Tras El verano será eterno (Industrias Bala, 20) y A un pájaro rojo (Everlasting, 23), Sofía Comas a regresa a escena con Tecuán Caroca (Everlasting, 26), un disco cálido en el que tienen cabida muchas de esas historias del cancionero mexicano y de aquellos grandes artistas que nunca temieron decir “te quiero” en voz alta, que abrazaban el melodrama sin pudor.
Canciones de José Alfredo Jiménez, Juan Gabriel, Consuelo Velázquez, Agustín Lara, José José o Chavela Vargas… y de todos esos géneros nacidos para hablar del amor sin filtros: el bolero, la balada, la cumbia, el son jarocho.
Una mezcla manejada con tino y buen gusto por la artista que, de paso, se antoja delicioso y de lo más apropiado para degustar en la actual época primaveral.
«Quiero despertar amor y sentires compartidos»
“Tecuán Caroca” tiene un encantador aspecto clásico desde la misma portada ¿Qué tipo de disco querías hacer? ¿Cómo querías que luciera el álbum?
Quería que fueran canciones que bien podrían ser de ahora como de antes. Muchos de los artistas que me han inspirado son de mediados del siglo XX, así que la esencia de estos temas bebe de entonces. Otra cosa es que estemos en 2026 y a la hora de producirlas sea consciente de la época en la que vivo.
¿De dónde vino la inspiración lírica para componer este disco?
Del cancionero mexicano y artistas del país. Estuve escuchando y leyendo cancioneros durante más de un año (aun sigo y seguirá formando parte de mi música de cabecera), de compositores como Jose Alfredo Jiménez y Juan Gabriel y tradiciones como la del Son Jarocho de Veracruz.
Bolero, cumbia, raíces mexicanas, melodrama y hasta algo de electrónica. Todo tiene cabida en “Tecuán Caroca” ¿Cómo conjugaste (y ordenaste) esos elementos para alumbrar un álbum con sentido propio? ¿Cómo fue el proceso creativo del disco?
Para el proceso de composición conté en algunas canciones con compositores mexicanos. Hice varias melodías y armonías junto a Erick Garcés Ramirez, ya que él es de México y nació escuchando esta música, y en el proceso de producción conté como núcleo de trabajo con Rafa Durand, desde México y Pau Vegas desde España. La idea era que ese ir y venir entre México y España que han sido estos años, se tradujera en el proceso creativo del álbum.
Creo que, en términos generales, el disco tiene efectos sanadores: es un disco tierno y, sobre todo, acogedor que recompone en estos tiempos tan agitados que vivimos ¿Estás de acuerdo? ¿Qué reacción o sensaciones buscabas despertar en el oyente?
Amor, quiero despertar amor y sentires compartidos. Es lo que nos queda frente a la violencia y ese estado permanente de confrontación e individualismo al que intentan arrojarnos.
“Tecuán Caroca” es un disco en el que los sentimientos se muestran sin paliativos ni velos de ningún tipo. De hecho, suponen el hilo argumental en torno al que pivota “Tecuán Caroca” ¿Te resulta complicado exponerte de esa manera como artista o, por el contrario, dirías que esa sinceridad es uno de los baluartes innegociables de Sofía Comas?
Yo creo que siempre me expongo, si no para qué… Pero en esta ocasión ha sido de una manera muy distinta. En los dos anteriores álbumes miraba al cielo y le cantaba a los misterios, ahora llegó el momento de pisar tierra y mirar de frente. Así que el riesgo y la necesidad eran comunicarme a través del lenguaje LO más sencillo posible, sin adornos y sin más poesía que la propia de verbos tan universales y necesarios de recordar como “amar”.
¿Y cómo encaja ese concepto del amor en “Tecuán Caroca”?
El amor es la raíz del ser humano, es nuestra columna vertebral y nuestra razón de ser. Así que encaja como razón de ser en este mundo y en esta vida.
¿Cómo surgió cada una de las colaboraciones que hay en “Tecuán Caroca” y qué crees que han aportado Javiera Mena, Leiden, Nacho Vegas y Sonex a las respectivas canciones en las que participan?
Estoy muy agradecida de haber podido compartir canciones con todos ellos. En el caso de Sonex compusimos juntos la canción, ya que yo quería hacer una canción inspirada en el Son Jarocho y ellos son unos maestros en el género. Leiden se convirtió en una gran amiga y quería cantar junto a ella la canción de protección, la amistad nos protege del mal; a Javiera la entrevisté para mi podcast y de ahí la imaginé cantando una cumbia conmigo y en el caso de Nacho, su voz y su verdad al cantar se iba a llevar la reinterpretación de “El amar y el querer” a un lugar insospechadamente hermoso.
¿Has tenido algún referente claro o específico en el que inspirarte de cara a la composición y creación de “Tecuán Caroca”?
Grandes artistas del cancionero mexicano y compositores que trabajaron entre España y México como Manuel Alejandro. Y por supuesto, la canción popular.
¿Qué dirías que hay de absolutamente inédito en “Tecuán Caroca” con respecto a los anteriores trabajos de Sofía Comas?
La mirada, y cantar desde el corazón a los pies, después de dos álbumes cantando del corazón hacia el cielo.
¿Cuáles son las expectativas internas con este disco y en qué parte de la escena crees que encaja mejor tu propuesta? En ese sentido ¿Crees que han caído muchos prejuicios estilísticos en los últimos años?
Mi objetivo es cantar estas canciones en al menos España y México, que mis viajes de ida y vuelta a la hora del crear el álbum continúen, esta vez para cantarlo. En cuanto a la escena, solamente diré que hay artistas tan interesantes y con tan poca cabida en el circuito… Estamos desangelados, pero mantenemos la esperanza y el amor por nuestro trabajo. Ojalá que podamos llegar a todos los oídos y corazones inquietos.
¿Hay ya gira prevista para presentar en directo “Tecuán Caroca”? ¿Cómo van a ser esos conciertos?
Presenté en Madrid en un concierto íntimo que disfruté mucho y siempre guardaré en mi corazón, y al día siguiente me vine a México a girar las canciones y compartirlas con un equipo de músicos del país. Luego volveré a España, a seguir cantando en mis tierras para después volver a México y seguir cantando en mis otras tierras. Y así todo el rato (Risas). Eso sí, para quienes estéis en Madrid, guardaros el 2 de octubre a las 20h en el Café Berlín, que es la puesta de largo del Tecuán en mi ciudad.
















