocas cosas que den peor imagen que escribirlas en inglés CUTRE. Faltas de ortografía, de sintaxis, de gramática, un sinfín de chapuzas que valdrían un cateado en el examen del First. De traductor automático, vamos;  la impresión que transmite es la de que Cycle no pasan de ser una banda de barrio con delirios de grandeza. Las letras están perpetradas por el alemán Matthias Freund, y nos demuestra que nuestros amigos germanos, como tantos y tantos grupos de rock patrios, también tienen tendencia a alucinar con lo que hacen los inglesitos y copiarlo mal. Como siempre, lamentable, y más cuando se ha grabado nada menos que en Londres. ¿Es que no tenían ni un coleguilla inglés que les corrigiera las canciones? ¿Que cara debían poner los técnicos de sonido? En resumen, que aún sabiendo que criticar la corrección idiomática se desvía un tanto de la pura apreciación musical, el caso de Sleepwalkers es lisa y llanamente de vergüenza ajena, digno en algunos momentos de figurar no tanto en las listas de éxito como en las páginas de From lost to the river.

El regreso de Cycle es, pues, un disco que debería reservarse únicamente para los aficionados al sonido tecno-punk menos exigentes, para aquellos que no esperen maravillas y se conformen con los ocasionales buenos momentos de música bailable del disco (que los hay) y para los fans incondicionales del grupo. Pero sólo para los muy incondicionales, ojo. Porque para el resto, escuchar este Sleepwalkers siempre producirá la misma sensación: cualquier otra cosa que uno estuviera haciendo sería bastante más interesante.

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