La siempre sugerente oferta cultural del Teatro Cánovas malagueño, acogió la vibrante propuesta del colectivo canadiense L’Orchestre d’Hommes-Orchestres y su mutante aproximación al set de un mito de la talla de Tom Waits. Y lo que pudimos ver, además de dejarnos atónitos en varios pasajes, fue precisamente lo que el nombre de la agrupación sugiere: un grupo de músicos haciendo malabares vocales e instrumentales, deconstruyendo el eterno legado de un talento irrepetible y ofreciendo una mirada desenfadada, contemporánea y tremendamente divertida de unas composiciones que forman parte de la banda sonora vital de quienes lo presenciamos con mueca de asombro. En pocas palabras: una gozada para los sentidos.
Bruno Bouchard, Gabrielle Bouthillier, Jasmin Cloutier, Simon Elmaeh, Patrick Ouellet y Danya Ortmann retorcieron el tradicional concepto de concierto y ofrecieron una performance atrevida, afilada y certera, capaz de zarandear el repertorio del icónico artista californiano, junto con composiciones de Chuck E. Weiss y Kathleen Waits-Brennan, sobre un escenario convertido en un film de estética atemporal del que no pararon de brotar sorpresas. Desde una percusión fabricada sobre un carrito de bebé, hasta un bajo construido sobre una caja de fruta, pasando por botellas que simulan una fabricación en cadena, globos atados a xilófonos, sartenes y palos de golf funcionando como baquetas y bombos, comida saltando por los aires o serpentina para amenizar esta bendita locura.
Conforme el show iba avanzando, cada toma generaba una expectación difícil de contener. Sobre las tablas, se imponía un auténtico vodevil de esencia alucinógena que vino a reconciliarnos con el mundo en tiempos convulsos. La entrega absoluta de sus versátiles responsables fue capaz de mantener bien alto el interés durante unos cien minutos de diversión lúdica desatada, a la que solo vale acercarse aparcando prejuicios y dejándose llevar, y que hacía imposible fijar la vista en algún punto concreto, que invitaba al desenfreno mientras clásicos del calibre de “All The World Is Green”, “Hold On”, la desarmante “Chocolate Jesus”, la hipnótica “Clap Hands” o una “I Don’t Wanna Grow Up” convertida en encantador juego de niños, pasaban por las manos de este colectivo de virtuosos dispuestos a dejar una huella imborrable en la memoria de los que asistimos boquiabiertos a una vuelta de tuerca abrumadora y desternillante al concepto de recital.
The New Crackle Sisters, o lo que es lo mismo, Gabrielle Bouthillier y Danya Ortmann, asistían en un expectante segundo plano hasta que abrieron la caja de Pandora y voltearon al personal con su privilegiado juego de voces y sus majestuosas artes interpretativas. El espectáculo lleva rodando por el mundo desde 2008, aunando música y teatro con artes interpretativas al alcance de muy pocos, una habilidad indudable en el manejo de los tempos, y una sensación de celebración alrededor de un cancionero reconocible al que son capaces de dotar de una segunda vida, actualizada y estimulante.

En definitiva, una experiencia global más que recomendable para público de todas las edades, ideal para iniciarse en la figura de un referente capaz de marcar a tantas generaciones, o para que los más expertos se acerquen a su catálogo desde una perspectiva fresca y transversal, descubriendo matices y ángulos desde los que se proyecta una y otra vez la trascendencia de un compositor único en su especie.
Fotos L’Orchestre d’Hommes-Orchestres: Performs Tom Waits: Teatro Cánovas


















