Hans Laguna -que aparte de escritor es un magnífico músico con una obra muy recomendable- ya dejó constancia en su anterior libro Hey! Julio Iglesias y la conquista de América (Contra) la perspicacia que tiene para estudiar los fenómenos pop desde diferentes puntos de vista, adentrándose en el personaje sin atisbo de esnobismo, o esa indulgencia que practican algunos desde sus púlpitos para justificar manifestaciones artísticas que, solo por el hecho de encapsularse en “lo popular”, ya mereciera el respeto y la adulación acrítica. Como en todo, ya sea en el mainstream o en los círculos más “artísticos” se baraja con algo insoslayable como es el gusto. El gusto de cada uno es poco discutible, aunque este concepto es un constructo tanto social como político, y que como en la sociedad inmersa en el algoritmo, te los pueden manipular a su (o tu) antojo si no eres capaz de tener los recursos de tu parte, o en su caso, tener una mente crítica para poder separar el grano de la paja.
Con este ensayo Yo Siendo Yo. El teatro de la autenticidad en las estrellas del pop (Anagrama, 2026) el autor se enfrenta a descifrar el gran enigma de la “autenticidad” en el mundo de las estrellas del mainstream o popular. Como escribe Laguna, aunque esta empresa pudiera parecer faraónica, él lo acota a cómo la autenticidad -dejemos ya de entrecomillar para no suscitar sospechas en algún lector- es un valor en alza en la música que más vende en la actualidad, y eso da para abrir la caja de Pandora.
Si lo auténtico estaba ligado al Romanticismo y su genio (el autor y el aura aparejada que después adquiere nuevos matices con Walter Benjamin), ahora los despachos de las multinacionales apuestan por reapropiarse de esta característica para vender los productos a un público ávido de activar mecanismos de identificación con el artista cada vez más libidinosos. Para estudiar la forma en que esta característica -que no deja de ser una ficción más de nuestras vidas- este excelente libro se divide en diferentes apartados en los que cartografiar sus huellas: Autonomía, Autoría, Espontaneidad, Autobiografía, Vulnerabilidad y Vender (se).
Desde estos diferentes estratos de realidad simbólica en tiempos de turbocapitalismo, podemos avanzar en un libro que en cada apartado el escritor va, por así decirlo, dejando caer pensamientos en forma de pequeñas reflexiones que él mismo va enumerando. Sin destripar demasiado todo el caudal de ideas interesantes que se vierten, en estas páginas se reflexiona, entre otras cosas, sobre la lucha emancipadora que tienen que hacer las mujeres en la industria del pop para ser validadas por la misma gran infraestructura que les demanda autencitidad, aunque sea a consta de presentarse como vulnerables (algo que los artistas varones, y muchos vinculados al rock, no tienen esa necesidad de ese aval); se atribuye al documental de la vida de los artistas como una plataforma para que el fandom pueda ser el voyeur en la vida de sus adorados idolos; la pulsión creativa es primordial para que la autenticidad sea un rasgo que dé crédito a estos artístas, y así, por ejemplo, para Rosalía “lo único importante en la elaboración de un disco es conseguir plasmar su visión creativa”; las redes sociales son un elemento esencial para monitorizar lo que significa ser real o autentico, y debido a esto parece inconcebible que un artista actual -si quiere hacer carrera en la industria- no tenga un community manager que lleve su cuenta que, al final, es una forma de oficializar esa comunión inquebrantable entre estrella y fan; o la necesidad de ser ambicioso/a y mostrarse meritocratico, dueño de tu destino y emprendedor, y sí ser la cara visible de sus propias empresas de ropa, perfume o lo que se tercie. “Me Myself and I” cantaron De La Soul a finales de los ochenta. Las circunstancias eran otras, aunque la fama y éxito se han ido metamorfoseando cual Narciso, pero ahora con rastros de carmín corrido y múltiples espejos en los que reflejarse en un scroll infinito.
Puedes comprar el libro Yo Siendo Yo. El teatro de la autenticidad en las estrellas del pop de Hans Laguna (Anagrama) en la web de su editorial.















