El sonido efervescente de La Casa Azul, exacto, nunca el título de un álbum (mini álbum en este caso) había sido tan expresivo, ni había condensado de forma tan clara y rotunda lo que nos vamos a encontrar al enfrentarnos a su escucha.
Pop efervescente, chiribitas de gaseosa (Mirinda según los casos) que se cuelan por nuestros oídos y nos carcomen poco a poco el cerebro, mientras que nuestros pies, empujados por una extraña (y poco habitual) fuerza, no dejan de moverse al ritmo que marcan los teclados endiablados y las amables cuerdas vocales.
Recoge toda la tradición tecno-pop ochentera, pásala por el filtro de los ineludibles Family, aceléralo unos cuantos bits por minuto y ya lo tienes, el resultado son seis píldoras anti depresivas, anti estrés y anti todo lo que quieras. Cerca de Shibuya ya es un clásico de nuestros días. Si eres de l@s que piensan que es pop ñoño, ¿no será que no te atreves a escucharlo?, tómate un chicle cosmos y vamos, pulsa de una vez PLAY.



















