Hay discos que te atrapan asestándotela un golpe crudo en la sien, un martillazo imprevisto que te pone en guardia y estimula los sentidos y te obliga a abandonar el aburrimiento que te causa muchos de los discos de rock que se hacen en la actualidad. Ese zarpazo llega de la mano de dos músicos experimentados en la escena alternativa londinense, Stef Kett a la guitarra y Will Glaser a las baquetas. Ambos ya tienen un curriculum amplio: Kett ha puesto su impetuosa forma de deslizarse por el mástil de su guitarra en grupos como Reciprocate y Shield Your Eyes, mientras que Glaser en Spike Orchestra e incluso tocando en alguna de las agrupaciones de músicos alrededor de John Zorn. La cosa pinta bien.
La sonoridad de Abigail Snail es cautivadora en su debut Red Berms. Los dos músicos -con la ayuda de James Allsopp con el saxo tenor y el clarinete-se aleja de la métrica habitual del rock más o menos convencional derivado del indie, para escorarse hacia armazones que juegan a la libre improvisación con trepidantes y agrestes texturas que tienen en el silencio, también, un componente irreductible. Rock musculoso que parece una montaña rusa: jazz visceral, letanías sostenidas por esqueléticos andamiajes sonoros, y hasta tribalismos que me hacen recordar a una imaginaria fiesta pagana en algún solar abandonado a las afueras de Londres. Todo esto y sin sonar impostados. La música de estos tres se come de un bocado la etiqueta de Avant-rock que, por otra parte, muchas veces es una excusa para no saber en dónde encasillar sonidos que mutan a discreción.
Abren el disco a lo grande con «Show Breaking The Waves», como una pausada letanía que recuerda a Bardo Pond o a Slint, mientras Kett lanza versos esquivos y misteriosos. Aquí ya dan buena cuenta de la ductilidad de su propuesta que se mueve entre el rock fibroso en derivaciones hacia entramados de freejazz, que continúan de forma magistral en «Soul Berm», y esos agitados ritmos que tanto sirven de cacofonías para rememorar la No Wave o los desvaríos de Captain Beefheart. La guitarra emite serpenteantes sonidos en «Attach Bayonets», que mece una melodía que halla su reflejo en el sonido de Takoma, y es un embeleso.
Aclaran en una entrevista a The Quietus que el título del álbum hace referencia, en cuanto al significado del término «berms» a que: «Se refiere a montículos o taludes de arena, como los que hay en las pistas de BMX o motocross. Space Berms surgió de la idea de tener un berm en el espacio. Uno que golpeas y que te lanza a través de un agujero de gusano, hacia otra dimensión espacio-temporal». Leído esto, y si se escucha «Space Berm», uno tiene la sensación de viaje a una realidad espacio-temporal alienante, fuera de coordenadas conocidas, en donde el diálogo entre guitarra y batería sirve de acicate para crear un espacio sonoro alucinógeno. El juego combinatorio, ese gusto por acariciar y disfrutar del proceso sin saber exactamente cual será el resultado final, hace que otros temas como «Stay Rad», «Yikes Bykes» o el poliédrico determinismo de «Curbed Tang» sean piezas de belleza salvaje e indómita. Música a preservar a buen recaudo.













