Dayna Kurtz

No me gustan las etiquetas, me parecen como esa ropa incómoda que a veces debes probarte

Dayna Kurtz es, además de una gran intérprete, una investigadora compulsiva de la música americana hecha durante los años 50 y primeros 60. Precisamente acaba de lanzar Secret Canon Vol. 1, una recopilación de algunas de esas canciones que periódicamente rescata del olvido.
 
Hablamos con ella de su nuevo disco, de su próxima visita a España, de su faceta de arqueóloga musical…y de comida.
Según tu página web, esta primavera has publicado dos discos en los Estados Unidos: Secret Canon, Vol 1 y American Standard. Sin embargo en todas las fuentes aparece 2010 como la fecha de publicación de American Standard, de hecho aquí en España se publicó ese año.  ¿Es un álbum diferente, una reedición?

Retrasé la salida de American Standard para ahorrar en promoción, pero creo que fue una idea estúpida. ¡Sacar dos discos a la vez es mucho trabajo para una sola persona!
 
American Standard aparece más orientado al country blues, mientras que Secret Canon es una colección de canciones de jazz y R&B de mediados del siglo pasado. Es evidente tu amor por la música americana con raíces, del jazz al doo-woop y del blues al country.

Así es. Creo que ambos discos contienen toda mi música favorita y que se complementan uno al otro: uno para el día, el otro para la noche.
 
Creo que grabaste alguna canción con el bajista de los legendarios The Meters, y también he leído que te inspiraste en Sam Cooke para algunos de los temas. ¿También te interesan el funk y el soul?

Me interesa más el soul que el funk. Sobre todo el soul primerizo, puesto que mi interés por explorar canciones perdidas llega sólo hasta 1962 aproximadamente.
 
Hay algo en tu música, que no sabría cómo definir, que también remite un poco a la música tradicional europea. ¿Es así?

Es así, pero en estos dos discos no se nota mucho. Creo que esas influencias europeas se pueden escuchar sobre todo en mis dos primeros discos.
 
¿Te sientes cómoda así, tocando tantos estilos a la vez?

Si es música que amo, no me importa el estilo. Uno de los motivos por los que me engancha tanto la música americana de la posguerra es porque los músicos de aquella época explotaban su creatividad y su talento para crear algo nuevo, y no existían esas separaciones que ahora hacemos entre etiquetas. El swing tardío y el rocknroll primigenio, por ejemplo, sonaban de manera muy similar. Un amigo me grabó una colección de programas de radio de los 50, anuncios incluidos, y recuerdo escuchar seguidos a Dinah Washington, Ray Charles, Fats Domino y Jerry Lee Lewis, que vistos desde hoy representan cuatro géneros diferentes: soul, R&B, rocknroll y rockabilly. ¡No hay ningún motivo para que no funcionen bien juntos! Todos ellos toman prestado de la cultura negra, de la blanca, de la música urbana y del country para crear música con alma. Con el tiempo nos hemos vuelto muy rígidos con las etiquetas, y no creo que eso sea bueno ni para los artistas ni para los oyentes. La cuestión debería ser “¿Me conmueve esta música?” en lugar de “¿A qué cajón pertenece?”
 
¿Qué opinas del término “americana” que tanto se usa para definir esa mezcla de distintas músicas de raíces?

Bueno, en America no me consideran una artista de “americana”, allí el término se utiliza para algo muy específico como el alt-country, que realmente es country influenciado por los campus universitarios, los demócratas, los hipsters y los hippies. En Europa (salvo en el Reino Unido) es un término que sí me asignan con frecuencia, pero con el que no me identifico. No me gustan las etiquetas, me parecen como esa ropa incómoda que a veces debes probarte.
 
¿Escogiste tú las canciones de Secret Canon y las versiones que aparecen en American Standard? ¿Cómo fue el proceso de selección?

Sí, aunque tengo dos buenos amigos, grandes coleccionistas de canciones raras y olvidadas, que compartían conmigo sus descubrimientos cuando creían que algo podía gustarme.

Durante el proceso, ¿Has descubierto algún artista que no conocías y que te haya impactado?

Sí, continuamente. Entre mis descubrimientos recientes mi favorito es Mable John. Era hermana de Little Willie John, fue una de las coristas de Ray Charles (las famosas Raelettes) y la primera artista femenina que firmó Motown. Es una cantante increíble, al nivel de Etta James o Irma Thomas, pero nunca dio el gran salto. Escribí “Not the only fool in town” con su voz en mi mente. Me impresiona la gran cantidad de cantantes y autores que nunca llegaron a despuntar. Empiezas a rebuscar y encuentras gente que publicó un disco maravilloso y luego desapareció, o que estaban en sellos pequeños de ámbito regional. Siempre me ha gustado ir a la caza de tesoros perdidos por tiendas de segunda mano y rastros de mala muerte, pero en los últimos años esa búsqueda se ha convertido para mí en una obsesión.

