FUET! comienzan a entrar peligrosamente en lo que podríamos llamar su gran momento, aunque lo cierto es que llevan tiempo dando esa sensación. Lo suyo ya no es únicamente un boca a boca habitual de “tienes que verlos en directo”, que lleva décadas funcionando en el circuito, es una sensación real de crecimiento acelerado.

En 2020 grababan unos temas casi por diversión y aquello parecía quedarse en pausa, hasta que alguien les convenció para presentarse al Mad Cool Talent y de ahí a poner la carpa del dicho festival patas arriba, donde actuaron en el 2024.
Hay parte de contexto generacional detrás de todo esto, provocada (en parte) por la explosión del hardcore más comercial, con Turnstile a la cabeza como gran libro de estilo, capaces de colarse en la gala de los Grammy, como en playlists de chavales que jamás van a pisar un bolo “DIY”. La cuestión, guste o no a los aficionados más “trve” al hardcore y a los que siguen trabajando en las sombras, es que los de Baltimore han abierto un camino para bandas que entienden el género desde otra amplitud de miras.

FUET! llegaban a la sala Copérnico, dentro del ciclo de Sound Isidro, presentando Make It Happen (2025, Estudio Mazmorra), un debut que les ha terminado de colocar definitivamente en el radar nacional y tras el eco del concierto del pasado año en El Sol. Lo del sábado fue exactamente lo que prometía el ambiente previo, una hora escasa (como mandan los cánones no escritos del hardcore punk) pero vivida como si el techo de la sala fuese a desprenderse en cualquier momento, ayudado todo por las entradas agotadas y una sala convertida en olla a presión.
Desde el primer golpe de “Tigger”, el quinteto dejó claro que eso no iba a ser un concierto al uso. La pista se convirtió en un hervidero de pogos, empujones y personas volando por la sala y el escenario. “Kit Kat” y “Green Lights” terminaron de encender una mecha que ya no se apagaría en toda la noche con un sonido apabullante, también gracias a unas PA situadas al borde del escenario estratégicamente, algo no habitual en esa sala. Lo que dice mucho del cuidado de la banda por los detalles.

Pero no todo es cera en FUET!, o sí lo es, pero con muchos matices, ya que han sabido leer perfectamente otros lenguajes musicales como el post rock, que sacaron a pasear en “Think Think Think”, o la sensibilidad shoegaze y el alt rock de los noventa, como pasó con: “LDG”, o “Glowing”.
Como no podía ser de otra manera, su mencionado primer larga duración ocupó la práctica totalidad del set y confirmó algo evidente: el disco está construido pensando en el directo. “Make It Happen” sonó gigantesca, con “Doomed” volvieron a sacar su lado más pop, antes de comenzar la recta final a toda zapatilla con “Caramel”.

“Becoming A Ghost”, utilizada como cierre, terminó funcionando como un resumen del concierto, catarsis colectiva y cientos de personas dejándose la garganta mientras la sala parecía romperse sobre sus cimientos.
No todo fue idílico, claro. Un momento del concierto pudo quedar ensombrecido por ciertos elementos, más pendientes de repartir collejas aleatorias con su “molinillo hardcore”, que, de compartir espacio, que es de lo que se trataría. Una dinámica demasiado importada de videos de Instagram sobre la escena estadounidense. El hardcore siempre tuvo códigos, otra cosa es que algunos hayan aprendido el género viendo reels en vertical. Como bien dijo Rubén Armisén al final, “que las peleas se queden aquí”.

Pero incluso eso terminó formando parte de una noche que confirmó varias cosas. La primera, que FUET! están viviendo una ascensión clarísima, gracias a su trabajo y a su directo arrollador, la segunda, que son capaces de conectar escenas y generaciones distintas sin rebajar un ápice su pegada. El siguiente paso será comprobar si esta ascensión tiene recorrido largo, pero viendo lo ocurrido en Copérnico, cuesta imaginar a FUET! pisando el freno ahora mismo.
Fotos FUET!: Fernando del Río













