Pony Bravo – Joy Eslava (Madrid)

Es el momento de Pony Bravo. El lleno de la Joy Eslava y la alabanza sin reproches de los medios así lo atestiguan. Después de un primer disco revelador Si Bajo De Espaldas No Me Da Miedo y Otras Historias, sacan el ya clásico del rock español moderno Un Gramo de Fe. Con él reafirman que no hay grupo igual en España. Muchos a día de hoy saborean con gusto su receta sonora: una rica base de Kraut alemán y rock andaluz trianero, un punto de flamenco puro, una pizca de Reggae, otro poquito de Africanismo, loops hipnóticos, humor fino con acento del Sur, un toque de Funk, aroma  Post-Punk y hasta un especiado de ritmos electrónicos. Un mal cocinero estropearía un plato basado en ingredientes tan dispares. Los sevillanos en cambio nos brindan un manjar de cinco estrellas.  

Arranca el concierto con “La Voz del Hacha” tal como lo hace su segundo LP, con el ritmo inquebrantable del bajo, haciendo que nuestros cuerpos comiencen a vibrar. Rápido cambio de instrumentos entre los cuatro miembros, tónica habitual en gran parte del set. Suena “Piloto Automático”, la primera de las cuatro canciones que van a dejar oír de su álbum debut. Una pena castigar canciones como “Pony Bravo”, “Arcanul” o “I Can See”. El resto del concierto se apoya con alevosía en su último largo. Si las cuentas no me fallan, dejarían sin tocar de este “Los más difícil del mundo”. Pero la calidad del sonido, la formidable voz en directo de Daniel Alonso y la pasión que pone al bajo Pablo Peña eliminarían cualquier reproche posible.

La eterna dedicatoria a Teddy Bautista en “Super –Broker” y la flamenca “Ninja de Fuego” dieron paso al “momento Jamaica” con “El Guarda Forestal” y “Pumare-Ho!”, desembocando en uno de los puntos álgidos de la velada, “Noche de Setas”. Comienza el viaje y nos adentran en su psicodelia sonora con la esquizofrénica “Fullero”, pasando por la freudiana “Hipnosis Groove” y rematando en el segundo subidón de la noche con esa canción que empieza diciendo “En algún lugar de Wichita, hay una carpa, hay una carpa”. A danzar con la “Rave de Dios”.

Dejamos a un lado lo lisérgico para volver a la tierra con los ritmos western de “El Rayo”, despidiéndose antes del bis con “El Campo Fui Yo”. Se apagan las luces, dos minutos, los justos para coger cada uno una cerveza, y volver a salir para cerrar con “Trinchera” y “China da Miedo”. Pero todavía quedaba la gran sorpresa de la noche, un tema nuevo cantado por Pablo, “Mi DNI”, al más puro estilo Gil Scott-Heron, lo que les faltaba, donde describen con socarronería sus peripecias nocturnas con el mundillo musical del país. Sin desperdicio.

Triunfo de los andaluces pero sobre todo triunfo de la música que se sale del cuadrado marcado por los parámetros actuales. ¡Corre Pony Bravo, corre!

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