¿Crees que volver la vista hacia los sofisticados y elegantes clásicos del siglo XX tiene algún efecto terapéutico en estos tiempos de desorientación general?

Sí, para mí lo tiene. Aunque no puedo hablar por nadie más, por ahí hay gente que encuentra terapéutico el dubstep, o el metal, o a Lady Gaga. La música que te sacude y emociona siempre es terapéutica y necesaria.

“Vol. 1” me imagino que significa que habrá más entregas. ¿Es así?

Tenía material para más de dos discos, y todavía estoy recopilando más temas. No me importaría publicar 10 volúmenes, hay montones de maravillosas canciones perdidas por ahí fuera. Me gusta sentirme como una arqueóloga o historiadora musical (estudié historia de mediados del siglo XX en la Universidad), y grabar discos con este sistema es rápido y divertido.

Pronto vas a estar en España presentando tus nuevas canciones. ¿Vendrás sola, o con banda? Explícanos un poco que podemos esperar de esas actuaciones.

¡Nunca sé cómo responder a esa pregunta! Iré con banda, habrá whiskey y mucha diversión. No tocaré mucho la guitarra, encuentro más liberador dedicarme exclusivamente a cantar. También llevaré un vestido apropiado para el tipo de canciones, algo raro en mí. Eso es, podéis esperar un vestido. ¡Es inmenso, preguntadle a mi marido!

Mucha gente, sobre todo en España, te ha descubierto con tus discos de los últimos años. Sin embargo, antes de publicar ninguna canción estuviste muchos años girando y tocando en todo tipo de sitios. ¿Qué recuerdas de aquellos tiempos? Me imagino que aprenderías toda clase de trucos que utilizarás aún hoy en día.

Recuerdo sentirme realmente libre. Siempre quise una vida interesante, y la perseguía con verdaderas ganas. Si hubiera sabido que jamás volvería a girar en aquellas condiciones – sin móviles, tres o cuatro meses fuera de casa, yendo de pesca en los días libres, durmiendo en moteles de mala muerte, en tiendas de campaña, en cuevas, cosechando una rara y maravillosa colección de amigos y amantes – lo hubiera documentado todo mucho mejor. Algunos de los conciertos eran muy raros: un día hacía de telonera para una banda de hardcore, otro día para un artista reggae, otro para un grupo de versiones de Grateful Dead… Aceptaba cada actuación que me proponían. En algunos sitios era tan raro ver a una artista de Nueva York que me ofrecían bolos sin tener que promocionarme. Nadie puede volver a girar en esas condiciones, entonces no tenía ni idea de que aquello nunca iba a repetirse.

Después de una década de actuaciones, ¿Cómo fue ese momento en el que pensaste: “estoy preparada para entrar en la industria del disco”?

Bueno, en realidad no fue un momento, fue más bien cosa de mi ahora marido y mi amigo (y ahora coproductor) Randy diciéndome, “¡Por Dios! ¡Hazlo ya!”. Estuve bastantes años yendo de multinacional en multinacional, siempre a punto de firmar buenos contratos, esperando el gran montón de dinero y la oportunidad de grabar en un gran estudio, sin que nada de todo ello se materializara. Después de tantos años dando bandazos entre gira y gira, simplemente dije… ¡Mierda!

En una entrevista de hace unos años declarabas estar ilusionada con la llegada de Obama al poder, y que volvías a estar orgullosa de ser americana. ¿Ha cambiado algo desde entonces? ¿Crees que se han cumplido las expectativas de aquel día?

Bueno…no es el cruzado progresista y reformista que todos esperábamos. Es muy contemplativo, demasiado conciliador hacia la oligarquía empresarial y hacia una oposición que en mi opinión ha perdido el juicio y no merece ninguna consideración. Sin embargo, en el fondo creo que Obama es el presidente adecuado para mi país en estos momentos.  Tener al mando a alguien tan inteligente y con tanta habilidad para la diplomacia es un alivio en estos tiempos tan inestables. Volveré a hacer campaña por él, la alternativa es inconcebible.

Para terminar, ¿Sigues cocinando durante las sesiones de grabación?

El primer día de grabación siempre me gusta cocinar algo rico y elaborado, normalmente gumbo de Nueva Orleans, aunque depende de la época del año. Soy bastante supersticiosa al respecto: creo que la música y la comida están profundamente relacionadas. La mayoría de los músicos que conozco se preocupan mucho de lo que comen, más que la gente corriente. Yo personalmente creo que no podría tocar con alguien que no pudiera distinguir y apreciar un buen plato. Después de una buena y tentadora comida siempre tengo la sensación de que vamos a hacer una gran sesión.
 
El plato español que preparo con más frecuencia es papas arrugadas con mojo verde. La primera vez que estuve en las Islas Canarias no pude parar de comerlas, jamás pensé que las patatas supieran tan bien. Las que yo cultivo no son tan buenas como las de allí, pero lo sigo intentando. ¡Creo que tendré que traerme agua de mar la próxima vez que vuelva a Tenerife!

 

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