Parece una broma pesada, pero ¿cómo es que los They Might Be Giants no han cosechado un mayor éxito comercial o, en su defecto, un reconocimiento mayor por parte de crítica y público? Quien escribe estas líneas lleva tiempo siguiendo la dilatada carrera de John Linnell y John Flansburgh, y es fácil constatar que lo suyo no es manejarse por derroteros manidos, pero bien merecerían más visibilidad y atención. Su fans están ahí siempre alerta de sus nuevas aventuras, eso es así, y más cuando tras 40 años de carrera (¡40! una longevidad que el mundo del pop parece un fenómeno sobrenatural), siguen facturando discos a una gran altura.
Los autores de grandes discos como Lincoln (1988), Flood (1990), Apollo 18 (1992) o The Spine (2007) por nombrar algunas de sus mejores obras (ningún disco de la pareja es malo), regresan con uno de los mejores discos que han alumbrado en décadas, este maravilloso The World Is To Dig (Idlewild Records, 2026), repleto de canciones mayúsculas que hará las delicias de los amantes del pop atemporal.
Un cancionero que, como es norma de la casa, es extenso en su número de temas, pero con melodías de no más de dos minutos que abrazan texturas y timbres siempre fascinantes. El inicio con arreglos de cuerda en “Back To Los Angeles” recuerda a los The High Llamas, y Linnell la canta como si fuera un crooner sesentero. Más nuevaoleros se muestran en otro hit potencial, “Wu-Tang”, que nació como homenaje a la banda de hip hop, para acabar siendo una preciosa muestra de pop con ecos a Elvis Costello, un fan irredento del grupo.
Y las muestras de pop que no conoce fechas de caducidad continúan a lo largo del disco: mucha guitarra en “Outside Brain” otorga un ritmo endiablado que recuerda a sus tonadas para niños; armonías con guiños a los The Beach Boys esculpen la enorme “Let’s Fall In Lava”; guitarras y una línea de órgano potente van delineando “Character Flaw”; algo parecido a la bossa nova mece las cadencias de “Garbage In”, aunque mucho de los ganchos pop de los Beatles también tenga; “New Wave Will Never Die” tiene ese acento lounge que marida la perfección con el pop a lo Nick Lowe; “Je N’en Ai Pas” es un tema compuesto a partir de palabras y expresiones que Linnell ha aprendido del francés gracias a Duolingo, y tiene su guasa; mientras que unos riffs muy Led Zeppelin arrancan la versión de The Raspberries, «Overnight Sensation (Hit Record)” en donde los dos se reparten la labor vocal. Nada sobra en otro disco para enmarcar.












