Entrevistamos a Pablo Und Destruktion que vuelve con ‘Ultramonte’

Ya nos lo avisa Pablo Und Destruktion: no es tiempo de revoluciones, sino de resistencia. Resistencia frente a una masa amorfa globalista que rechaza cualquier punto de vista crítico y proclama el infantilismo más exasperante en todos y cualquiera de los estados y declaraciones institucionales de quienes deberían velar por el bien común. Una pérdida absoluta de fe en los grandes discursos, en las ideologías vueltas del revés, polarizadas y abyectas. Un regreso a lo básico e instintivo, al asociacionismo primitivo y a las relaciones afectivas de cualquier índole es la receta que nos queda para aguantar y esperar el momento de reconstruir desde las ruinas que permanecen en pie. De todo esto habla nuestro trovador errante en esta entrevista y a través de las canciones que componen un trabajo tan necesario como revelador, su reciente Ultramonte (La Synthesis / Humo Internacional 2022).

“La política, en su mejor sentido, debería existir únicamente para proteger lo amado”

La primera pregunta parece obligada o incluso debería ser obligada acerca de todo lo vivido durante estos últimos años bajo el paraguas denominado “pandemia”. Recuerdo un lucidísimo manifiesto publicado en tu web cuando la descarada usabilidad del Covid era un elemento o excusa para implantar sobre el ciudadano una serie de restricciones o procesos que cada vez de una manera más evidente tenían que ver menos con la salud. ¿De qué manera ha influido todo esto en la creación de Ultramonte (22) y qué conclusiones has sacado de todo esto a nivel personal?

Ha influido directamente, claro. El disco es un intento de no perder el norte. Ese texto que recuerdas me generó muchos problemas, pero tocaba transformar las opiniones en convicciones, esa es mi conclusión de lo que han supuesto estos dos últimos años. Tras enfrentarme a inesperadas censuras le di una vuelta al texto y publiqué “La covid y el opio del pueblo” en Diario 16, donde traté de reflexionar sobre la dimensión simbólica y sacrificial de la crisis sanitaria y los cambios antropológicos que implica. La pandemia nace en un contexto de guerra económica con China y muere en otro de guerra territorial con Rusia, quien no vea que el problema va mucho más allá de una crisis sanitaria está voluntariamente ciego, y contra eso no hay nada que hacer. Me da mucha pena el odio, la censura, la marginación y el descrédito humillante que han sufrido todas las posiciones críticas, pero hay que aguantar, mantener el tipo y tratar de generar algo constructivo a medio plazo.

Desde mi punto de vista, la instrumentalización de las ideologías por parte de los actores políticos las ha llevado a parecer una especie de híbrido entre caricatura y estafa. ¿Cómo es posible que alzar la voz crítica en cualquier aspecto relacionado con esta situación pudiera ser tan cuestionado, perseguido y criticado? ¿Han alcanzado los discursos institucionales su máxima infantilización reduciendo la capacidad de cuestionarse las cosas el individuo a título personal a manera de espejo?

La sociedad del espectáculo ha convertido todo en mentira: patrias, religiones, pueblos e ideologías incluidas. Las ha comprado para su función. Por eso conviene recordar aquello de “nada es verdad, todo está permitido”. Juntar infantilización social con autoritarismo es natural y peligroso. Los niños suelen ser unos terribles dictadores.

¿Qué papel tiene el creador en cuanto a adquirir un compromiso social a través de su obra y qué poder transformador le queda al arte en esta vorágine globalista en todos y cada uno de los espacios sociales?

Creadores o no, todas las personas disconformes con el modelo político y económico actual están obligadas a resistir y reunir la masa crítica suficiente para mantener la operatividad. El contexto bélico en el que estamos puede ser un catalizador, y se debe apostar por la máxima soberanía popular, también en lo cultural.

 

El poder transformador ha pasado quizás a lo concreto, al asociacionismo más básico: el amigo, el vecino, la comunidad cercana… como elementos de resistencia ante el pensamiento único vestido de variables polarizadas que obedecen, sin embargo, a unos mismos intereses. Creo que es algo que se vislumbra siempre en tu discurso y tu obra. ¿Estás de acuerdo? ¿Es la única salida que nos queda? ¿De qué manera se plasma eso en tu proceso creativo?

Eso es lo que traté de plasmar en Ultramonte. Tras una breve crítica al mundo exterior en “Lobito”, paso a hablar de mi comunidad, de mi gente querida, y de los problemas a los que estamos expuestos. Somos una generación que ha visto como se derrumbaba la moral tradicional y como ocurre ahora lo mismo con la posmoderna, así que tenemos muchas taras sentimentales que resolver. Esa comunidad no es el Estado, aunque esté vinculada a él.

