Buffalo Tom (consulta nuestra reciente entrevista con ellos aquí) consiguió reunir diversas cualidades de sus coetáneos en una sola banda; a saber: las melodías de The Posies junto a la profundidad de The Afghan Whigs y la polivalencia de Soul Asylum. Es probable que para quien les escribe no tengan un trabajo a la altura de los mejores de ninguno de los ejemplos relativizados a ingredientes que les he señalado, pero lo que resulta innegable es que su cancionero ha reunido una serie de obras sólidas que han sobrevivido con encanto y lustre al paso del tiempo a la que añadir -quizás unos peldaños por debajo, pero con bastante dignidad- su aún reciente Quiet and Peace, publicado el pasado año.
Tardó en llenarse la coqueta sala Barceló, si bien al final tampoco consiguió una entrada a la altura de una visita que se ha hecho rogar por muchísimos lustros. Pero poco importó eso: aquellas personas desprevenidas o despistadas que no acudieron, se perdieron sin duda uno de los conciertos más notables del año en la capital.

El trío comandado por Bill Janovitz llegó convencido y decidido desde el primer minuto a ganarse a la audiencia. Con un sonido limpio a la par que incisivo y detallista, los de Boston enfilaron la velada con unos temazos de altura celestial. “Summer”, “Treehouse” y “Mineral” del tirón, siendo para mí los momentos más memorables de la noche trufados de intensidad, entrega, pasión y porosidad desahogada y sugerente. Jefazos.
El desarrollo del show siguió por grandes derroteros, si bien bajó intensidad levemente a la hora de encarar las recientes composiciones como la gruesa “All be gone” y la algo insípida “Overtime”. Nada preocupante si la banda era capaz de meter la directa y volver a noquearnos con temas tan infalibles como “Velvet roof” o su celebradísimo “Taillights Fade”.
Al final, tan agradecidos como incombustibles, nos regalaron un par de bises atendiendo incluso a interpretar las canciones que les pedía el respetable. Muy grandes, muy auténticos, muy vivos, en definitiva, para un mundo cada día un poquito más muerto en vida por desgracia.















