Nitin Sawhney – Human (V2)

Para sus fans (entendiendo por fan una persona de oídos reservados y mentalidad cerrada), el sexto álbum del productor, compositor y multiinstrumentalista anglo-hindú Nitin Sawhney puede ser una decepción. En Human los sonidos asiáticos pasan a un segundo plano, mientras cobra protagonismo el lado más pop británico, que, por momentos, incluso, recuerda a los grandes 80, su edad de oro.

Buena prueba de ello son “Say hello”, con Tina Grace, Jacob Golden y Jayanta Bose, que bien podría haber sido un himno pop de Prefab Sprout o “Falling”, con Matt Hales de Aqualung. Hasta “Chetan Jeevan”, cantada en su idioma patrio, tiene un claro swing de balada ochentera.

Sin embargo, los momentos más grandes del disco llegan cuanto más se acerca a las raíces hindúes. Aunque todas las canciones tengan cierto toque de sitar, tabla o coros banghras, “Heer” –de lo mejor-, con Reena Bhardwaj, pone el acento en un poema tradicional de la tierra de Gandhi transportado al siglo XXI. Con un tratamiento más house aparece “Eastern eyes”, donde el duelo entre la diva Natacha Atlas y Kevin Mark Trail (The Streets) y un groove irrefrenable, aporta uno de los momentos más inspirados del cd..

Pero en la decepción inicial hay un intento de buscar nuevas fronteras, una vez que esa mezcla de lo oriental y lo occidental empieza a estar demasiado machacada. Eso, totalmente loable, se transforma en algo sólo correcto, ya que Sawhney, lejos de descubrir nuevos sonidos, prueba por todos esos estilos que, de alguna forma, han tenido éxito en los noventa y en estos primeros días del nuevo siglo.

De este modo, repasa el 2step a lo Craig David o MJ Cole con guitarra flamenca de lo más soso incluida en “Rainfall”; el downtempo ibicenco de “Raag” con la flauta de Ronu Majumdar, puente entre Ibiza y Calcuta que también construye para ese intento de trip hop con Zubin Varla de “Waiting (O Mistress mine)”; o el chill out con toque country de “The River”.

Sin duda, Human es la obra más introspectiva y desconcertante de este luchador por la integración de la inmigración que tanto preocupa a Europa, pero no por ello deja de ser un tratamiento correcto de los sonidos que invaden nuestras vidas.

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