Se nos ha hecho interminable el lapso que hemos estado sin material nuevo de Social Distortion y, más aún, los últimos dos o tres años desde que el bueno de su líder Mike Ness fuera diagnosticado de cáncer de garganta.
El miedo a que su carrera pudiera terminar, o incluso algo peor, remitió después de sus nuevas apariciones en directo y se constata la completa recuperación con el lanzamiento de su nuevo disco, el notable Born to kill (26). Y la verdad que, lejos de alabarlo por motivos extramusicales y de euforia por el trovador punk afincado en California, nos encontramos ante un trabajo tremendamente sólido.
Bien es sabido que las bandas contundentes, legendarias y de gran calado emocional, por el inexorable paso del tiempo y por su glorioso legado, lo tienen difícil para que los trabajos que vayan publicando después de, no sé, 30 ó 40 años nos puedan impactar. Born to kill (26) nace con toda la intencionalidad de hacerlo. Hay que reconocer que la carrera de Social Distortion, siendo lo más estrictos posible, no conoce bache realmente importante; quizá lo más cerca de padecerlo lo tuvimos con su previo Hard Times and Nursery Rhymes (11), el cual puede que adoleciera de cierta falta de músculo.
“Born to kill”, la canción, abre fuego con una motivación y un aroma a peligro habitual marca de la casa, buscando hermanarse, pienso, con la pétrea etapa que conjunta el que para mí es su binomio definitivo: el compuesto por el imperial White Light, White Heat White Trash (96), con esa coyuntural producción 90’s que le hace tanto bien, y su continuación, nada menos que ocho años después, con el hermosísimo e inspirado Sex, Love and Rock ‘n’ Roll (04), el cual podríamos catalogar como una encendida carta de amor de despedida a su fiel escudero y amigo del alma Dennis Danell, fallecido en el 2000 con tan sólo 38 años de edad.
El riff contagioso y la construcción clásica punk-rock que tan bien se le da a Ness para iniciar el disco tiene su perfecta continuación con “No way out”, otro gran tema, que, junto con la encendidísima “Partners in crime”, está entre lo mejor del lote, si bien en canciones como “The way things were” los propósitos están por encima del resultado y constatan que, por mucho que lo intenten, Social Distortion razonablemente ya no podrán construir pirámides egipcias a la altura del escandaloso fondo de armario musical que gastan.
Eso sí, nadie nos había preparado para que, en pleno 2026, fueran capaces de firmar un clásico a la altura de lo mejor de su legado como lo es “Tonight”, clásica canción llena de esa melancolía con la que Ness sabe cantarle tan bien al (des)amor (nunca olvidaré la entrevista en la que, hace unos 20 años, exclamaba que no había nada más revolucionario en cuestiones afectivas que enamorarse. Todo un visionario analizando la degradación de las relaciones humanas). Emocionantísima. Es cierto que quizá tampoco nadie pedía una revisión de un clásico tan reconocible como lo es el “Wicked Game” de Chris Isaak, pero no menos cierto es que le sienta como anillo al dedo a su universo creado.
Es posible que Born to kill (26) acuse cierta linealidad y falta de fuelle en su segunda mitad, destacando en su conjunto “Don’t keep me hanging on”, pero queda lejos de convertir este disco en algo mediocre y, en su conjunto, lo logra mantener como uno de los álbumes con más empaque del año en sus coordenadas sonoras.













