paco te quiero debutan con un disco con el que se ganan un lugar entre los referentes de la nueva hornada de shoegazers patrios. Tras tres EPs, el grupo ha ido apuntalando un sonido propio que combina ese género con más bandas por metro cuadrado que cuando irrumpió hace más de tres décadas, con dream pop, indie noventero y otras reconocibles influencias.
Se sigue percibiendo ese imaginario tan visual que arrastran, pero todo suena más pulido y grande; hay un poso muy pop en estas nuevas canciones, aunque desde el latigazo inicial de «cuando despierto», dejan claro que aquí hay muchísimo más donde rascar. Es interesante comprobar cómo gestionan sus referencias. Aquí hay ecos de esos totems noventeros que se os pueden venir a la cabeza, pero también de artistas más recientes en el tiempo como Alvvays y The Pains Of Being Pure At Heart o los locales Linda Guilala y Apartamentos Acapulco. Aún así, todo ese cóctel se asimila con bastante naturalidad, sin dar la sensación de estar mirando demasiado hacia fuera.
Como cabe esperar, los temas de Hay un pez naranka en el suelo del metro se mueven constantemente entre el ruido y la calma. Se respira ese canónico modo de mezclar guitarras atmosféricas, con sintetizadores y voces, muchas veces compartidas, pero su punto fuerte son las canciones. Sólidas composiciones que permanecen, como el single «Solo contigo”, las arrebatadoras melodías de «te quiero, te quiero», «600,000» o “Qué más da”. Todo va más allá de lo esperado y ofrece contrapuntos interesantes como los de “iPhone”, «és teu i és meu», la popera «lo olvidarás» o el cierre nostálgico de «Yankee Hotel Foxtrot».
Al final, el disco funciona por su equilibrio. No intenta forzar grandes momentos, sino que apuesta por algo más progresivo, de escucha continuada que gana enteros cuando se recorre de principio a fin.















