Rara Avis: Saâda Bonaire o la belleza de lo efímero
Rara Avis es una sección quincenal en la que nos adentraremos en algunos lanzamientos que, quizá, hayan surgido en los márgenes de lo habitual. No, no vamos a sentar cátedra con ese “disco que no conoces”, porque el objetivo no es caer en lo fácil y arriesgado menospreciando la cultura musical de cada uno dando por hecho que no conoces lo que vas a leer. En estas líneas que publicaremos, queremos ampliar estilos, conocimientos y, por qué no, ablandar el oído para sonidos algo subterráneos, investigar las posibilidades sonoras a través de discos o tocar lo que ahora llaman “distintas geografías”. Esperamos que esta sección te descubra algo nuevo, o desempolve ese sonido que disfrutaste, o, simplemente, alerte tu curiosidad ante los preciados desvaríos y preciosos experimentos que pululan por ahí. Porque, en el fondo, todos somos esa rara avis.
Rara Avis: Saâda Bonaire o la belleza de lo efímero
Saâda Bonaire fue un espejismo de una belleza cegadora. Stefanie Lange y Claudia Hossfeld ejercían de modelos en una agencia de fotografía, aunque sus aficiones por el video, la música y el mundo de la moda las unía. Estamos en los ochenta y en Bremen. El reputado DJ Ralf Behrendt era amigo de las dos, y querían formar un grupo de los denominados de “estudio” con ínfulas artísticas, de esos en los que, por regla general, el productor es quien se lleva la fama (ya que no hay intención de hacer conciertos, y por lo tanto las vocalistas quedan relegadas a un segundo plano más esteticista) , y en este caso, dos bellas mujeres acaban siendo víctimas del machismo rampante.
El nombre del proyecto es ya de por sí muy arty: surge de la combinación de Bou Saâda (un municipio ubicado en Argelia) y Bonaire (una isla caribeña). De ahí surgió además la idea de crear música que se identificara con los parámetros de las sonoridades de vanguardia pop, con ritmos en donde hibridar diferentes culturas, un fuerte componente estético, especial importancia por los videoclips, y una nada disimulada querencia por la ambigüedad sexual entre mujeres, aunque siempre desde una óptica binaria y patriarcal.
Allá por el 83 las Saâda Bonaire entraron en los estudios de EMI en Bremen (también llegaron a grabar en los estudios de Kraftwerk), y ahí empezaron interminables sesiones con músicos de lo más granado de la escena local, con especial mención para Dennis Bovell que aportaría su sapiencia en tareas de producción con los ecos dub. Eso llevaría a desavenencias con EMI ya que el presupuesto previsto para la grabación del primer álbum se sobrepasó, y hubo broncas entre manager y directores financieros.
Las canciones que quedaron grabadas en aquellas sesiones ochenteras están recopiladas en el álbum homónimo que fueron sacando mediante singles en Alemania, y que en 2023 recopilaría el sello Captured Tracks. Son suculentas raciones de sonoridades que beben del tecnopop (“You Could Be More As You Are”) -primer sencillo de la banda-, transiciones por atmósferas más siniestras (“Little Sister”), funk de quilates con Grace Jones en la recámara (“More Women”), andanadas de ritmos marciales y muy seductores (“I am So Curious”), buenas dosis de dub y trompetas (“Heart Over Head”), o ritmos tribales que rezuman sensualidad (“The Facts”).
Un hallazgo por parte de una amiga de la pareja de unas cintas en una maleta, permitió a Captured Tracks continuar con el legado del grupo con la edición de 1992 (2022). La década de los noventa fueron intensas también para Saâda Bonaire. La nueva etapa supuso cambios: Behrendt se alía con Mike Ellington (productor y amigo), llamaron de nuevo a Stephanie Lange, y la nueva colaboradora a las voces fue Andrea Ebert. Llegaron a grabar ocho maquetas, y el resultado es más sofisticado e hijo de su tiempo. Música más aterciopelada debido a su mimetismo con el house, y canciones sensuales como “To Know You is To Love You”, experimentos con cajas de ritmos en “So Many Dreams”, folclore y uptempo en “Running”, y hasta rítmica carnavalesca y spoken word en la deliciosa “Your Prince”.

