Sault

Sault - 11 (Forever Living Originals)

Lo de Sault empieza a ser abrumador. Es prácticamente imposible seguir la pista de esta especie de banda/colectivo fantasma, guerrillero y furtivo, que edita música a cascoporro, sin asumir en absoluto los dictados de una industria que no tiene nada que ofrecerles, ni por supuesto seguir ninguno de los canales habituales de promoción o difusión.

Este año han publicado nada menos que cinco discos, que aparecieron en su web el día 1 de noviembre de 2022 como un ofrecimiento -según dicen allí- a dios. Llegaban, además, tras haberse editado ya este año el complejo y recargado, Air. Los cinco trabajos estuvieron disponibles durante igual número de días para descarga gratuíta de todo el que quisiera y tras ello, desaparecieron del mapa. Eso aparentemente, claro. A día de hoy pueden escucharse todavía y descargarse -previo pago, eso sí- tanto en su Bandcamp como en otras plataformas de streaming. También, aunque de forma mucho más limitada, han puesto en circulación los vinilos correspondientes a través de su editora independiente Forever Living Originals. Todos ellos han entrado en puestos destacados de las listas de ventas del Reino Unido.

Hablamos, por tanto, de seis discos contantes y sonantes. Y ojo, que todavía no ha acabado el año. Compiten con King Gizzard and The Lizzard Wizzard, que tampoco se han quedado nada cortos este 2022,  por el récord de lanzamiento de música como si de hamburguesas en un burger del centro en hora punta se tratara.

Pero el tema es que, además, no sé si por recochineo o qué, la música, en el caso de Sault, es toda una pasada. Como no sabemos exactamente cuánta gente hay involucrada en el colectivo tampoco sabemos cuántas mentes pensantes hay funcionando al unísono. Es sabido que el elemento vertebrador es, como siempre, el productor Inflo, pero es perfectamente posible que haya mucha más gente metida ahí con capacidad de obra y decisión. En todo caso, su labor resulta titánica, inabarcable y sobre todo, apasionante de escuchar.

Los cinco últimos discos reciben los títulos de AIIR, concebido como una especie de segunda parte del casi sinfónico AIR; Earth, de sonido africanista; Today & Tomorrow, con un sorprendente giro del sonido de Sault hacia las guitarras (hay hasta punk); Untitled (God), que es doble, excesivamente denso y podríamos decir que casi góspel; y por último, 11, que, de todos ellos, es quizá el más resaltable, y el que más se parece a un disco “normal”, puesto que redunda en la faceta más neo soul del colectivo. Y en este nos vamos a centrar, ante la perspectiva totalmente irreal y quimérica que tendría pretender asumir por entero la reseña de todo lo que se han sacado de la manga esta gente tan hiperactiva a lo largo del año.

Por supuesto, aunque todo esto, en su conjunto, es un despliegue de creatividad y calidad abrumador, siempre queda la duda de qué pasaría si se hubiera reconducido a la concreción de un sólo álbum que se centrara en lo mejor de todo este mogollón. Pero esta es la manera que tiene Sault de hacer las cosas y hay que respetarlo. 11 es probable que se resienta un poco de toda esa autoindulgencia. La consistencia de obras anteriores como Rise, Black Is o 7, empieza a echarse un poco de menos, aunque se sigue manteniendo el tipo muy bien, claro que sí.

Lo primero que llama la atención de 11 es su portada, que se aparta, al igual que pasa con Earth, otro de los cinco discos de aparición simultánea, del negro habitual en todos los discos de Sault. La portada es roja con, eso sí, al igual que en otros álbumes anteriores, un número, en este caso, el 11, en el centro. No tiene que ver, por cierto, con que sea el disco número 11 de la banda. Si uno atiende a Wikipedia, se trata, por el contrario, del séptimo. A lo que hace referencia es al número de canciones. 11 composiciones que se inician con “Glory”, urdida, al igual que en el disco dedicado a dios, como un canto espiritual, aunque en este caso a modo de deep funk y con la clara presencia de una banda tocando. Guitarras, bajo y batería que se intuyen grabados en directo para servir de colchón analógico y carnoso al mantra pastoral que las voces femeninas van desplegando a lo largo de sus casi seis hipnóticos minutos de duración.

En clave mucho más soul se desenvuelve “Fear no one”, con algún toque de blues-gospel, que se repite también en la espectacular “Morning sun”, con unos coros de entrada que parecen robados a los Beach Boys. Una canción que pasa a engrosar, directamente, el ya nutrido cuadro de honor de Sault. Su acento hipnótico, como no, marca de la casa, de nuevo nos sume en esa sensación de que el colectivo nos quiere decir algo muy fuerte. Un mensaje de amor, de raza, de comunión entre seres humanos y de necesario entendimiento que guía sus pasos y que es lo que desean comunicar a un mundo tan necesitado hoy de amor.

“Together” nos adentra en la sección de baile del disco, que es en la muy bailable “Higher” donde encuentra su punto álgido. Una pieza disco-house, pero ejecutada sin electrónica -algo que parece ser en parte el leit motiv de este álbum- totalmente infecciosa y de lo más concreto que se les ha escuchado en bastante tiempo. Tras ello, vuelta a la calma con “Jack’s gift”, una especie de interludio de tonalidades meditativas que presagia la sedosa instrumentación que gobierna en “Fight for love”. De nuevo, parquedad de arreglos, protagonismo de ritmo, voz y mensaje en bucle: “how do you fight for love, when the world has broken you?”. Lamentos más que pertinentes que la voz de la magnífica Cleo Sol, aquí presente, como en casi toda la obra de Sault, susurra de una forma penetrante.

El mismo feeling se mantiene en “Envious”, una canción que casi parece un homenaje a Sade y demuestra que estamos ante dos caras de vinilo bien diferenciadas. Una funk que dura hasta la quinta canción y la otra mucho más meditativa y reposada. El disco concluye con tres piezas que ralentizan algo más, si cabe, el tempo. “River” es maravillosa. Con un groove impresionante y una atmósfera que es un prodigio de combinación entre producción y economía de elementos sónicos. La misteriosa “In the air” reivindica esa siempre necesaria presencia psicodélica en la música de Sault y por último, “The Circle” sube un poco el pitch, sin llegar a hacernos bailar, para rubricar un disco que no es lo mejor que Sault ha ofrecido, pero sí está al más alto nivel de todo lo aparecido a nivel discográfico este año. Siguen siendo referentes. Van tan, tan sobrados que esto es así. Y lo seguirá siendo, créanme.

Escucha Sault – 11

 

 

 

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