Brandt Brauer Frick – You Make Me Real (!K7)

Ya hace unos meses que se cruzó en mi camino el vídeo del tema “Bop” de Brandt Brauer Frick. Y me enamoré de él. Ese aire de ensemble esnob y posmoderno, con nueve tipos trajeados entre bailarinas de ballet, sacando ritmos de instrumentos inverosímiles, órganos retro y un piano, para conseguir un tema deliciosamente bailable y elegante, perfecto para una puesta de sol chic, de esas que venden en los anuncios de Martini. Sencilla, y sorpresivamente, me encantó. Así que cuando apareció por la redacción el álbum al que pertenece ese tema, me lancé sobre él con la curiosidad de saber quién, o quiénes, estaban detrás de ese extraño nombre alemán que cuesta pronunciar en la tienda de discos, y qué más ofrecían en You Make Me Real, su disco de debut.

Pues bien, Brandt Brauer Frick son una banda compuesta por tres músicos alemanes con estudios de clásica a los que les ha dado por el techno minimal: han dejado el laptop en casa y han decidido crear los temas con instrumentos de verdad, mezclando influencias del jazz, el dub-step o el deep house. Y con sintetizadores analógicos, batería, piano, cello o glock consiguen crear temas con una calidez que normalmente es antagónica a la propia música electrónica. Es, cuanto menos, un experimento curioso. ¿Techno acústico? Bueno, vale, la definición es bastante acertada.

Pero lo que se podría haber convertido en un hecho diferencial, resulta que más allá de ese cálido barniz se diluye en un disco monótono y largo que poco difiere de otros creados con tecnología electrónica. Y eso que empieza bien: “Corky Prelude” es una introducción potente, misteriosa y desafiante a la que sigue la excelente “Bop”. Pero a partir de ahí se han desvelado todos los trucos y ya nada sorprende ni llama la atención. Hasta el final, en que los temas que cierran el disco, “You make me real” y “Teufelsleiter”, parecen abrir nuevas sendas sonoras que rompen agradablemente con la homogeneidad anterior.

Se agradecen las texturas en el sonido de los instrumentos analógicos e incluso hay temas que aguantan muy bien en una sesión pensada para la pista, pero al experimento, aunque esté excelentemente ejecutado, le falta garra, un poco de imaginación y algo más de inspiración.

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