Doctor Divago – Imperio (onavena Música)

Lo de Doctor Divago empieza a adquirir tintes de suceso paranormal. No, no es habitual (intenten recordar otros casos) que un grupo con más de 20 años de carrera y 10 discos a sus espaldas esté entregando ahora sus mejores trabajos. Ya sucedió con La Belleza Muda de los Secretos del Mar (La Produktiva, 2011), y con este Imperio (Bonavena, 2013) suben la apuesta con un sonido ligeramente más agresivo, unas guitarras brillantes y unas inspiradas letras que siguen cumpliendo con la tradición del Doctor.

Como en cada álbum de Manolo Bertrán y sus compañeros, en Imperio volvemos a encontrar esa dualidad música/letra que nos encanta a sus seguidores. Por un lado, atendiendo estrictamente a la parte musical, podría decir que con su nuevo disco suben algunos grados la temperatura, dando alguna que otra zarpada y presentando una cara algo más rockera-macarra. Sí, hay cierta chulería en canciones como “Sólo la mitad de la mitad de mí”, con un aire entre Santiago Auserón y Aerosmith; en el tema que dedican a la mítica vedette de los 50 “Gracia Imperio”, con un toque que recuerda al rock castizo de los Gabinete Caligari; en la manera como se afronta la derrota de “Debilidad” y en la aproximación al powerpop de “92 horas”.

Pero también tenemos los medios tiempos, las melodías brillantes y las armonías inspiradas. Momentos que te hacen echar la vista atrás hasta los 60: aquellas guitarras cristalinas de Byrds o Beatles, las maravillosas armonías de Los Brincos… Un poco de todo eso hay en “La deriva continental”, “Sonaba Julio Galcerá”, “Un argumento tan malo” y “Una vida plena”. Canciones que sorprenden porque no te las esperas a estas alturas del siglo XXI. Canciones que te ganan por su brillantez, por su sencillez, porque parecen hechas sin esfuerzo pero, al mismo tiempo, no les encuentras ni un solo tachón.

Finalmente, de las letras sólo puedo decir que Manolo Bertrán sigue inspiradísimo. Al igual que la música, las letras parecen fluir naturales,  como surgiendo de la nada, cuando en realidad se intuye que están muy pulidas por horas y horas de trabajo. Su galería de momentos, sitios y personajes locales sigue ampliándose con la vedette Gracia Imperio, fallecida trágicamente hace ya varias décadas, con el cantante Julio Galcerá, con nombres de calles, sitios, bares, merodeadores de la noche valenciana… Y claro, la mención al boxeo: el disco se cierra con “Barney Ross”, la típica historia del boxeador derrotado por la vida, una historia a la que la omnipotente armónica de Chumi convierte en épica y chulesca, como el buen rock and roll. Hablando de Chumi, él es el autor del bello envoltorio del disco, detalle que hay que mencionar porque cada vez escasean más las buenas presentaciones.

El Doctor lo ha vuelto a hacer: un disco de pop y rock fresco, personal, reconocible. Modesto pero impactante. Sobrio pero elegante y detallista. Ligeramente amargo, pero con chispitas de felicidad.

 

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