Ultramonte me parece un gran disco. Siempre has buscado, pienso, un equilibrio natural entre el amor y la política, entendiendo ambos en su sentido más amplio y menos obvio, pero quizás éste sea el trabajo en el que mejor lo alcanzas. ¿Estás de acuerdo?

Esa fue mi intención, así que me alegro de que lo percibas así. La política, en su mejor sentido, debería existir únicamente para proteger lo amado.

Encuentro en él una especie de asilvestramiento, una vuelta al contacto con lo básico, lo natural y lo concreto. ¿Es ese camino hacia lo instintivo y lo primigenio la vía revolucionaria que nos queda?

Hasta hace unas semanas esta guerra ha sido sobre todo psicológica, en ese contexto conectar con lo natural e instintivo y escapar de la sádica manipulación mediática ha sido el único refugio posible. Ahora hay que echar a eso unas capas de cemento. Y después ya se pensará en la vía revolucionaria. Es época de resistencias, no de revoluciones.

Veo en tus composiciones una especie de poder sanador a las formas de sortilegios casi místicos, un rito de lo vulgar y corriente hasta convertirlo en épico y trascendente. Ante los nuevos dioses modernos como lo son la tecnología y la inquisición sanitaria, ¿es éste otro elemento a blandir como arma de resistencia?

La lealtad de un amigo es algo épico y trascendente, mucho más que cualquier adelanto tecnológico. Estas muestras de nobleza que se resisten a desaparecer son dignas de ser cantadas. Nuestra generación ha caído en innumerables trampas ideológicas que nos han convertido en seres aislados y cínicos. Yo trato de arreglar eso en mí, y me alegro mucho si eso sirve a otros que están en situaciones parecidas. Pese a ello, resiste una pizca de grandeza existencial, de generosidad y de capacidad de asombro ante lo bello. Yo intento tirar de ese hilo y ver qué sale.

Otro gran acierto de Ultramonte me parece su instrumentación, la manera en que juegas e integras elementos en principio difícilmente emparentables como pueden ser gaitas y sintetizadores, todo ello en busca de una emoción que fluya natural y sincera, sin olvidar nunca esas texturas industriosas y percusiones que tantas veces acompañan tus canciones como sugerente amenaza. Emociones y amenazas. ¿Es buena asociación? ¿Se ha perdido el peligro en la creación frente a una sociedad de la que se busca su domesticación unificada?

Hay demasiados lobos sin dientes como para sentir peligro. Uno vale lo que está dispuesto a perder, y la comodidad es muy seductora.

Veo en tu propuesta una apuesta decidida a vivir en los márgenes de donde se juega la partida. ¿Qué ventajas e inconvenientes existen en esta opción?

Ya no se puede estar fuera, pero quedan los márgenes. La ventaja es la de poder conservar un poco de dignidad. El inconveniente es que uno se debe enfrentar a su dragón particular.

 

Me gustaría que citaras voces fundamentales del mundo cultural y artístico que consideras debiéramos tener en cuenta para ahondar en las cuestiones que estamos comentando en esta charla.

Hay muchas y alguna la he dejado entrever pero no quiero resultar cargante. Que cada uno repase quiénes han sido las mejores personas que ha conocido en su vida y trate de estar a su altura. Esta época implica cambios que van más allá de lo ideológico, y las referencias pueden desorientar más que otra cosa.

También me gustaría saber antes de acabar si estás pensando en embarcarte en alguna nueva aventura literaria.

Escribir La Bestia Colmena fue para mí un pequeño hito. Mucho de lo planteado en ese libro lo veo ahora a mi alrededor, como si fuera una forma de profecía autocumplida. Cuando termine esta sensación volveré a escribir.

Por último, comentarte que soy especialmente fan de tu disco Vigorexia emocional (15), del cual no tocaste ni una canción la última vez que te vi en directo en Madrid. Coméntame un poco qué recuerdos y sensaciones tienes asociadas a esta obra.

Vamos a recuperar una cancionuca de ese disco para esta gira, la de “A veces la vida es hermosa”, que no está mal recordarlo. Yo tengo mucho aprecio a ese disco y lo tengo asociado a una sensación de descorche existencial. Visto con perspectiva, eran buenos tiempos.

Muchas gracias por contestar y por ser una voz que tener como credo en estos tiempos convulsos.

Muchas gracias a ti por esta entrevista. Se percibe el respeto y se agradece.

Próximos conciertos de Pablo Und Destruktion

16 de marzo – Teatros del Canal – Madrid – Entradas

9 de abril – Sala Wolf – Barcelona – Entradas

Escucha ‘Ultramonte’ de Pablo Und Destruktion

 

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