A Room With A View – Jupiter And Beyond (Recordings from the other side)

Han pasado cinco meses y es el momento de hacer balance de todo lo ocurrido. Soy consciente de que este disco ha suscitado gran polémica por parte de los que les seguimos de cerca, pero después de haber escuchado todas las opiniones y de haber leído todas las declaraciones que los cuatro músicos han hecho en prensa creo que este disco se merece una nueva revisión que justifique y aclare las nuevas pretensiones de esta carismática banda.

Para empezar, hay que dejar de comparar este disco con su predecesor (Addiction of Duplicities, Heart in Hand 99). Imaginemos por un momento que este grupo no es A Room With A View sino Jupiter and Beyond (si este método no hace efecto, recomiendo escuchar canciones previas al disco como “The minute before”, “Four nights of a dreamer” o “Once again”). Lo siguiente es considerar que estas canciones tienen 2 años de antigüedad y que nacen de una etapa experimental en fase crónica. Por último, recordemos que ARWAV no se han caracterizado nunca por abanderar un estilo o etiqueta sino por haber evolucionado desde el hardcore (melódico, después emocional) hasta un rock vanguardista carente de prefijos.

Y ahora vayamos por partes, o mejor dicho, por cortes. El disco se abre con “Jupiter” que, junto con “Aislado” nos demuestran que las advertencias de Pelos sobre posibles toques drum´n´bass no eran falsas. Tras escuchar “Cromosfera”, “Marea negra”, “Drifting o “Up and Dead” nos damos cuenta de que estas canciones podrían utilizarse como score de una (buena) película, y es inevitable hacer referencia a Mancini, Morricone o Nino Rota. Es aquí donde David “pelos” hace gala de su faceta más percusionista y ambiental, que ya quedó reflejada en su aportación al mini-cd de Aroah.

Tras experimentar, y nunca mejor dicho, toda la gama de sensaciones que aporta esa ópera-jazz que es “White and Pale” (y cuya batería recuerda en ocasiones a “The minute before”), llegamos al interludio de “Dumb Angel” que, aunque es una pieza instrumental, nos sugiere con su aroma psicotrópico la visión de un cupído que se ha disparado a sí mismo todas sus flechas. Por último, citar “26” por ese free-jazz tan inconfundible y bien ejecutado junto con un collage de loops que se van montando sucesivamente, como si de samplers se tratara. Como en un cuadro de Jackson Pollock, los sonidos y los colores se entrelazan y se saturan, dando lugar al caos sonoro, la explosión final y el sonido de la “aguja” volviendo al punto muerto. Es éste un disco oscuro, tanto por dentro como por fuera, de inciertos propósitos .

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