Blackisback! Weekend 2019 (Conde Duque) Madrid

Blackisback! Weekend, festival de música negra regresaba al madrileño patio de Conde Duque después de haberse celebrado el año pasado en Matadero. Ambos espacios similares, si bien con una notable mejor acústica el antiguo cuartel de la Guardia Real. Para su octava edición el festival organizado por la siempre solvente promotora Heart of Gold, ha apostado por nuevos nombres en el grueso del cartel. Lo que podía haber sido un impedimento para lograr un lleno absoluto en cualquier otro evento similar, ha sido todo un triunfo y el cartel de “sold out” fue colgado el sábado. Y es que el Blackisback! ha logrado toda una legión de fieles que acuden a la cita anual de la música con alma, aunque en el cartel falten estrellas de sobrenombre, como era el caso de este año.

Viernes 21

Reconozco que cuando vi que la organización había puesto a una de las leyendas del ska a esas tempranas horas, no entendí demasiado. Claro que, uno ve las actuaciones posteriores y las dudas se disipan. Y no es que Neville Staple esté mayor, el tipo se conserva de miedo a sus 64 años y la banda que le acompaña incluida su esposa como segunda voz, hicieron que el suelo del patio de Conde Duque sintiese los “sincopados” golpes de las botas de los “rude boys”.

Para los que parte de nuestra cultura musical ha sido alimentada por los viejos discos de 2 Tone Records, era prácticamente una misa estar ahí, a los pies del que fuera uno de los miembros principales de The Specials, así que puede que no sea una critica muy objetiva la mía, seamos claros.

El “Original Rude Boy” desplegó un arsenal de hits en un set que se hizo corto, no pudieron faltar: “Gansters”, el clásico de Toots & The Maytals; “Monkey Man”, la canción de Dandy Livingston, popularizada en su día por The Specials; “A Message to You, Rudy” o la también inmortal “Do the Dog”, de Rufus Thomas. En definitiva, todo lo que cabía esperar del viejo Neville lo vimos y escuchamos. ¿Para qué más?

Songhoy Blues vienen de la República de Mali y si en España no tenían demasiados adeptos, puede que el concierto del Blackisback! les haya abierto muchas puertas para futuras visitas. Descubiertos por Damon Albarn, fue Julian Casablancas el que auspició su debut en 2015 y desde entonces no paran de girar, lejos de la tierra que los vio nacer Bamako, con especial éxito en Canadá y Estados Unidos.

Puede que lo que engancha del cuarteto sea que, sus canciones, con estructura básica de rock and roll, tienen el suficiente aire desértico, como para hacer de ellos algo original por los circuitos de rock blanco. Su frontman, Garba Touré, guitarra y voz, es sin duda otra de sus mejores bazas. Si bien es cierto en directo los riffs de la guitarra de Aliou Touré, hermano del cantante, se pueden llegar a hacer algo repetitivos, se olvida cuando tocan algunos de sus hits como “Alhakou” o “Sahara”.

La gran sorpresa de la noche y puede que del festival, tenía el nombre de KOKOKO! Formación procedente de una de las ciudades más “difíciles” del mundo, Kinsahsa (República del Congo. Quienes, encontraron en la basura (literal) la materia prima para hacer sus instrumentos musicales. Así, no esperes ver su batería unos platos fabricados en Turquía, ni que el mástil de la guitarra (o lo que sea) este realizado con madera de arce.

KOKOKO! Asaltaron el escenario auto jaleándose, uniformados cual guerrilla, convertidos tanto en lo estético, como en lo musical en una suerte de DEVOs africanos. Se ganaron al respetable desde el primer momento, a base de música de baile, improvisaciones imposibles sobre baterías muy locas y los beats de su descubridor para occidente, el francés Debruit, que acompaña en directo a estos guerreros del “future soul”.

Ya fuese cambiándose los “instrumentos”, bajándose a confraternizar con el público, lanzando arengas ininteligibles (las cosas como son) o haciendo unas líneas de bajo, sin bajo, que harían palidecer al mismísimo Flea, KOKOKO! dieron un concierto simplemente alucinante.

Sábado 22 

El “aussie” afincado en Londres, Joel Sarakula, fue el encargado de dotar el escenario de Conde Duque con la suficiente elegancia como para que el patio del recinto pareciera una pista de baile de los setenta. Decir que lo convirtió en el Wigan Casino (templo del Northern Soul) sería algo exagerado, está bien sin embargo, su soul pop de ascendencia 70’s recuerda a grandes de aquella época, por mucho que algún veterano de la “escena” se empeñase en repetir una y otra vez, cual mantra mod: “eso no es northern soul”.

Northern o no, Sarakula y su banda dieron un concierto impecable con temas inapelables como “Understanding”, “Stay”, “I Will Deliver” y cómo no, uno de sus hits singles, de titulo… “Northern Soul”. Después, el australiano estuvo desplegando su simpatía en el puesto del merchandising del festival, sacándose fotos y firmando discos, una personalidad dentro y fuera de las tablas.

La joven artista colombiana conocida como Mabiland era la representante de la vanguardia del soul en el cartel del sábado. Rodeada de su banda, todos ataviados de estricto negro, con pintas de haberse escapado de una “explotation” de Matrix, la colombiana saltó al escenario para ofrecer algunos de los temas su álbum debut, 1995 (2018).

Temas bien ejecutados como: “Cuanto más” o “¿Qué tú quieres?” sonaron y se mostraron algo fríos, bien por no conectar con un público no preparado para esta propuesta de “neo soul”, o porque quizás no era su noche. El caso es que el concierto de Mabiland despegó únicamente en ocasiones contadas.

Mientras Hey Sisters! amenizaban armadas con rodajas de vinilos sobre los platos apostados en la plataforma de enfrente del escenario, este era tomado por unos tipos con pinta de haber salido de un garito de country de Nashville, eran los músicos de Yola.

Nadie diría a primer vistazo, que la cantante es oriunda de Bristol y que es amiga de los Massive Attack o que estuvo coqueteando con la escena del trip hop casi en su infancia. El caso es que su álbum debut, Walk Through Fire (Easy Eye Sound / Warner 2019) ha sido grabado y producido en Nashville, por Dan Auerbach de The Black Keys y es entonces cuando todas esas camisas western y gorros de cowboys que hay sobre el escenario cobran sentido.

El concierto de Yolanda Quartey, así se llama en realidad Yola, se movió entre lo intimista, preciosista y lo épico, únicamente ensombrecido por la voz algo tomada de la cantante, como ella misma comentó. Con esa voz a un tanto por ciento muy bajo y todo, Yola consiguió, a base de un cancionero a prueba de hundimientos, sacar el concierto adelante.

Y es que cortes como “Lonely the Night”, “Still Gone” o “Ride Oot in the Country, una de las más celebradas, pueden hacer temblar a cualquiera. Se fue despidiendo con otro de sus temas más celebrados, “Love is Light”, que al que esto suscribe le recuerda al “One” de U2. Me maten.

Llegaba la hora más esperada para el gran público, y en gran medida culpables del cartel de entradas agotadas del sábado, los angelinos Vintage Trouble. Un de esas bandas a las que puedes ver 100 veces y sabes que no te van a fallar. Segunda vez que visitaban el festival madrileño y viejos conocidos ya de muchos escenarios españoles, pero da igual, la gente siempre rendida ante el feeling de Ty Taylor y su imponente presencia sobre el escenario, que a menudo eclipsa (no nos engañemos) al resto de una formación que se mueve entre el southern soul, el blues y el hard rock.

Si han visto alguna vez a este cuarteto en directo, no les voy a contar nada que no sepan, desde que el concierto comienza hasta que acaba, el frontman Ty no para de moverse como una “iguana” del soul, mientras detrás suyo se descarga una tormenta de los géneros musicales antes mencionados.

Comenzaron con “Knock Me Out”, para continuar con “Soul Serenity” y “Cant´Stop Rollin’”. “Doin´ What You Were Doin’” y “Every One is Every One” supusieron sendos momentos de respiro. Volvieron a la carga con su vena más “southern” repesentada por “Run Like the River”, para no bajarse del tren de alta velocidad hasta casi el final del concierto, si exceptuamos la sobrante versión de “Rocket Man” de Elton John. Como novedad al menos para mí, la corista que acompaña ahora a la banda en directo le da un toque gospel a temas con demasiado sabor a los Zeppelin, no sé si me explico.

Se despidieron con “Blues Hand Me Down”, con la que acabaron de poner todo el Black Is Back patas arriba, mientras se bajaban del escenario, saltándose las vallas de contención, para acabar entre todos los presentes. El baterista Richard Danielson lo dijo en una entrevista concedida a esta casa, esto iba a ser muy especial por el mutuo aprecio que festival y banda se profesan y así fue.

Quizás Vintage Trouble no han inventado nada, ni siquiera han renovado parte de los géneros musicales que alegremente “fusilan” en su cancionero, no tienen discos por los cuales vayan a pasar al Olimpo del soul o del blues, pero tienen “eso” que hace que todo el mundo que va a sus conciertos acabe convertido a la religión de estos cuatro veteranos músicos.

Enhorabuena a la organización del Blackisback! Weekend por conseguirlo una vez más.

 

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